TRIBUNA

Paraísos fiscales

No tiene sensación de mareo cuando intenta entender la situación económica a través del ruido mediático? La furia inicial que prometía medidas severas que metieran en vereda a los inquilinos irresponsables del sistema financiero ha ido apagándose, derivando en un compadreo lleno de comprensión. Las razones y consecuencias aparecen y desaparecen guadianamente.

Quienes fijan el foco de atención (la misteriosa agenda), hacen y deshacen en función de lo que escuchan en su entorno cercano, en el que no estamos ni usted ni yo. Se habla por tanto de políticas keynesianas y austerianas, de banqueros centrales, de Basilea III, de derivados financieros, de hedge funds, de deuda soberana, de burbuja inmobiliaria, de los efectos perversos de la globalización... Y sin embargo se tiene el pálpito de que hay algo que no encaja, de que ciertas piezas del rompecabezas nunca se mencionan y si se hace no tardan en ser retiradas del debate público. ¿Y si todo fuera más sencillo? ¿Y si el nudo gordiano del asunto (sin menoscabo de la importancia de los temas mencionados anteriormente) residiera en otra parte?

Me atrevo a aventurar una hipótesis: los paraísos fiscales (estrellas efímeras del volátil esto tiene que cambiar gracias al olvidadizo Sarkozy), tienen algo que ver. Por decírselo con claridad, mi intuición es que si se impide disfrutar del producto del expolio, los incentivos para robar también desaparecen. Un par de datos inquietantes: según el FMI, el 25% del PIB mundial reside en paraísos fiscales.

En opinión del comisario europeo de Fiscalidad y Unión Aduanera, Lászlo Kóvacs, sólo la Unión Europea pierde cada año 250.000 millones de euros debido a la evasión fiscal (casi el 2% del PIB comunitario todos los años).

A pesar de ello, la OCDE, después de la cumbre del G-20 en Londres, ha hecho desaparecer de su lista a prácticamente todos los paraísos fiscales que figuraban en la misma hace tan sólo dos años, cuando Sarkozy dio en culparles de mucho para después plegar velas, nuestro presidente en este tema nunca llegó a desplegarlas del todo. ¿Cómo es posible? Pues porque el criterio que se fijó para dejar de ser paraíso fiscal es que bastaba con firmar un mínimo de 10 acuerdos de intercambio de información fiscal bilateral con otros 12 países, con independencia de su tamaño o de si esos países eran también paraísos fiscales.

Así, no es de extrañar que el pasado 1 de septiembre el Gobierno suizo haya decidido que seguirá sin facilitar las cuentas bancarias de los evasores fiscales... Inmoral, pero lógico.

César Pinto. Socio de Cumbria FSC