TRIBUNA

Con P de productividad

Los debates sobre la salida a la actual crisis parecen a veces más alfabéticos que económicos. Algunos economistas hablaban de una crisis en forma de U, otros más optimistas de V, mientras que los más pesimistas echan mano ahora de la W. Sea cual sea al final la letra correcta, todas las crisis tienen una cosa buena: al final se sale de ellas y vuelve el crecimiento. El crecimiento económico es un proceso extremadamente complejo, pero si hubiese que elegir una palabra para resumirlo ésta empezaría con la P de productividad. El crecimiento a largo plazo va unido a las ganancias de productividad. Simplemente, una mayor productividad permite pagar y cobrar salarios más altos, obtener un mayor nivel de renta, recaudar más impuestos, ofrecer más servicios públicos y, al menos potencialmente, disfrutar de un mejor nivel de vida.

Desgraciadamente, es en este ámbito fundamental donde el comportamiento de la economía española ha sido pobre incluso durante la última fase expansiva. Quizá deberíamos decir especialmente durante esos años. Un reciente estudio publicado por la Fundación BBVA y elaborado por los investigadores del IVIE Matilde Mas y Juan Carlos Robledo, Productividad: una perspectiva sectorial e internacional, permite abordar esta cuestión. Sus datos indican que durante el periodo 1995-2007 la productividad del trabajo creció en España menos de un 0,6% anual, mientras que en la UE 15 crecía un 1,4% anual y en Estados Unidos y Japón, un 2% anual. Sin embargo, como recordaremos, España iba bien. La producción crecía mucho (3,5% anual) y también lo hacía el empleo (aumento del 3% anual de las horas trabajadas). Ambas variables crecían mucho más que en el resto de economías mencionadas.

Con la llegada de la crisis, España ha sufrido una destrucción de empleo extraordinaria y prácticamente única a nivel internacional. Durante el periodo 2007-2009 las horas trabajadas han caído un 4% anual. También el PIB se ha resentido, cayendo un 1,4% anual. Sin embargo, la productividad se ha comportado mejor, con un crecimiento del 2,6% anual, mucho mayor que en la UE 15 (-0,5%), Estados Unidos (1,9%) o Japón (0,2%). ¿España ha encontrado la senda de la productividad perdida? ¿Sacará esto a nuestra economía de la crisis y a millones de parados del desempleo?

En realidad, la mejora de productividad indicada es la consecuencia precisamente del ajuste de plantillas de las empresas. Han desaparecido muchas de las empresas menos productivas y las que quedan han llevado a cabo procesos de ajuste cerrando las plantas y actividades menos productivas, con la consiguiente reducción de empleo. Como es bien conocido esa reducción ha afectado especialmente a los trabajadores con contrato temporal por su menor coste de despido (o directamente la no renovación). El resultado ha sido un repunte de la productividad acusado, pero poco deseable como solución de futuro en la medida en que se debe a la destrucción de empleo.

Lo que ahora necesita la economía española es pasar a una fase distinta, la de creación de nuevo empleo sostenible. Para que las empresas creen empleo debe resultarles rentable. Para que sea sostenible, tratarse de empleo productivo y los costes laborales deben estar en línea con la productividad. Una reforma laboral adecuada haría que todo esto fuese más sencillo. Cambios en las fórmulas de negociación colectiva, que la hagan más flexible y más sensible a las diferencias de productividad, serían positivos. También modificaciones en los tipos de contrato que combinen la flexibilidad para la empresa con la seguridad para el trabajador y que desincentiven el uso excesivo de los contratos temporales, muy negativo para la acumulación de capital humano y la productividad. También la consolidación del sistema financiero español contribuirá al facilitar el necesario trasvase de recursos del sector inmobiliario al resto de sectores.

Sin embargo al margen de esas reformas hay otro aspecto a considerar. Estamos en plena crisis y España tiene que apretarse el cinturón. Los recortes son necesarios e inevitables dado el elevado endeudamiento de nuestro país. Pero hay que ser conscientes de que el reparto de esos recortes puede condicionar el crecimiento futuro. No podemos olvidar que las actividades de I+D, la inversión en capital humano (con especial atención a los parados y a la reforma del sistema educativo) y las infraestructuras son elementos determinantes del crecimiento futuro de España.

Lorenzo Serrano. Investigador del IVIE y profesor de la Universidad de Valencia