Empleo&Directivos

El colegio se convierte en cantera de empresarios

Los programas para enseñar a emprender en primaria y secundaria se expanden por casi todas las autonomías. El objetivo es fomentar el espíritu empresarial y el autoempleo

Corría principios de los años noventa. Asturias había sufrido como ninguna otra región la reconversión industrial, el declive de la minería y vivía en medio de la recesión económica. "Esto era un erial. Aquí, esa crisis fue mucho más complicada que la actual", recuerda el consejero de Industria y Empleo del Principado, Graciano Torre. En medio del pesimismo de la zona, con niveles de desempleo del 23%, surgió una iniciativa para que las nuevas generaciones se lanzaran a crear actividad económica en el futuro. La idea era sencilla: enseñar a emprender en la escuela y en los institutos.

El proyecto surge del organismo Ciudad Industrial del Valle del Nalón (Valnalón), de titularidad pública, que desde 1987 trata de regenerar empresarialmente la Cuenca del Nalón. La idea, según recogen desde la institución, es fomentar la "capacidad de crear, de asumir riesgos, liderar, motivar, comunicarse, negociar, tomar decisiones, planificar". Así que desde 1993 comenzó formalmente la denominada cadena de formación de emprendedores como asignaturas optativas en el sistema educativo, desde primaria a la universidad.

En el programa Emprender en mi escuela, para niños de primaria de 8 a 11 años, los alumnos deben constituir una cooperativa para fabricar productos en clase y después venderlos en mercados. Estos pequeños empresarios deben elegir el producto a vender en la asamblea de la cooperativa e incluso realizar estudios de viabilidad. "Se desarrolla la autonomía del niño, la importancia del trabajo en equipo y el manejo del dinero. En el mercado desarrollan su expresión oral y el manejo de la contabilidad", cree Antonio Fernández, jefe de estudios del colegio público El Cotayo, de Carballín Alto.

La experiencia, nacida en Asturias, se ha extendido a otras regiones, apoyada por los libros y la asesoría de Valnalón

Por la cadena asturiana de formación han pasado 174.078 alumnos desde 1993, alrededor de 18.500 en el último curso. Pero la experiencia se ha ido extendiendo a otras comunidades autónomas, en la mayoría apoyada con libros de texto y la asesoría de Valnalón. Navarra, Andalucía, Canarias, Comunidad de Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Extremadura y Galicia ya disponen de sus propios proyectos. Durante el pasado curso se sumaron también la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia, Galicia y La Rioja. Pero incluso el programa ha viajado hasta Latinoamérica, donde la experiencia asturiana ha sido desarrollada en Ecuador, Honduras, Nicaragua, El Salvador y la República Dominicana.

"Se consigue tener un visión diferente de la actividad económica, además de la puesta en valor de ser empresario, ya que muchas veces la emprenduría no reluce, porque en las familias lo que se dice al joven es que busque un buen trabajo en una buena empresa, no que sea él mismo el empresario", asegura Torre. De hecho, según el consejero, en Asturias "había un rechazo hacia la figura del empresario, se veía como el enemigo a batir". Era consecuencia histórica de una región minera y obrera, con una potente lucha sindical por la mejora de las condiciones de empleo de los trabajadores. "Por eso, este programa, sobre la importancia de emprender, en la actualidad está dentro de los acuerdos de concertación social entre sindicatos y patronal", añade.

A nivel nacional existen otras iniciativas que favorecen la actividad emprendedora de los jóvenes. La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) y el IESE organizan anualmente un concurso para estudiantes de bachillerato y formación profesional, donde éstos deben elaborar un plan de negocio bajo la tutela de un profesor y el asesoramiento de ex alumnos del programa executive MBA de la escuela de negocios. "Más que hacer negocio se trata de sensibilizar la vocación de emprendedores en un momento en que España la tarea de lograr un empleo está muy complicada. Lo que ellos deben aprender es la importancia del autoempleo y de la creación de riqueza", asegura José Ramón Pin, profesor del IESE encargado del programa. "Además del autoempleo deben vivir lo bonito que tiene para el emprendedor el desarrollo profesional y la satisfacción de conseguir unas metas", añade.

La serie de asignaturas consiste, además del programa para primaria, en otras como Jóvenes Emprendedores Sociales, para que alumnos de secundaria gestionen una asociación de cooperación al desarrollo; Empresa Joven Educativa para alumnos de formación profesional; o Una empresa en mi centro, para escolares con necesidades especiales.

Los alumnos de cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) también participan en la llamada Empresa Joven Europea, una iniciativa de comercio exterior. "Los niños aprenden lo difícil que es ser empresario, todo el trabajo que lleva detrás. Les sirve para aprender contabilidad, para que sean conscientes del momento de crisis en el que estamos y lo difícil que es vender, lo importante que son los idiomas y tener un producto bueno. También aprenden a buscar otras vías para vender, como las redes sociales o el comercio electrónico", explica Montserrat González, profesora de esta asignatura en el Instituto Carlos Bousoño, de Boal.

Para el profesor Pin, lo importante no es cómo desarrollan la empresa, ni siquiera la preparación técnica necesaria, "que acabarán aprendiendo": "Lo crucial es que conozcan el espíritu emprendedor, que se tiren al agua lo antes posible. De hecho, cuanto antes lo hagan, después de la carrera por ejemplo, mejor, porque corren menos riesgos".

Menudos emprendedores. Estrellas de la 'tele'

La cadena de formación asturiana en emprendimiento se ha visto reforzada por un programa de televisión en la cadena autonómica. El periodista Manuel Campo Vidal dirigió la pasada temporada el concurso Menudos emprendedores, donde los colegios competían por demostrar en diez programas que su proyecto empresarial era el mejor.

Los niños tuvieron que pasar diferentes pruebas, como aprender a vender, juegos educativos o técnicas de comunicación. Un jurado compuesto por las diferentes consejerías que desarrollan la educación emprendedora en Asturias (Industria, que financia el proyecto al 100% y Educación) decidió quien ganaba varios premios, como un viaje a Madrid.

Una de las pruebas consistió en una entrevista al presidente de Alsa, Jacobo Cosmen. "Le preguntaron con desparpajo sobre cómo ha heredado la empresa, si sale del despacho o si viaja en sus autobuses", cuenta Campo Vidal, quien asegura que el programa reforzó la creatividad, a la vez que aprendían a hablar en público y a enfrentarse a un jurado.

Proyecto Petit Instituto Alfonso II. ¿Y el dinero para quién es?

En el Instituto Alfonso II de Oviedo han participado durante este curso en el Proyecto Educativo Tecnología, Innovación y Trabajo (Petit) para los alumnos de segundo y tercero de la ESO, dentro de la asignatura de tecnología.

Durante todo el curso, los escolares -por grupos- tuvieron que desarrollar una idea, realizar bocetos, croquis, o la fabricación e incluso la campaña de publicidad de sus propias patentes. A los estudiantes de segundo se les ocurrió una mochila del futuro: una carpeta donde se pueden incluir DVD o lápices USB.

También tuvo mucho éxito, según la profesora Rosana Álvarez, un portaUSB con una alarma incorporada que suena cuando se aleja su propietario.

Una vez que construyeron sus patentes debieron realizar una campaña de marketing, con un sondeo entre amigos y familiares y trípticos de publicidad. Lo más difícil llegó cuando tuvieron que presentar en público, en una carpa junto a los inventos de otros institutos, los beneficios de lo que habían desarrollado durante todo un curso.

"Al principio ellos mismos pensaban en hacerse multimillonarios con sus inventos. Algunos me preguntaban que quién se iba a quedar el dinero que ganaran", recuerda divertida la profesora. Al final todo queda en unos prototipos. "Pero realmente aprenden que el trabajo se valora y ganan confianza en sí mismos al ver que ellos pueden sacar adelante las cosas que quieren hacer".

Emprender en mi escuela colegio El Cotayo. Buscando beneficios para irse de viaje

Casi 50 niños de tercero, cuarto, quinto y sexto de primaria del colegio El Cotayo, de Carballín Alto, crearon conjuntamente la cooperativa Coneco (Cooperativa de Neños y Neñas del Colegio Cotayo) como parte de la actividad de la asignatura Emprender en mi escuela. Como capital inicial, cada escolar aportó cinco euros y en asamblea decidieron que iban a comercializar salsa chimichurri, plantas de aloe vera y juegos rompecabezas (elaborados por ellos mismos con materiales de reciclaje como envases de yogures).

Una vez decididos y elaborados, acudieron a un par de mercados, en Pola de Siero y en El Entrego, a vender sus artículos, para lo que tuvieron que conseguir permisos de venta ambulante. A este último mercadillo, a finales de mayo, acudió la princesa de Asturias, doña Letizia, lo que, según el profesor Antonio González, animó aún más a los chicos. "Ellos están encantados y de forma paralela aprenden algunas cosas. Por ejemplo, el secretario de la cooperativa desarrolla la escritura ya que debe recogerse en el acta de las reuniones. El tesorero, el día del mercado, el cálculo, y el presidente debe de ser alguien que muestre su don de gentes y liderazgo".

"Fortalecen su propia autonomía, porque este proyecto lo ven como algo suyo, no de los mayores", explica el profesor. Pero además tienen un incentivo muy claro: con todas las ganancias, el curso que viene, organizarán una excursión a algún punto cercano como León o Lugo.

Empresa Joven Europea Colegio Carlos Bousoño. A pedir un préstamo a Cajastur

El programa Empresa Joven Europea consiste en que una cooperativa de alumnos de cuarto de la ESO intercambie su mercancía con otras de otros países para luego venderla.

En el colegio Carlos Bousoño, de Boal, 15 alumnos, asesorados por la profesora de Economía Montserrat González, decidieron intercambiar sus productos como broches, elaborados con plastilina para horno, a cambio de galletas de un centro belga.

Para formar la cooperativa y conseguir las materias primas pusieron un capital de 10 euros por cabeza y tuvieron que firmar un préstamo de 300 euros con Cajastur, entidad financiera que participa en el programa. A través de Tuenti, Facebook y plataformas de comercio electrónico dieron a conocer el género en venta, ya que decidieron darle una visión virtual a su tienda a través de las web 2.0.

El día del mercadillo de Navia hacía bastante frío, cuenta la profesora, por lo que no había muchos potenciales compradores y, además, las galletas belgas no llegaron a tiempo. Su miel de Boal y sus broches no atrajeron lo suficiente al público. "Esto ha sido una ruina", reconoce González, con pérdidas cercanas a 60 euros, que ha tenido que asumir ella misma.

"Aprenden lo complicado que es crear una empresa y a vender", cuenta, "pero les gustó mucho la asignatura".