COLUMNA

Inflación contenida

La profunda debilidad de la demanda agregada que se ha producido desde el comienzo de la actual crisis económica ha hecho que, en dos ocasiones, los precios de los bienes de consumo se hayan asomado a terreno negativo por primera vez desde la creación del actual IPC, en enero 1976.

Asistimos primero a una tasa interanual de inflación negativa en marzo de 2009, que arrojó el espectro de un posible proceso deflacionista que pudiera haber tenido nefastas consecuencias en la coyuntura de crisis del momento. Un proceso de reducción de precios puede frenar aún más las decisiones de consumo, ante la previsión de poder adquirir posteriormente los bienes deseados a un precio inferior. La menor demanda hace que las empresas reduzcan sus precios, agudizando el proceso deflacionista, deteriorando los márgenes y potencialmente conduciendo a quiebras y paro. Afortunadamente, en aquél momento se pudo evaluar que la entrada en terreno negativo de la inflación interanual se debía al fuerte proceso de reducción de precios energéticos con respecto al año anterior, por lo que muchos analistas vaticinaron, como así se confirmó posteriormente, que la inflación anual volvería a terreno negativo a finales de 2009.

El segundo evento de este tipo se produjo con el dato de abril de 2010, cuando la inflación subyacente interanual entraba en terreno negativo por primera vez en el registro estadístico disponible. La continuada situación de crisis de demanda en un contexto de elevada incertidumbre hizo reaparecer los temores deflacionistas que dificultaron aún más la salida de la crisis.

El análisis fue en esta ocasión menos evidente. La inflación subyacente excluye los componentes más volátiles del IPC general, especialmente la energía, por lo que ésta no podía explicar un descenso en los precios de los bienes que integran el componente denominado subyacente. Al comentar dicho dato en estas páginas, expliqué que los modelos de predicción eran compatibles con dos escenarios: uno central, más probable, según el cual la inflación subyacente repuntaba en mayo y se estabilizaba en terreno positivo, con media anual de 0,4%, y un escenario alternativo, con la inflación subyacente en terreno negativo durante el segundo semestre. Se trataría de una deflación moderada, consistente con un natural ajuste de precios en el actual contexto de débil demanda, pero no susceptible de generar dificultades adicionales al retraer el consumo a la espera de precios futuros inferiores.

El dato de IPC de mayo fue consistente con el primer escenario y, con ello, elevó sustancialmente su verosimilitud. Junto con el comportamiento descrito de la inflación subyacente, la tasa interanual de inflación general se moverá en el rango 1,5% a 2,0% hasta diciembre, con una media para 2010 de 1,5%. El modo en que se aplique la subida de tipos del IVA pude alterar en dos décimas estas previsiones.

Este escenario de inflación se apoya en una inflación media para 2010 de medio punto porcentual en alimentos, y de un punto y medio en servicios, mientras que los bienes de consumo industriales sería el único componente que experimentaría una deflación, de un punto porcentual. Por último, los productos energéticos continuarán con sus elevadas tasas de inflación actuales, con media anual próxima al 10%.

La publicación ayer de una tasa interanual de inflación del IPC armonizado para junio de 1,5%, con un descenso de tres décimas respecto de mayo, apunta a un comportamiento muy moderado de los precios energéticos, que han podido descender en junio alrededor de un punto. A la espera de la información detallada que proporcione la publicación el próximo día 13 de los componentes del IPC no armonizado, poco más podemos decir. Aun no obedeciendo a la misma metodología, la variación mensual del índice armonizado no suele desviarse en más de una décima de la que experimenta el IPC general, por lo que el primero suele tomarse como un avance. La información del indicador adelantado correspondiente a junio es, en principio, compatible con el escenario previsto para el IPC general, por lo que considero que las previsiones que he comentado pueden actuar como referencia para lo que resta de año.

Las previsiones para 2011 no apuntan a una estabilidad en las tasas de inflación, si bien la subyacente será más elevada que este año. Las previsiones de inflación tanto a nivel de la UE como de sus principales economías, Alemania y Francia, son moderadas. Como dejó explícito Trichet en su comparecencia del 21 de junio, todo parece sugerir un escenario de estabilidad de tipos de interés en lo que queda de año, pues los precios del petróleo y demás materias primas continúan contenidos.