Análisis

Muchos interrogantes para una Grecia en apuros

Los escenarios que se abren para salir de la crisis van desde las ayudas hasta una reestructuración de la deuda e incluso la suspensión de pagos

Urge una solución contundente para atajar los problemas financieros de Grecia. La escalada de tensión vivida en los mercados esta semana y la amenaza de un contagio duradero a otros países europeos, al calor de la creciente percepción de riesgo de Portugal o España, pone en evidencia la necesidad de actuar con rapidez. Las promesas ya no sirven para calmar los nervios y las autoridades aseguran que las ayudas se anunciarán "en los próximos días".

Apremia ver el dinero sobre la mesa pues financiarse en el mercado ha dejado de ser una opción para Grecia. Esta semana la rentabilidad del bono griego a diez años escaló al 11,28%, mientras que el dos años tocó el 18,8% -cerraron en 8,94% y 12,5% el viernes-. Niveles insostenibles para la salud de cualquier economía que desee mantener la solvencia e incompatibles con la promesa del gobierno griego de llevar el déficit público del 13,6% del PIB al 8,7% este año. Unos tipos que traen aparejada, además, la percepción del mercado de que al final Grecia se verá obligada a reestructurar su deuda. Una opción que las autoridades niegan una y otra vez.

Los escenarios que se abren para el país generan muchos interrogantes. Un paquete de ayudas que le permita hacer frente a sus obligaciones, una reestructuración de la deuda o la suspensión de pagos son las tres versiones más simplificadas. La implicación directa del BCE como financiador de la deuda griega o la salida de Grecia del euro son otros escenarios posibles aunque de momento, la mayoría de las quinielas apunta a un gran paquete de ayudas de la UE y el FMI, muy superior a los 45.000 millones barajados inicialmente, pues las cifras esperadas oscilan ya entre los 100.000-120.000 millones de euros.

El gran reto de Grecia es lograr apoyo social

El nerviosismo desatado en el mercado es tal que ya hay incluso voces que piden un gran plan europeo de unos 600.000 millones que logre calmar al mercado y la proliferación de la crisis fiscal de unos países europeos a otros. Incluso se han llegado a barajar garantías gubernamentales en los bonos, financiación ilimitada del BCE y la supresión de los requisitos de colateral actuales para recibir financiación. "Hay muchas posibilidades técnicas pero al final es un tema político", explica Juan Ramón Caridad, socio director de Atlas Capital.

La reticencia de Alemania a aprobar las ayudas bilaterales antes de las elecciones regionales del próximo 9 de mayo ha dejado claro que la política nacional juega un papel clave. El coste de esperar, no obstante, dada la escalada de tensión del mercado, hace previsible el anuncio de algún tipo de solución en los próximos días. El tiempo apremia. Grecia afronta vencimientos de deuda por unos 10.000 millones de euros este mes. El próximo día 10 deberá desembolsar unos 2.300 millones en concepto de pago de cupones y el día 19 afronta el pago de más de 8.000 millones por el vencimiento de un bono.

"Dado el creciente efecto contagio visto en los últimos días, la probabilidad de un gran paquete de ayuda a Grecia en el corto plazo ha aumentado", explican desde Barclays. "Un paquete de ayudas de 45.000 millones sólo resolvería los problemas de liquidez del primer año. Un paquete de ayudas de 90.000 millones daría a Grecia es espacio suficiente para implementar el ajuste fiscal", añaden.

Desde Schroders calculan que Grecia necesitará entre 120.000 y 125.000 millones de euros en los próximos tres años para cubrir sus necesidades de financiación. "Asumiendo que recibe 30.000 millones de la eurozona y 15.000 millones del FMI este año, se necesitarán otros 75.000-80.000 millones en los dos siguientes años. Sin embargo, esto asume que Grecia no podrá financiarse en el mercado en tres años", explica Azad Zangana, economista de Schroders.

Europa debe jugar bien su baza pues hay muchos intereses políticos en juego. La cantidad de deuda griega en manos de bancos europeos es muy elevada. A finales de 2009 alcanzaba los 193.100 millones de dólares (145.188 millones de euros), según datos del BIS, con una especial implicación de los bancos franceses y alemanes. En concreto, la exposición de la banca francesa alcanzaba los 78.800 millones de dólares (59.248 millones de euros) a finales de 2009, mientras que la de las entidades alemanes rondaba 45.000 millones (33.835 millones de euros), cifras que suponen el 40,8% y el 23,3% del total. Las entidades británicas son las siguientes con el 6,3%, mientras que la españolas tienen 1.200 millones de dólares (902 millones de euros).

El precio al que cotizan los bonos griegos implica que el mercado baraja, además, una reestructuración de la deuda, una opción que las autoridades han negado y que los expertos descartan por el momento. "Estamos convencidos de que la Unión Europea lo evitará dado el alto riesgo de contagio y la cantidad de deuda pública griega en manos de bancos europeos", explican desde Credit Suisse. Firma que en cualquier caso no descarta que esta opción pueda llegar a ocurrir en el largo plazo, aunque como pronto en marzo de 2011.

"Creemos que una reestructuración de la deuda griega en el momento actual, incluso si es ordenada, sería demasiado dolorosa a no ser que lograra evitar el contagio, algo poco probable en el entorno actual", explican desde Barclays. "Los costes a día de hoy de hacer una reestructuración son muy superiores a los beneficios. Creemos que las autoridades lo evitarán ahora mismo y para conseguirlo tendrán que aportar un gran paquete de ayuda que de tiempo a Grecia a realizar el ajuste fiscal", añaden.

El aumento de la prima de riesgo de España, Portugal o Irlanda esta semana y el castigo que ha sufrido el sector financiero europeo, un indicador del miedo del mercado a una reestructuración de la deuda griega, son motivos que en opinión de Barclays sirven para reforzar la teoría de que la UE evitará a toda costa esta opción.

Los expertos de Citi, no obstante, no descartan que la reestructuración acabe siendo parte del paquete de ayudas. "Creemos que la única solución convincente para Grecia es que no quiebre de forma unilateral pero que ajuste, probablemente mediante una reestructuración de la deuda, y que además reciba ayuda financiera de la UE con unas duras condiciones", explican. En opinión de estos expertos una reestructuración voluntaria permitiría a Grecia alargar los vencimientos de deuda y evitar las elevadas necesidades de financiación de unos 40.000 millones que afronta tanto en 2011 como 2012. Esto le permitiría mantener el valor actual de la deuda aunque Citi no descarta que al final se reduzca el valor fácil de los bonos entre un 20% y un 25%, una imposición a los acreedores como parte de las ayudas, algo que el FMI suele exigir. Standard & Poor's, al bajar el rating de Grecia esta semana al nivel no apto para la inversión, hablaba de una tasa de recuperación para los bonistas entre el 30% y el 50%.

Citi reconoce que un impago de Grecia tampoco es una opción imposible. En su opinión resultaría menos dañino sistemáticamente que la quiebra de Lehman. "El país sigue abierto para hacer negocios", explican. Una opción a la que la mayoría da poca probabilidad y que muchos sí ven muy desestabilizadora.

La implicación del BCE como financiador final de Grecia, mediante operaciones de liquidez ilimitadas, se ve poco probable por la señala de indulgencia que enviaría aunque es un opción que también señalan desde Credit Suisse.

Grecia no sólo debe convencer al mercado su primer reto es poner las finanzas públicas en orden sin generar rechazo social. Un objetivo difícil pues las medidas de austeridad requerirán varios años de duros sacrificios.

Presión para la banca griega

Crece la presión para la banca griega. Las dudas sobre las finanzas públicas del país han provocado que el sector comience a sentir tensiones de liquidez. El deterioro de las condiciones económicas ha empezado a presionar el crecimiento del crédito, la calidad de los activos y los márgenes. Motivos que llevaron a Moody's a bajar la calificación de fortaleza financiera de nueve de las principales entidades griegas el pasado viernes.

El sector sigue bien capitalizado pero resulta clave que se mantenga la confianza sobre la solvencia de las entidades para evitar problemas mayores para el país.

"Existe el riesgo de que una pérdida de confianza en la capacidad de financiación del Estado se traduzca en una pérdida de confianza por parte de los depositarios en bancos griegos", explica Azad Zangana, economista de Schroders.

Es muy probable que a partir de ahora los bancos comerciales griegos obtengan la mayor parte de su financiación a corto plazo en el BCE utilizando deuda griega como colateral, según explica Citi. "Cuando el valor de la deuda griega cae en el mercado secundario, el valor del colateral que ofrecen los bancos cae y eso desata la demanda de garantías adicionales. Podría darse el caso de que los bancos dejen de tener colateral aceptable", añaden desde la entidad.

La pérdida de confianza en el sistema no haría más que empeorar las necesidades de liquidez de la banca si eso desata salidas de depósitos, lo que podría acabar desembocando en quiebras bancarias, algo que complicaría las posibilidades de financiación de Grecia.

El sector, de momento, sigue bien capitalizado pero la dependencia de la financiación del BCE va en aumento. Según Moody's supone ya el 15% del pasivo del sector y advierte que pronto revisará la calificaciones de depósitos y deuda del sector.

Está por ver si los últimos acontecimientos han afectado a la banca griega pues el retraso con el que se publican los datos de salidas de depósitos da pocas pistas. Las salidas alcanzaron máximo de 6.200 millones de euros en enero y cayeron hasta 1.200 millones en febrero, lo que implica que en los dos primeros meses del año, el 2,8% del total de los depósitos que tenía el sector a finales de 2009 se ha visto afectado, según Deutsche Bank.

Ayudas del FMI a tres miembros de la UE

Todo indica que Grecia será el cuarto país de la UE que recibe ayudas del FMI como consecuencia de la crisis financiera. Letonia, Hungría y Rumanía fueron los primeros.

El FMI aprobó el desembolso de 12.300 millones de euros para Hungría el 6 de noviembre de 2008 como parte de un paquete total de ayudas por 20.000 millones en el que colaboraron la UE y el Banco Mundial, entre otros. Hungría, con una deuda externa del 97% del PIB en 2007, fue uno de los primeros afectados por la sequía de crédito.

Letonia, país ahogado por un déficit por cuenta corriente superior al 12% del PIB, recibió el visto bueno del FMI el 23 de diciembre de 2008. Aprobó ayudas por 1.700 millones como parte de un paquete de rescate por 7.500 millones en el que contribuyeron también la UE, los países nórdicos y el Banco mundial, entre otros.

Rumanía, por su parte, recibió la aprobación de fondos el 4 de mayo de 2009 por 12.950 millones de euros. El país había crecido de media el 6,5% entre 2003 y 2008 gracias a la llegada de inversión extranjera, algo que se cortó de manera abrupta con la crisis.

Otros déficits altos

La presión del mercado se ha centrado en Grecia recientemente, pero no es ni de lejos el único país desarrollado con unas cuentas públicas muy deterioradas. Concluyó 2009 con un déficit fiscal del 13,6%, un nivel al que se acercó el 11,2% de España, el 11,5% de Reino Unido o el 11,2% de Estados Unidos.

Las grandes potencias tampoco pueden presumir mucho en términos de deuda neta sobre PIB. Grecia acabó 2009 en el 114,9%, pero Japón quedó peor, en el 189,3%, mientras que Reino Unido cerró en 71% y EE UU acabó en el 83,9%.