Jeremy Rifkin, Profesor de la Universidad de Wharton

"Sólo las renovables salvarán a España"

El consejero del presidente Rodríguez Zapatero sugiere al Gobierno español que acelere sus planes de energías alternativas para salir de la crisis

"Sólo las renovables salvarán a España"
"Sólo las renovables salvarán a España"

Además de asesorar a líderes políticos como José Luis Rodríguez Zapatero o Angela Merkel, Rifkin ha sido uno de los impulsores del programa energético hasta 2050 de la Unión Europea, al trabajar con la Comisión Europea de Romano Prodi y de José Manuel Barroso. Ha vendido más de 70.000 ejemplares de sus libros en España. El último, La Civilización Empática (Paidós), acaba de publicarse.

¿Qué lecciones debemos extraer de la crisis financiera?

La primera, que se deriva de una crisis de la economía real, y no al revés. La crisis arrancó en julio de 2007, cuando el barril de petróleo llegó a 147 dólares. Se tocó techo, porque la subida de precios generales derivada de la del crudo determinó que la gente ya no podía consumir. La crisis financiera que estalló pocas semanas después fue una consecuencia.

La segunda lección es que, por mucho que se promueva la actividad, seguiremos topándonos con recesiones similares, porque el modelo de la segunda revolución industrial está acabado. La relación de petróleo disponible por habitante tocó techo en 1979, y ya no da para sostener el ritmo de consumo per cápita.

La civilización se acerca al techo de producción de petróleo y la los primeros efectos del cambio climático. Son fluctuaciones que superan la capacidad del sistema, de modo que, o se reorganiza, o acabará colapsando. Es ahí donde surge la tercera revolución industrial, basada en la apuesta decidida por las energías renovables.

¿Cree que existe suficiente voluntad política para lograrla?

No en Estados Unidos, desgraciadamente, pero la Unión Europea sí tiene un programa claro hasta mediados de siglo. Se basa en cuatro pilares: generar la mitad de la energía de fuentes renovables, convertir cada edificio del continente en una planta de generación energética, almacenar esa energía en forma de hidrógeno, y distribuirla a través de una red. Si se consigue integrar toda esa generación energética, la potencia multiplicará la de las centrales nucleares.

Usted ha trabajado con el presidente español. ¿Está lo bastante implicado en ese cambio?

Espero verle mañana para que me lo confirme. En conversaciones anteriores he observado su compromiso con las energías renovables, hasta el punto de que hizo de ellas bandera electoral hace dos años. Me lo explicó con claridad, diciendo que España se había perdido las dos primeras revoluciones industriales y no haría lo mismo con la tercera. El problema es que le quedan menos de dos de mandato y tiene que acelerar el proceso para dejar sentadas las bases de la nueva estructura energética.

¿A qué se debe su lentitud?

Al vértigo que produce dejar que muera la segunda revolución industrial. Parece que viene el abismo, pero sólo las energías renovables salvarán a España. Si se observan los cuatro pilares de la estrategia de la UE, son una fuente generadora de millones de empleos, que superan largamente los perdidos tras la burbuja inmobiliaria. Comprendo que haya dudas, pero pediría que se me mostrase un plan B para crear esos puestos de trabajo. No lo hay.

¿Supone la estructura política descentralizada un obstáculo para un cambio de ese calibre?

Es cierto que dificulta en parte la difusión de las estrategias. Creo que, en política, los niveles intermedios son los que más diluyen las instrucciones de arriba. Pero puedo decir que ha visitado muchas grandes capitales y comunidades autónomas, y están preparadas para el cambio de modelo energético. Lo que necesitan es el impulso de la Administración central, la fijación de estándares y la ayuda de los fondos europeos. Pero, cuidado: no sólo se requiere liderazgo político. También la comunidad empresarial tiene que estar a la altura.

La humanidad, ante "su momento crucial"

El último libro de Rifkin es un tratado que combina economía y filosofía para defender una enseñanza básica: las grandes revoluciones de la Historia se han producido al coincidir nuevos regímenes de energía con revoluciones de las comunicaciones, que permiten estructurar el flujo de energía en una civilización. Esa nueva estructura facilita el crecimiento de la empatía, "el aglutinante social que posibilita civilizaciones cada vez más complejas". Rifkin sostiene que la humanidad se encuentra en un momento crucial, en el inicio de un siglo en el que podría afrontar su propia extinción. "Asistimos a una paradoja fundamental. Las nuevas tecnologías están permitiendo que se cree una civilización conectada globalmente, con una conciencia empática que se extiende a la preocupación por la biosfera", explica. "Lamentablemente, esas estructuras que nos conectan extraen inmensas reservas de recursos de la tierra, y destruyen dicha biosfera. La gran pregunta es si el proceso de creación de una empatía global que permita afrontar ese problema llegará antes de la destrucción de la especie humana. Tengo mis dudas".

Para explicar ese potencial destructivo, Rifkin destaca que el hombre representa el 1% de la biomasa total de los consumidores de la Tierra, pero consume casi la cuarta parte de la producción primaria neta (energía solar transformada en materia orgánica por la fotosíntesis). "El resultado no es sostenible, pero los políticos no logran acuerdos para limitar la subida de la temperatura a dos o tres grados. El futuro es aterrador, porque aun con esa subida se perdería entre el 60% y el 70% de las especies. Habrá que ver si la nuestra queda incluida".