Energía

La AIE cifra en siete billones de euros la factura del nuevo Protocolo de Kioto

Si se quiere frenar el calentamiento global será necesario invertir más de siete billones de euros en los sectores energéticos. Así lo recomienda la Agencia Internacional de la Energía, que ha adelantado su informe anual con vistas a la Conferencia de Copenhague que debatirá el futuro de Kioto. El mayor esfuerzo inversor debe recaer en la eficiencia energética.

En su informe anual (World Energy Outlook 2009) presentado la semana pasada en Madrid, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) cifra en 10,5 billones de dólares (7,1 billones de euros) la factura del nuevo Protocolo de Kioto.

El documento, dedicado este año a las políticas para la lucha contra el cambio climático, es un adelanto que este organismo ha preparado con vistas a la Conferencia de Copenhague convocada por la ONU para el mes de diciembre con el fin de pactar la continuidad del Protocolo de Kioto a partir de 2013 y la suma de nuevos países. En 2012 acaba la segunda fase del acuerdo internacional para frenar el calentamiento del planeta.

Para limitar el aumento de la temperatura terrestre en dos grados centígrados (lo que se traduce en 450 partes/millón equivalente de CO2) y con el horizonte de 2030, la AIE calcula que serán necesarias unas inversiones de 10,5 billones de dólares hasta ese año en los sectores relacionados con la energía. El 75% de esa inversión deberá acometerse antes de 2020 y los países de la OCDE, entre ellos España, correrán con el 48% del gasto.

De las inversiones totales, un 48% las asumirán los países de la OCDE

¿Cómo se deben distribuir esas inversiones? Este organismo internacional considera que sólo haciendo un gran esfuerzo en mejorar la eficiencia energética (un 62% de las citadas inversiones se deben destinar a nuevas edificaciones, transporte, industria y producción eléctrica) se logrará dicho objetivo.

El resto de las inversiones se distribuirían, según los datos del informe, en energías renovables (el 23%); nuclear (5%); captura de CO2 (5,8%) y biocombustible (3,3%).

Siendo la generación eléctrica la causante de casi la mitad de las emisiones, también algo más de un 40% de las inversiones se deben destinar ella. Principalmente, a fomentar las energías renovables (un 66,2%) y a la puesta en marcha nuevas centrales nucleares (casi un 15%).

Aunque el porcentaje no parece elevado, la propuesta resulta ambiciosa, pues supone pasar de los 372 GWe de 2007 a 500 GWe en el año 2020 y a 720 GWe en 2030. Esto se traduciría en la puesta en marcha de una nuclear al mes en la primera década y dos por mes en la segunda.

Según los expertos, en este punto, el informe "hace un brindis al sol", pues le atribuye un coste inferior a mil dólares/kW en el primer periodo y de 2.200 dólares/kW, en el segundo, cuando el reactor que ahora se construye en Finlandia asciende ya 5.000 dólares/kW. Según estos datos más realistas, el ahorro por tonelada de CO2 respecto a la inversión, equipara las destinadas a nucleares a las de las renovables y las del secuestro de CO2.

El miedo de los emergentes

La Unión Europea está dispuesta a ayudar financieramente a los países en vías de desarrollo para que contengan sus emisiones de CO2, pero reclama la creación de un órgano de alto nivel que supervise la canalización de ese trasvase ingente de dinero. Bruselas defenderá esa iniciativa el próximo mes de diciembre en la Conferencia de Copenhague, convocada por la ONU para intentar pactar un acuerdo internacional que tome el relevo del Protocolo de Kioto en 2013.

Precisamente, hoy mismo comienza en Barcelona la última sesión preparatoria de esa Conferencia, para la que, de momento, no hay posiciones claras por parte de ninguno de los actores importantes. La UE se negó el viernes a concretar su posible aportación económica para el acuerdo. EE UU todavía no ha terminado los trámites sobre su posición negociadora. Y los países emergentes (China, Brasil e India) siguen desconfiando de una reunión que a veces se describe como un intento de Occidente por frenar su desarrollo económico.