COLUMNA

Brotes verdes

Con la publicación del nuevo cuadro macroeconómico, el Ministerio de Economía ha revelado su posición en la polémica sobre la existencia de brotes verdes. Parece pensar que apenas existen, y de ahí el notable empeoramiento de las previsiones para este ejercicio, pero que los va a haber pronto, y de ahí el mejor panorama que dibuja para 2010. Podría decirse que las previsiones gubernamentales, siendo realistas, se colocan en un rango de relativo optimismo (o de menor pesimismo).

La identificación de síntomas de inflexión no siempre es fácil y necesita tiempo. Desde luego, el uso de la tasa interanual de un dato mensual como indicativo de un cambio de tendencia es totalmente incorrecto. Un dato mensual tiene muchos elementos (efectos transitorios, errores de medida, etcétera) que le impiden aportar información adecuada sobre la tendencia. Y como esos elementos no se distribuyen igual todos los meses (ni siquiera igual en el mismo mes de cada año) la tasa de variación de esos datos tiene mucho ruido.

Podemos esperar que una variable esté mejorando su evolución si durante unos meses consecutivos cada dato es mejor que la previsión tendencial utilizando los datos anteriores. Pero en los actuales datos españoles esto sólo está ocurriendo con la morosidad bancaria, y puede ser debido a cambios en la contabilización de deudas hipotecarias.

Por otra parte, puede atisbarse una mejora en una variable si su tendencia, que se obtiene filtrando las perturbaciones transitorias de la serie, muestra una desaceleración en su caída. Pero identificar esa desaceleración con claridad toma algunos meses. Las tendencias de las variables de producción (índice de producción industrial, consumo de cemento e indicador sintético de los servicios) no muestran con la claridad suficiente que se esté produciendo esa desaceleración. Y eso que, en pocos meses, el consumo de cemento ha bajado rápidamente hasta niveles de mediados de 1997 y la producción industrial hasta niveles de mediados de 1996. Y continúan cayendo.

Lo mismo ocurre con variables de demanda (indicadores sintéticos de consumo y de equipos, matriculación de automóviles y de camiones) cuyas tendencias siguen cayendo a tasas elevadas. En las de matriculación de vehículos parece que la tasa negativa ha dejado de aumentar en valor absoluto, pero hay que tener en cuenta que los valores actuales de esas dos variables son inferiores a los registrados en 1995.

Los índices de confianza de los consumidores han mejorado ligeramente en los últimos meses, pero la interpretación de esa mejora es que los consumidores opinan que el ritmo de deterioro es menor (no que opinen que la economía esté mejorando). El dato de mayo de paro registrado fue mejor de lo esperado, pero un solo dato es insuficiente. Por otra parte, el número de afiliados sigue cayendo a un ritmo elevado, en coherencia con los datos de empleo de la EPA.

La previsión del ministerio de una caída del PIB en 2009 del 3,6%, con una contribución negativa de la demanda interna de seis puntos porcentuales, resulta bastante coherente con la evolución de los indicadores. La previsión para 2010 de una ligera caída del PIB, -0,3%, con una contribución negativa de un punto de la demanda interna resulta algo optimista, porque la demanda interna puede comportarse peor y porque la contribución del sector exterior puede ser inferior, si no se recupera la economía europea y si el petróleo continúa su escalada. Parecen también optimistas las previsiones de tasa de paro que, más allá de las previsiones gubernamentales, pueden superar el 20% en 2010.

Se percibe en los mercados de activos un aumento en la inclinación por el riesgo, lo que ha producido una recuperación de las Bolsas y una vuelta de los fondos a los mercados de commodities, lo que está contribuyendo a la recuperación de los precios de las materias primas antes de que se recupere la actividad productiva (una mala noticia). Las ingentes inyecciones de liquidez que se están haciendo en el sistema (para recuperar el crédito y ahuyentar la deflación) deben estar contribuyendo a ello.

De los efectos secundarios de una política macroeconómica tan agresiva, inundación de liquidez y explosión del endeudamiento público, no sé cuál es el más preocupante. La preocupación acerca del primero desaparecería si los bancos centrales mostraran firmeza para drenar liquidez cuando la situación crediticia mejore (¿lo harán a tiempo?) y la preocupación respecto del segundo depende de la composición del déficit público: será pequeña si el componente cíclico de los gastos y la caída de ingresos fiscales fueran los factores fundamentales, con lo que podría lograrse rápidamente un superávit primario cuando escampe, pero ¿es así en todos los casos?

Carlos Sebastián. Catedrático de Análisis económico de la Universidad Complutense