Pistas

El Matisse de entreguerras en el Thyssen Bornemisza

La exposición permanecerá abierta hasta el 20 de septiembre.

Alas pocas semanas de llegar a París, Henry Matisse alquiló un piso cerca del hotel en el que vivía. Su intención era regresar a Niza, de ahí que buscara algo provisional para establecerse en París. Fue allí donde pintaría Interior con funda de violín, El violinista y El violinista en la ventana, tres de sus cuadros más conocidos que se expondrán hasta el 20 de septiembre en el Museo Thyssen Bornemisza.

La muestra Matisse: 1917-1941, compuesta por 74 pinturas, esculturas y dibujos, proviene de los fondos de 50 museos y colecciones particulares. Se trata de una ocasión única para conocer al Matisse más maduro, el del periodo de entre guerras.

Matisse explicó a su mujer el cambio que estaba experimentando: "Estoy bien enganchado al trabajo y (voy) progresando. Subo la cuesta (la vrai peinture). Decirte cómo será no puedo, porque todavía no he llegado, pero mi idea es ir cada vez más hacia la verdadera pintura".

Era la primavera de 1918. Atrás quedaron los años en los que Matisse se había dedicado a las abstracciones y simplificaciones de la "pintura decorativa", pero es en ése momento cuando inicia un nuevo camino hacia lo que él denomina la pintura de verdad, en toda su amplitud y dificultad.

Un año después llegaría su primer éxito. Las Leicester Galleries de Londres organizan en 1919 una exposición con esculturas de Maillol y pintura de Matisse. Muchos de los jóvenes integrantes de lo que posteriormente se conocería con el nombre del grupo Bloomsbury asistieron a la inauguración.

A pesar de ello, la crítica fue totalmente desacertada con sus paisajes: "El tratamiento de los grises y los verdes resulta excelente y expresivo, pero carecen del intenso sentido de la realidad que encontramos en los otros grupos".

Las pinturas de la habitación reflejan la oposición a la pintura del paisajismo impresionista. También en los interiores la representación adopta un punto de vista elevado, que parece responder a los diedros del paralelepípedo, para favorecer la vista de todo el cuarto. En ése interior se pinta él. "Muy a menudo me coloco dentro del cuadro y tengo plena conciencia de lo que existe dentro de mí" decía en 1929.

Luego llegaría la época de las modelos, que Matisse califica de "simples comparsas de un escenario". "Sus formas no son siempre perfectas, pero sí expresivas. El interés emotivo que me inspiran no se percibe tanto en la representación de su cuerpo, como en líneas o en valores cromáticos especiales que están repartidos por la totalidad de la tela o del papel y que forman su orquestación, su arquitectura".

Matisse aseguraba que no todo el mundo se daba cuenta, "pero se trata de una voluptuosidad subliminada". En 1921, el pintor escribió a su mujer lo que quería expresar con los contornos de curvas: "En lugar de reducir lo que veo a una silueta trato de expresar volumen y modelado". De esta etapa destaca Jóvenes en el jardín (1919) y La lectora distraída (1919), así como la Odalisca y butaca turca.

Entre 1932 y 1933, el autor volvería a la pintura decorativa con La danza de la Fundación Barnes. El salto llegó precedido por una disminución de su producción pictórica que comenzó a ser apreciable en 1927 hasta llegar al silencio total, en 1930. Henry Matisse dejó de hablar para modelar en escultura y dibujos su alma.

La escultura y el dibujo después de enmudecer

Al tiempo que millones de judíos eran exterminados, Matisse se sumergía en la escultura y en una serie de bocetos que tituló con el nombre de Temas y Variaciones. Se trata del periodo más desconocido del autor.

Justo cuando los alemanes ocupan Francia y el gobierno de Petain acepta el armisticio en 1941, Henry Matisse decide quedarse en Francia mientras otros artistas e intelectuales se van a EE UU. Ahí se produce su enmudecimiento.

Tras una operación, el pintor queda al filo de la muerte. La exposición del Thyssen concluye en ese momento. Como su vida. Y ofrece una panorámica inédita en España.