Finanzas

Seis países de la UE nacionalizan en 100 días gran parte de su banca

La vorágine nacionalizadora no tiene fin. Desde Londres a Berlín, buena parte de los Gobiernos europeos han entrado en el capital de sus bancos para recapitalizarlos y tomar las riendas de su gestión. En tres meses, 10 países han desembolsado 124.510 millones de euros, según Thomson Reuters y otras instituciones. Las entidades españolas denuncian que estas ayudas suponen competencia desleal.Reino Unido, Irlanda, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo toman el control de sus sistemas financieros

De la banca pública española apenas queda el rastro de una letra. De los poderosos Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local o Banco Exterior -que en los años setenta aún tenían un peso importante en el sistema financiero-, tan sólo queda la última sigla de BBVA. Su unión, en 1991, dio lugar a Argentaria y, tras su privatización en 1993, la nueva entidad se fusionó con el Banco Bilbao Vizcaya.

Este proceso, que tuvo lugar en la pasada década aunque casi parece la Prehistoria, ha vuelto a convertirse en sujeto de actualidad por los últimos acontecimientos vividos en Europa.

En menos de 100 días, algunas de las economías más poderosas del Viejo Continente han nacionalizado buena parte de su sistema financiero. Ya sea con la plena adquisición por parte del Gobierno de casi todo el sector bancario -como en el caso de Islandia-, o con la entrada en el capital de grandes grupos, para tomar el control de los órganos de gobierno -como ha sucedido en Holanda o Reino Unido-, lo cierto es que el sector público de siete países europeos se ha convertido en el principal actor financiero.

La banca española denuncia que la inyección de fondos públicos en sus rivales europeos genera competencia desleal

Los rescates masivos puestos en marcha en EE UU para apoyar a sus grandes sociedades hipotecarias (Fannie Mae y Freddie Mac) y a su principal aseguradora (AIG) pusieron sobre aviso a las capitales europeas del verdadero calado de la crisis internacional. Pero el pistoletazo de salida para las nacionalizaciones tuvo lugar con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008.

La desaparición del cuarto banco de inversión de Wall Street desencadenó una onda expansiva de desconfianza que nadie había previsto. Los clientes comenzaron a ponerse nerviosos, los ministros de Economía elevaron los ahorros respaldados por los fondos de garantía de depósitos y el Banco Central Europeo (BCE) bombeó fondos a un ritmo nunca visto.

Aún así, estas medidas quedaron cortas y los Gobiernos recurrieron a la última bala de la recámara: comprar acciones (o títulos asimilabas) de entidades financieras para recapitalizarlas y garantizar su continuidad.

Los primeros en abrir la veda fueron los países del Benelux. Fortis atravesaba momentos difíciles. Al único gran banco paneuropeo (por su accionariado y su presencia) se la había atragantado la operación ABN Amro y su alto nivel de apalancamiento había mermado su solvencia. En una acción conjunta, Holanda, Bélgica y Luxemburgo desembolsaron 11.000 millones para tomar el control del grupo.

Reino Unido dice adiós al liberalismo

Después de Fortis, llegaron los casos de Dexia y de la banca islandesa en grupo, pero la auténtica vuelta de tuerca de este proceso se produjo cuando la epidemia nacionalizadora se extendió a Reino Unido. Tres décadas después de que Margaret Thatcher pusiera en marcha la privatización de parte de la economía británica, incluidos los savings banks (una especie de cajas de ahorros), el Gobierno de Gordon Brown aprobó la toma de participaciones directas en el sector financiero.

Londres ya cuenta con una presencia mayoritaria en tres de los cinco mayores bancos británicos, tras desembolsar en octubre 33.000 millones de libras (37.815 millones de euros). Hoy por hoy, el 70% de Royal Bank of Scotland y el 43% del grupo resultante de la fusión de HBOS y Lloyds TSB está en manos del sector público. Curiosamente, esta última entidad compró en 1995 lo que quedaba de los citados savings banks.

Durante esta primera oleada de nacionalizaciones totales o parciales (que ha tenido su correlato en el sector bancario estadounidense), Holanda inyectó 10.000 millones de euros en el grupo ING (a través de acciones convertibles en el 33% del capital) y colocó dos representantes en el consejo de administración del banco. Además, Suiza tomó cerca del 10% del primer banco del país, UBS, después de haber sacado de su balance activos tóxicos por 44.700 millones de euros.

Cambio en las reglas de juego

Una de las paradojas que se ha producido con este rescate masivo de la banca está referida a las ratios de capital. Las inyecciones masivas de fondos para sanear los balances de entidades con problemas (o con riesgo de sufrirlos) han provocado un incremento sin precedentes en los coeficientes tradicionales de solvencia. A comienzos de 2008, la ratio de capital Tier I media en los grandes grupos europeos (un indicador de su fortaleza financiera o su capacidad para absorber pérdidas) apenas llegaba al 7%, ahora ya alcanza el 9%.

Este cambio en los estándar de solvencia ha perjudicado a las entidades que no han recibido dinero público, porque a la hora de buscar financiación mayorista deben pagar precios más altos, al contar con peores ratios. Tanto el Banco de España, como la patronal bancaria (AEB) y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) han denunciado públicamente que los rescates suponen competencia desleal.

Cuando la fiebre nacionalizadora parecía haber pasado, un segundo brote se ha extendido por otros países. Alemania tomó el 8 de enero el 25% de Commerzbank, así como una posición indirecta en Deutsche Bank. La pregunta ahora es si la denostada banca pública acabará convirtiéndose en la única existente.

¿Seguirá España el rumbo europeo?

De herejía a posibilidad. Desde que se inició la tormenta financiera, allá por el verano de 2007, los bancos y cajas españoles han insistido en su fortaleza y cómo ésta contrastaba con los problemas de sus pares estadounidenses y europeos. Hasta ahora. El sector financiero nacional ya contempla la posibilidad de que el Estado pueda entrar en alguna entidad del país.

El jueves pasado, el director general de La Caixa, Juan María Nin, alertaba sobre los efectos del crecimiento de la morosidad. 'Ya se ha iniciado el consumo del fondo genérico de insolvencias', dijo. Y añadió que, de proseguir la situación, 'terminará afectando las ratio de solvencia' de los grupos financieros'.

Un día antes, el consejero delegado de Banco Sabadell, Jaume Guardiola, no descartó que el Ejecutivo se vea en la necesidad de recapitalizar alguna entidad en dificultades.

Las medidas de apoyo público a la banca se han limitado, de momento, a la adquisición de activos financieros a través de subastas y a la concesión de avales que favorezcan la emisión de bonos y pagarés. Sin embargo, el plan presentado el pasado octubre por el Ejecutivo autoriza al Ministerio de Economía a comprar títulos de entidades financieras que necesiten capital.

David Vegara, secretario de Estado de Economía, estimó la semana pasada que 'en estos momentos no es necesario recapitalizar ningún grupo', pero que 'si hay que hacerlo, se hará, porque tenemos las herramientas'.

Armas de los Gobiernos para apoyar a la banca

La entrada del Estado en el capital de las entidades financieras es la herramienta más expeditiva que tienen los Gobiernos para respaldar a los bancos en dificultades, pero no es la única. En el último año, los Ejecutivos de medio mundo han utilizado toda una panoplia de armas para apoyar al sector financiero.

AHORRO SEGURO Una de las primeras medidas adoptadas en Europa para fortalecer la confianza en el sistema financiero fue incrementar las coberturas de los fondos de garantía de depósitos. La quiebra de Lehman Brothers generó una gran incertidumbre entre los pequeños ahorradores, algunos de los cuales comenzaron a retirar dinero de los bancos. Por este motivo, los Gobiernos incrementaron las cantidades mínimas que se cubrirían en caso de quiebra de una entidad financiera. Los ministros de Economía de la Unión Europea fijaron en 50.000 euros por cliente y banco los ahorros garantizados.

COMPRA DE ACTIVOS La liquidez ha sido, junto con la desconfianza, el principal enemigo de la banca durante el pasado ejercicio. Los Gobiernos han puesto en marcha diversas iniciativas para favorecer la financiación a medio plazo de los grupos bancarios. Una de ellas consiste en comprar activos de las entidades, a cambio de dinero líquido, para que puedan seguir prestando a familias y empresas. En España, el Ejecutivo ha autorizado la creación de un fondo, dotado con un máximo de 50.000 millones de euros, para adquirir activos financieros. Este instrumento ha realizado ya tres subastas, con las que ha distribuido 14.000 millones.

AVALES Pæscaron;BLICOS Un tercer instrumento puesto a disposición de los bancos son los avales públicos para emitir nuevos bonos. Cuando una entidad financiera coloca papel con la garantía del Estado, obtiene mejores precios en los mercados mayoristas. El Gobierno británico de Gordon Brown fue el primer país en utilizar esta medida, en una emisión por 3.000 millones de euros.

DEUDA RESPALDADA La cuarta herramienta pública utilizada en beneficio de la banca es el respaldo de la deuda en vigor de la entidad ante posibles impagos. En Alemania, el Ejecutivo de Angela Merkel ha concedido garantías de este tipo a Hypo Real State, IKB oWestLB.