COLUMNA

La política y British Airways

El déficit de las pensiones de British Airways ha vuelto a atormentar a Willie Walsh. Al referirse a las fastuosas pensiones de la aerolínea cuando asumió el cargo de consejero delegado en 2005 prometió que serían su máxima prioridad. Pronto alcanzó un acuerdo a 10 años con los sindicatos y los gestores de las pensiones, con una recarga de 850 millones de libras, una reducción de los beneficios e inyecciones anuales de 280 millones de libras.

Pero el hundimiento de la Bolsa ha originado un agujero de 1.700 millones de libras en el plan; casi tan grande como la capitalización bursátil de la aerolínea. No sorprende que los pretendientes de BA -Qantas e Iberia- estén preocupados por morder el anzuelo de las promesas de BA a sus sindicatos.

Abordar el déficit de pensiones es complejo. El desafío se divide en dos partes. Primero, idear una estrategia a largo plazo para encontrar lo que no se ha asfixiado del negocio operativo de BA del que depende el plan. Y segundo, el quebradero de cabeza para cerrar un acuerdo con los trabajadores y los gestores del plan. El acuerdo se revisa cada tres años. La próxima negociación empezará en marzo de 2009, y se desarrollará todo el año. Cualquier cambio de los compromisos dependerá de las previsiones sobre los tipos de interés, la longevidad de los pensionistas y las valoraciones de activos, y cuánto puede permitirse BA pagar sin debilitar su posición financiera.

¿Por qué Qantas e Iberia están dispuestos a heredar tal problema?. Una razón es que se puede limitar el riesgo. Iberia podría salvaguardar su propio dinero de la continua obligación de contribuciones. Además, hay una industria madura para asegurar pagos de pensiones, lo que proporciona un mecanismo al mercado para valorar el coste de eliminar el riesgo, dejando más claros los puntos de partida para la negociación. Finalmente, el empeoramiento del ambiente podría obligar a los beneficiarios de los planes a ser más realistas sobre el riesgo de matar la gallina de los huevos de oro.

Quizá lo peor para BA es que se está incrementado el precio de la operación por alargarse en el tiempo. En cualquier caso, sortear el problema de las pensiones será un mero ejercicio matemático y encontrar un acuerdo puede ser más fácil que en otros temas relacionados con los Gobiernos. Caja Madrid, el mayor accionista de Iberia, está controlado por políticos de Madrid. Y ambos potenciales acuerdos se enfrentan a tensiones con la composición del consejo. Las pensiones pueden parecer un obstáculo, pero son una cortina de humo frente al problema más duro en cualquier acuerdo con BA: la política. Por Fiona Maharg-Bravo

Interés de Gadafi por Italia

Italia nunca ha compartido la animadversión de sus vecinos europeos contra Libia, su ex colonia. Y con Silvio Berlusconi las relaciones especiales entre los dos países agrandan horizontes. Este año Libia ha tomado una participación en Unicredit, uno de los grandes bancos italianos, y abiertamente medita invertir en Telecom Italia. Ahora quiere un pedazo del gigante energético Eni.

Berlusconi firmó un tratado con Muamar el Gadafi en agosto que acepta dar compensaciones, sin especificar, a Libia por tres décadas del colonialismo italiano. Un reciente informe del FMI dio un impulso extra al país al alabar el fondo soberano de Libia de 50.000 millones de dólares por su transparencia y gestión, aunque apuntó que debía empezar a invertir más allá del norte de África.

Italia es un territorio familiar y accesible para sus inversiones. Las sanciones de la ONU se levantaron en 2003 y desde entonces Libia ha iniciado reformas estructurales y acelerado su transición al llamado 'capitalismo del pueblo'. Pero todavía les precede su mala reputación y no son bien recibidos en ninguna parte, salvo Italia. Eni, por ejemplo, ha tenido una presencia ininterrumpida en el país desde 1959 donde obtiene el 15% de su producción.

El deseo de Libia de tomar el 10% del gigante italiano por 7.000 millones de euros beneficia a ambas partes. Eni tendría un trato especial en Libia y Gadafi sacaría tajada pues Eni tiene muy buenos ratios financieros en comparación con otros competidores. Su generación de caja en divisiones como gas y electricidad puede ser una bendición en los próximos meses. Y el dividendo está relativamente asegurado. Quizá la forma de anunciar su intención de compra no ha sido un acierto, pero sugiere que quiere estar a buenas con el Gobierno Italiano que controla de facto la compañía con una participación del 30%.

Pero aún queda Gadafi. Quizá haya renunciado al terrorismo, pero Libia tiene un negro historial como socio comercial. Valga recordar que se retiró de su gran inversión italiana -Fiat- en un fin de semana. Por Rachel Sanderson