EDITORIAL

Lo importante es el suministro

España es un mercado abierto, en el que las empresas pueden ser compradas y vendidas siempre que se cumpla la legalidad y se respeten los principios estratégicos del país. Es una máxima que se esgrime desde muchos ámbitos, pero que se olvida con facilidad. La adquisición de casi un tercio del capital de Repsol debe ser considerada bajo este prisma. Así, el interés de la rusa Lukoil por hacerse con el paquete del 20% de la empresa española en poder de Sacyr y con algunas otras participaciones, hasta acercarse al 30%, es tan lícita como cualquier otra.

Es un error descartar, a priori y sin siquiera considerarla, una operación así. No obstante, sí es preciso establecer cautelas. En primer lugar, que se garantice el principio de reciprocidad, lo que implica que cualquier empresa española -incluida la propia Repsol que podría tomar parte de Lukoil- o europea pueda entrar en empresas rusas. Es algo a exigir por las autoridades españolas y comunitarias, y que debe asegurar el Gobierno ruso.

Otra cautela se deriva del temor a que Lukoil se mueva con hilos que salen del Kremlin. Es una duda razonable. El todopoderoso ex presidente y hoy primer ministro Vladimir Putin ha utilizado el abastecimiento de petróleo y gas como herramienta diplomática para presionar a la UE. Sin embargo, nadie dude que Bruselas y Moscú están tan condenados como destinados a entenderse. Y eso sin olvidar que, legalmente, Lukoil es una empresa privada que tiene negocios con otros muchos grupos europeos y un importante accionista estadounidense, el gigante ConocoPhillips.

Pero la primera obligación del Gobierno español en este caso es asegurar que la entrada de la rusa en Repsol no pone en peligro el abastecimiento energético en España. Para ello ha de establecer tantos controles como sea necesario. Solventadas esas garantías, el otro gran reto es asegurar el futuro de la petrolera hispano-argentina. En ese sentido, los expertos consideran que la operación tiene sentido industrial, porque ambas empresas son complementarias. La rusa aporta reservas -las segundas mayores de una petrolera privada- de las que carece Repsol. Por su parte, la española dispone de un nivel de refino superior que podría atraer parte del crudo ruso hacia sus instalaciones. El hecho de que los mismos bancos que financiaron la entrada de Sacyr estén dispuestos a dar crédito a Lukoil significa que la solución es aceptable para todas las partes.

La parte gris de la operación, en caso de que se llegue a completar, es que hayan sido las urgencias de Sacyr para resolver su problema de endeudamiento, provocado por la sequía de crédito, las que la hayan precipitado. Pero eso también ha revelado tres cosas: la alianza con la constructora no ha proporcionado fortaleza alguna a Repsol, los socios nacionales no son necesariamente garantía alguna y, lo más trascendental, España sigue sin un modelo energético definido.

Una vez más, una operación corporativa en el sector desvela la falta de modelo energético nacional. Es preciso que el Gobierno planifique las necesidades a medio y largo plazo de gas, petróleo y electricidad y cómo se van a cubrir. Porque la debilidad en los sistemas de abastecimiento energético no hace sino esparcir debilidades por toda la economía.