COLUMNA

Mareas financieras y bancos centrales

El Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco Nacional Suizo asestaron un fuerte recorte a los tipos el jueves: 50, 150 y 50 puntos básicos respectivamente. Valiente y audaz. Pero los banqueros centrales están todavía en peligro de sucumbir al síndrome del rey Canuto -fracasar en mantener baja la marea de los fondos bancarios para dejar la economía alta y seca-.

La repentina política de tipos -3,25% en la eurozona, 3% en Reino Unido y 2% en Suiza- es baja para los estándares recientes. Pero en Estados Unidos están en el 1%. Habrá más recortes en Europa si la situación económica y financiera lo justifica. Esto parece cada vez más probable.

Los banqueros centrales han abandonado todo temor a la inflación y toda esperanza de que los bancos puedan controlarse por sí solos. Los bancos todavía no se prestan los unos a los otros, incluso con tipos altos, y están tratando de reducir sus préstamos a la economía real. Esta retirada está lista para intensificarse de cara a las crecientes pérdidas -los precios inmobiliarios están todavía cayendo fuertemente en Reino Unido y los problemas en el este de Europa pesan en la zona euro-.

La pequeña recesión es un efecto y una casa de los problemas crediticios. Las elevadas pérdidas reducen la capacidad y la buena disposición de los bancos para prestar. Pero el recorte de tipos del banco central no es fundamentalmente un movimiento antirrecesión para estimular el préstamo. Con la liquidez del banco central y los programas de ampliación de capital del Gobierno, toman parte del esfuerzo para prevenir el colapso -para mantener activo el sistema financiero-.

Estos recortes son admirables, pero probablemente no harán mucho. Cuando los prestamistas y los bancos quieran lograr reducir su apalancamiento, incluso tasas reales negativas no serán particularmente seductoras. Esto, al menos, fue la experiencia en Japón durante más de una década. Estados Unidos está aprendiendo una lección similar.

Cuando el rey Canuto ordenó parar las mareas, en realidad no pensó que le obedecerían. El rey vikingo quiso dejar claro que algunas fuerzas son más poderosas que la palabra del rey. La batalla entre las autoridades monetarias y la marea financiera es más equitativamente equilibrada. Pero la marea es vencedora. Las autoridades tendrán suerte si escapan con una ligera recesión.

Por Edward Hadas

¡Qué difícil es pedir perdón!

Barclays debería pedir perdón a los accionistas. El consejo de administración, dirigido por Marcus Agius, ha cometido dos grandes errores de estimación.

En primer lugar, no aumentar el capital decidido a principios de año. Ya en la primavera, Barclays se vio en una liga totalmente diferente de la que gusta a Royal Bank of Scotland y HBOS. Barclays hubiera sido capaz de reforzar su balance desde una posición sólida. Pero el banco se negó. Insistió hasta ponérsele la cara azul en que no necesitaba capital. En el momento en que inició su odisea de ampliación de capital, este verano, el tiempo ya se había convertido en tormentoso.

Segundo, Barclays dio la espalda al rescate del Gobierno de Reino Unido el pasado mes sólo para pagar con capital de Oriente Medio. El Consejo se había autoconvencido de que agarrando el chelín del contribuyente éste se podría haber sumado con mano dura a la nacionalización.

Al desvelarse mayores detalles del plan de nacionalización inglés, ese alarmismo se entiende exagerado. El argumento también pasa por alto el riesgo de que los jeques de Oriente Medio llegaran a entrometerse. Después de todo, ellos pretenden acabar controlando más del 30% de las acciones de banco. Aproximadamente el doble de lo que tendría el Gobierno de Reino Unido.

Podría haberse tratado de una decisión equilibrada si no fuera por el alto costo de la recaudación de su ampliación de capital. Barclays está apegado a la idea de que esto sólo supondrá un coste de 30 millones de libras al año más que lo que supondría una ampliación por parte del Estado. Son sólo falacias basadas en análisis parciales. Los accionistas están dispuestos a soportar algo más de 2.000 millones de libras, según un análisis de Breakingviews.

A las personas y a las instituciones les cuesta mucho decir 'lo siento'. Barclays no es una excepción. Pero el banco insiste en que no se equivocó en sus estimaciones. Mantener tal actitud no le va a conducir más que a una creciente pérdida de confianza por parte de sus accionistas árabes. Si por el contrario se mostrara más humilde tal vez se encontrara con la sorpresa de una ampliación alternativa más económica.

Por Hugo Dixon