Es la hora de los valientes

El martes desayuné con tres valientes. Se trata de un hombre y dos mujeres que, con la que está cayendo, han decidido montar su propia empresa. A principios del verano se liaron la manta a la cabeza, abandonaron la compañía en la que llevaban unos cuantos años y se lanzaron a cumplir el sueño de sus vidas: crear su propia organización, en este caso, una agencia de comunicación.

La aventura es difícil donde las haya, ya que cuando vienen mal dadas de donde primero recortan, erróneamente, las empresas es de las partidas dedicadas a la comunicación, marketing y publicidad. Entre risas, contaban que no habían podido elegir peor momento, que eran conscientes del riesgo que habían asumido porque ya no contaban con una nómina segura a fin de mes, pero que se sentían más útiles que nunca. Y relataban las dificultades que habían tenido, por ejemplo, para conseguir línea telefónica. Pero no les importaban los inconvenientes. En sus caras había una sana satisfacción. Por primera vez estaban creando algo por y para ellos mismos. De momento tienen cuatro clientes, curiosamente ninguno robado a su anterior agencia, que le están llegando con cuentagotas, pero que les permite tirar para adelante.

Mientras que escribo esto, acaba de conocerse el triste dato del paro: en septiembre se han quedado sin trabajo 95.367 personas más, lo que ha sitúa el número total de desocupados en 2.625.368. Se trata de la mayor cifra de parados desde mayo de 1997. Esto significa que 3.178 personas han ido al paro cada día. El goteo no ha hecho más que empezar. Desgraciadamente vamos a tener que habituarnos a estas cifras.

Sin embargo, es alentador saber que hay gente que no le tiene miedo a desarrollar sus ideas y a lanzarse a crear su propio negocio. Son unos valientes, sobre todo teniendo en cuenta las trabas burocráticas que hay en España para montar una empresa. Y ya no hablamos de las dificultades que existen, ahora más que nunca, para conseguir financiación. Y como siempre hay que ser optimistas, aunque el pesimismo nos lo han vendido siempre como la opción más romántica e intelectual y el optimismo como algo propio de ingenuos, debería fomentarse la creación de empresas. Es precisamente en estos momentos cuando hay que dar rienda suelta a lo que siempre se ha querido hacer. De ello depende el futuro de los que no nos atrevemos a dar el paso.