Cinco Sentidos

El bajo coste llega a todas las actividades

La crisis pone de moda la filosofía del bajo coste, camino de inocular todos los sectores de la economía.

Ana está de viaje por Europa. Acaba de recalar en Ámsterdam, donde pasará tres noches antes de retomar su ruta. En 14 días pisará Colonia, Bruselas, Oslo, Gotemburgo y Milán. Gastará poco más de 500 euros entre transporte y alojamiento. A ese precio debe sumar los costes de la gestión, que realizó ella misma, por internet y por teléfono. Para moverse, lleva una mochila adquirida en un outlet. Sin rebajar, 15 euros. Tiene 28 años. No comprende pagar más. Ana es de la generación low cost. Conviven con el bajo precio desde que tienen uso de razón y algo de dinero en el bolsillo. Pagar de más ha dejado de ser inteligente desde que consumen por cuenta propia. Y piden más.

El low cost es un fenómeno con vocación de perpetuarse. La desaceleración económica mundial constituye un germen de cultivo para este modelo de negocio. Limitar su origen a la liberalización del sector aéreo en 1990 significa reducir el impacto de una estrategia tendente a inocular a cualquier sector.

Los expertos vaticinan una verdadera explosión del fenómeno. Así lo intuye Josep Francesc Valls, profesor de la escuela de negocios Esade y autor de Fenómeno low cost (Deusto, 2008). A su juicio, la crisis económica no hará más que incentivar esta tendencia, aunque también colocará a las empresas ante el reto de ajustar precios en una coyuntura con menores beneficios y costes en ascenso por el repunte del petróleo.

Pioneras en abrir el melón del bajo costo, las aerolíneas constituyen el sector que, paradójicamente, más ha sufrido las últimas y desorbitadas escaladas del crudo. 'Esto está provocando una ola de consolidación del sector low cost por un lado, y del aumento de tarifas y la reducción de rutas por el otro', explica Ignacio Salas, fundador de Atrapalo.com, agencia online de ocio a tarifas reducidas.

Afectadas o no por las variaciones del Brent, lo cierto es que cada vez más empresas de distintos sectores se animan con este modelo empresarial que la compañía irlandesa Ryanair, según un espontáneo ranking del profesor Valls, 'ejemplifica mejor que nadie'. Su éxito demuestra que, con o sin ralentización, los consumidores son cada vez más sensibles a las tarifas.

Los vuelos a precio de menú del día, los grandes descuentos, los medios de comunicación gratuitos, los outlets de moda, la publicidad ... Cuánto más básico sea un producto más posibilidades tiene de imprimirse como low cost. 'Por las posibilidades de salir a precios más bajos, adelgazando la estructura, externalizando y subcontratando', desglosa Guillem Recolons, socio director de Tvlowcost, una agencia de publicidad de bajo costo para televisión.

En productos a precios más onerosos, como la vivienda o el coche, no hay uniformidad. Con tarifas todavía muy elevadas, la inmobiliaria se limita a ofrecer regalos o descontar pequeñas comisiones. Pero si en vivienda fracasa, en automoción triunfa. El Tata Nano (1.700 euros) es el coche low cost por excelencia. Con eso de que sólo se vende en Asia, Renault ha cubierto el nicho aquí con un producto made in Europe, la Dacia-Logan (desde 7.500 euros).

Aun así, algunas compañías se resisten a abrir líneas low cost por entender que no responde a estándares de calidad y, aunque lo practican prefieren etiquetarse, low price, una bandera bajo la que se cobijan Ikea o Clickair.

TARIFAS MINI

2.00 euros supone contratar una campaña de Tvlowcost en España.

1.700 euros cuesta el Tata Nano; 7.500 euros, el modelo más económico de los Dacia-Logan.

15 euros, tasas incluidas, sale volar a París con Ryanair.