Desayuno Cinco Días

Certificados, la llave de las estrategias más avanzadas

El activo da exposición a productos estructurados, pero con las garantías de liquidez y transparencia que proporciona el hecho de estar listado en Bolsa

Hay algún producto de inversión listado en Bolsa que permita aprovechar la subida de valores como BBVA o Santander, pero al mismo tiempo sacar partido también si estos títulos bajan de precio? La respuesta es sí y el nombre, certificado. En la Bolsa están registrados 25 certificados referenciados a subyacentes tan variados como el oro, el S&P 500, una cesta de índices bursátiles, otra de acciones españoles o directamente títulos de una sola compañía, como, por ejemplo, Telefónica.

Los certificados aún tienen un largo recorrido por delante. En Alemania hay volumen de emisión de unos 320.000 millones, una cifra que se reduce a 55.000 millones en Italia, mientras que en España no llega a los 2.000 millones. En un desayuno celebrado en CincoDías con la colaboración de Deutsche Bank, diversos agentes del sector analizan la situación del mercado.

'Nosotros creemos en el producto', valora el director de renta variable de Bolsas y Mercados Españoles (BME), Jorge Yzaguirre. 'Tenemos productos como los warrants, las acciones, los ETF que están creciendo y se están desarrollando de una manera muy importante. En acciones somos el cuarto mercado europeo; en ETF estamos consiguiendo la quinta posición; en warrants estamos en cuarta posición. No vemos porqué en certificados no tenemos que estar al mismo nivel', apostilla el directivo de BME.

Los certificados son una combinación de estrategias estructuradas que reúnen cualidades de la renta fija, la renta variable y los fondos de inversión. Están emitidos por un inversor y listados en Bolsa, con lo que su requisito mínimo de inversión es el precio del activo, que puede llegar a ser muy bajo. Están referenciados a un subyacente con diversas estrategias como, por ejemplo, replicar la revalorización de un determinado activo en un plazo concreto de tiempo más un extra de rentabilidad. La mayoría de ellos tiene un plazo de vencimiento, pero se pueden negociar y transmitir durante todo el periodo de vida, como si fueran una acción.

Los expertos consultados por Cinco Días consideran que los certificados constituyen un producto ideal para el pequeño inversor. El responsable de productos, marketing y organización comercial de Inversis, Eduardo Martín Quero, resume las cualidades de producto: 'Los motivos principales por los que creemos que es una carcasa o un envoltorio perfecto para poder acceder a estrategias con derivados son los siguientes. En primer lugar, por la accesibilidad por la vía del precio y segundo, porque permite ganar exposición a prácticamente todo tipo de subyacentes. Otro aspecto son las bondades que ofrece un producto cotizado, que consisten en una gran transparencia en precios e información de ese producto constantemente y, además, la liquidez continua que aporta el mero hecho de estar cotizando en el mercado electrónico. Por último, hay un elemento importante que es la seguridad que tiene que ser un producto listado, que se supone que ha pasado una supervisión previa por parte de la CNMV y encima está cotizando en un mercado regulado y eso aporta muchas garantías al consumidor'.

El producto, sin embargo, no termina de cuajar entre los inversores. Luis Martín Jadraque, director del centro de inversiones de Deutsche Bank, da la explicación. 'Para que los certificados tengan éxito se necesita un paso y es que participen los grandes bancos', señala el experto. 'Hasta ahora ha habido poco interés por parte de las grandes entidades. Pero eso va a cambiar por una razón y esa es que se va a demandar'.

La incertidumbre financiera actual, con mercados a la baja y unas presiones inflacionarias constantes, mucho dinero está fuera del mercado, esperando una oportunidad de inversión. 'El apostar por un producto estructurado da al inversor rentabilidad y garantías al mismo tiempo, ante la posibilidad de que vuelva a subir la volatilidad o haya problemas en el mercado', completa Martín Jadraque.

La falta de tirón de los certificados radica en dos problemas, que son su desconocimiento por parte del gran público y su agravio comparativo en términos fiscales con otros productos como las acciones o los ETF. Los certificados son considerados como productos de rendimiento implícito, que se calcula por la diferencia entre el precio de compra del activo y el que se compromete a pagar el emisor al momento del vencimiento, como las Letras del Tesoro. Esto implica que la transmisión, amortización y reembolso de los certificados está sometida a retención a cuenta del IRPF.

'Conviene recordar que warrants y ETF no progresaron en España hasta que no se eliminó la retención', avisa Juan Manuel Moral, socio del bufete de abogados Cuatrecasas. 'El caso de los certificados es igual. Al inversor minorista no le importa que haya una retención en el mercado secundario, pero a los distribuidores les produce una traba operativa muy significativa', afirma. 'Hablamos de un valor que se negocia en mercados electrónicos y los mercados continuos no funcionan con retenciones en las transmisiones, los agentes financieros no pueden cada vez que existe una transmisión en el mercado secundario detraer un 18%', puntualiza Moral.

El socio de Cuatrecasas afirma que la traba fiscal es un 'residuo' de la normativa de activos financieros del año 1985' y que 'no tiene impacto recaudatorio y no existe ninguna razón objetiva para mantenerla'. El hecho es que, de momento, constituye un lastre para el desarrollo de los certificados.

Pero los expertos están convencidos de su éxito futuro. 'Si hemos conseguido que la evolución de los warrants hasta ahora sea de éxito, con mayor razón, porque el público objetivo es mucho mayor, conseguiremos que los certificados se vayan asentando poco a poco entre los inversores españoles, una vez, por supuesto, que la barrera que tienen ahora mismo, que es la fiscalidad, sea abolida', promete el directo de productos cotizados de Société Générale, Adrián Juliá.

Los inversores, desde luego, no serán un problema. 'Viendo la evolución del mercado financiero español, realmente ha sido asombroso lo que se ha obtenido desde finales de los ochenta. La sofisticación del inversor particular no es ni mucho menos la que había hace 10 años; el inversor lleva ahora muchos años de vuelo', asegura Sergio Reyes, del Instituto de Estudios Bursátiles. Los certificados reclaman ahora su hueco como nueva herramienta de inversión.

Más cerca de Francia que de Italia

Partiendo de las similitudes entre el negocio de warrants y el de certificados, Société Générale llega a la conclusión de que el perfil del inversor español está más cerca del inversor francés que del italiano, que es un mercado con mucha presencia minorista, igual que el español. 'El minorista italiano es mucho más activo y agresivo que el inversor español, que se parece más al francés, más conservador', concluye Adrián Juliá.

'Oferta y demanda se encontrarán pronto'

'Se dan casi todas las circunstancias para que los derivados se desarrollen de manera exponencial', expone Miguel Ángel Muñoz, vicepresidente de X Markets, la marca de Deutsche Bank para comercializar productos estructurados a clientes particulares. 'Conceptualmente es un producto adecuado, bueno para los clientes; lo que hace falta es que la gente lo conozca', subraya Muñoz. 'La oferta y la demanda se encontrarán pronto; se encontrarán en algún punto y nosotros creemos que ese momento está próximo', vaticina.

Deutsche Bank ha sido la entidad más activa en el desarrollo de productos certificados en el mercado español. Ha emitido 19 de los 25 certificados listados en la Bolsa española, los últimos cinco la misma semana pasada. 'Creemos en los certificados y nuestra política será la de seguir ofreciendo estos productos', remacha el vicepresidente de X Markets.

De hecho, la firma de Deutsche Bank ya está trabajando un nuevo producto que aspira a emitir pronto en el mercado español. Se trata de la Nota Express Santander-Telefónica, que busca ganar exposición a los dos valores más líquidos de la renta variable europea. Este producto tiene la siguiente característica: se trata de una nota a tres años. Si al cierre del primer año, la cotización de Santander y Telefónica es superior a la que tenían al inicio, el producto vence y se devuelve el capital aportado más un 12%. En caso contrario se abona al 4%; el mecanismo se repite en el segundo año, elevando el rendimiento al 24% y al 36% al tercer año. El capital está garantizado, salvo si los activos caen más de un 45%.

CLAVES DEL PRODUCTO

¿Qué es? La esencia del certificado radica en que es un activo resultante de la combinación de productos derivados. Como los warrants, están referenciados a un subyacente, pero mientras la apuesta de este producto es direccional, la de los certificados es de multiplicar las estrategias y con un grado de aversión al riesgo muy bajo.

¿Qué propiedades tiene? Es un producto heterogéneo, lanzado por un emisor y que está listado en un mercado. Eso dota al activo de liquidez y cotización en tiempo real.

¿Cuáles son sus posibilidades? Las opciones del certificado son muy amplias. Todos ellos están referenciados a un subyacente, pero ofrece muchas variantes. Puede ser para posicionarse al alza o a la baja del subyacente o incluso posicionarse en las dos direcciones. Puede tener el capital garantizado total o parcialmente, o no tenerlo en absoluto. Puede tener una fecha de vencimiento -eso es lo habitual- o ser perpetuo.

¿Cómo se negocia? Su operativa es idéntica a la compraventa de acciones o de warrants y las comisiones son las mismas que en estos dos casos.

¿A qué se asocia el rendimiento? Como en los títulos de renta variable, el rendimiento está asociado a su transmisión o negociación, pero la rentabilidad también está asociada a la amortización o reembolso.

¿Cómo es la fiscalidad? Los certificados están considerados como activos financieros de rendimiento implícito (el que se obtiene de la diferencia entre el precio de compra y el que el emisor se ha comprometido a pagar al vencimiento). Cada vez se transmite un certificado por un contribuyente del IRPF, es decir, cada vez que un inversor particular lo vende, es necesario aplicar la retención a cuenta del IRPF. Eso conlleva un coste operativo enorme para las entidades intermediarias, que resta atractivo a la comercialización del producto. Es algo que no ocurre con los warrants o los ETF.