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Previsiones

S&P dice que ya ve la luz al final del túnel

Prevé pérdidas de 183.000 millones para la banca por hipotecas 'subprime', pero con el ajuste hecho en parte

Hacía mucho tiempo que no se oía un mensaje positivo en el sector financiero o la economía, y ayer fue el día. Standard & Poor's dio a los mercados lo que éstos querían. El maná estos días es la confianza, y la agencia de calificación de deuda lo repartió generosamente a través de dos informes cuya conclusión alentadora es que ya se ve la luz al final del túnel.

Las palabras de los analistas de S&P fueron: 'el fin está a la vista'. Se referían con ello a los ajustes contables a causa de las hipotecas subprime en las grandes instituciones financieras.

La agencia de calificación de deuda dijo, no obstante, que aún quedaba túnel por recorrer y calcula que los ajustes a la baja por las titulizaciones de hipotecas subprime rondarán los 285.000 millones de dólares (unos 183.000 millones de euros), y no los 265.000 estimados en enero. Pero, el mensaje es positivo porque en opinión de su analista de crédito Scott Bugie 'el sector financiero global parece que ya ha hecho la mayoría de los ajustes'.

S&P explicaba que las instituciones han sido conservadoras y rigurosas a la hora de valorar sus exposiciones. 'La mayor parte del daño debe estar hecho ya. De hecho, estas instituciones deben beneficiarse de la recuperación que haya en el futuro si el mercado subprime se estabiliza y desaparecen las incertidumbres que penalizan el riesgo', explicaban.

La gran banca global ha hecho ya ajustes contables por un valor que se estima entre 188.000 millones y 200.000 millones de dólares.

Los mercados, que buscan obsesivamente señales que revelen que ya se ha tocado fondo, recibieron con esperanza el punto de vista de S&P por más que desde esta agencia se advirtiera que hedge funds, aseguradoras y otros inversores tendrán también que recalcular el valor de sus activos a la baja. También se pasó por alto el hecho de que S&P diga que espera pérdidas de productos estructurados que contengan deuda calificada como Triple A, AA o A.

Este informe ha insuflado la confianza que los inversores andan buscando, que es lo que intentó el martes la Fed con una medida extrema para inyectar capital.

Quien no tuvo el mismo efecto fue el secretario del Tesoro. Henry Paulson tomó ayer la tribuna de oradores para dar a conocer las recomendaciones del Grupo de Trabajo Presidencial (PWG) para evitar que la actual crisis del crédito se repita.

En la octava línea de su alocución, Paulson marcó el territorio a la banca a la que pedía que se recapitalizara y que cambiara su política de dividendos. El mensaje era claro: se necesita que el crédito fluya. El dividendo, máxime en estos momentos de cotizaciones bajo presión, es algo que todos los bancos han tratado de preservar.

Paulson fue enérgico al decir que la regulación, que tanto disgusta en Wall Street, 'debe alcanzar a la innovación financiera y ayudar a restaurar la confianza'.

Un año después de que explotara la crisis subprime, las recomendaciones del PWG incluyen el reforzamiento de todos los elementos de la cadena hipotecaria. Así, se endurecerá la vigilancia sobre quienes conceden estos préstamos y sobre los intermediarios (para los que se prepara una licencia nacional que sustituya a la fragmentada y casi nula regulación actual). Además se pedirá mayor transparencia tanto para comprender la composición de los productos derivados como los criterios con los que trabajen las agencias de crédito.

Paulson quiere que las agencias tengan en cuenta quién origina las hipotecas y mejoren la calidad de sus datos, modelos y asunciones. También recomienda que los inversores valoren (y respeten) el riesgo con más elementos que los limitados ratings.

Limitados o no, ayer uno de ellos devolvió la moral a los mercados.

Carlyle y Bear Stearns, la medida de la crisis

La profundidad de la crisis de crédito se mide todos los días y en las últimas dos semanas el barómetro ha señalado con pesimismo a dos puntos: Carlyle Capital y Bear Stearns.El primero es un fondo de bonos filial del todo poderoso grupo de capital riesgo Carlyle. El fondo ha negociado sin éxito con sus prestamistas para mantenerse a flote y ahora tiene por delante la probable liquidación y reposesión de sus activos por parte de sus acreedores. Los analistas coinciden que el destino de este fondo ha estado marcado por un excesivo apalancamiento, algo que no ha sido problema hasta la actual crisis del crédito. Desde Carlyle se asegura que los problemas de este fondo no afectan a la firma de capital riesgo pero los inversores creen que su situación no es extraña en otros fondos.El segundo problema está en Bear Stearns. Los inversores creen que este banco, que dio el salvo hace un año anunciando por dónde iba la crisis, cuando dos de sus hedge funds se vinieron abajo, está teniendo problemas de capitalización. Desde el banco se ha negado.

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