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Una ojeada rápida al futuro

Los expertos esbozan un retrato del mundo en 2030: una sociedad envejecida, atendida por robots y acosada por desastres climáticos

Una ojeada rápida al futuro
Una ojeada rápida al futuro

La humanidad tiene complejo de Nostradamus y lleva siglos intentando predecir el futuro. A veces, sin mucho éxito, dando lugar a frases memorables como la de Thomas Watson, presidente de IBM, quien en 1943 afirmó: 'Creo que hay un universo de mercado para alrededor de cinco computadoras'. Recientemente, dos informes internacionales de diferente perfil han efectuado un nuevo intento de predicción y han dibujado un retrato de cómo será la vida dentro de 20 años. Ambos muestran un mundo masificado en ciudades inabarcables, basado una tecnología presente en todos los aspectos de la vida y con los robots como nueva fuerza laboral.

Para los dos informes -Modelando el futuro, elaborado por el Foro Young Global Leaders; y El mundo en 2030, del escritor Ray Hammond- el mundo del futuro será, claro está, más moderno, pero tendrá los mismos problemas que el actual. Las diferencias entre hombres y mujeres se estrecharán, los derechos humanos serán más respetados y la malnutrición, el analfabetismo y el trabajo infantil se reducirán. También crecerán las desigualdades dentro de cada nación: los ricos serán más ricos y los pobres seguirán siendo pobres, aunque mejorarán un poco sus condiciones de vida, en lo que será el triunfo definitivo de la clase media. Habrá nuevas fuentes de conflicto, y el regionalismo y el fanatismo religioso cobrarán fuerza en un mundo globalizado. China, India y Latinoamérica ganarán importancia frente a Estados Unidos y Europa.

Pero el principal problema será el medioambiental, pues los efectos del cambio climático habrán dejado de ser objeto de debate para convertirse en una realidad a la que hacer frente. La temperatura de la tierra aumentará varios grados y el nivel del mar crecerá. El tiempo registrará fenómenos meteorológicos extremos, y Europa occidental vivirá desde inviernos árticos a monzones veraniegos. La sequía se extenderá, y muchos bosques y praderas serán transformados en tierras de cultivo. También crecerá el consumo de energía, especialmente en Asia.

Un niño nacido en esa fecha podrá vivir hasta 130 años sin problemas

Para hacer frente a esta situación, el uso de energías renovables se extenderá, aunque el petróleo seguirá siendo la materia prima dominante. Ray Hammond, en su informe, sostiene que el empleo de plásticos ayudará a minimizar el impacto del calentamiento terrestre. Si la mitad de los edificios estuvieran aislados utilizando este material, la UE podría reducir en un 35% las emisiones de CO2 que emiten.

Como en todo relato futurista, no podían faltar los robots. Máquinas de todas las formas, tamaños y colores que serán nuestros 'esclavos satisfechos', como les llama uno de los documentos, y sustituirán a la Ley de Dependencia a la hora de cuidar a una población envejecida. Porque unas mil millones de personas tendrán más de 65 años de edad.

La verdadera revolución la experimentará el campo de la medicina. La elaboración de un mapa de ADN personal, los avances en terapia genética y las investigaciones sobre células madre mejorarán considerablemente la calidad de vida. Un niño nacido en 2030 podrá vivir hasta 130 años, y las enfermedades contagiosas dejarán de ser mortales. Con una excepción notable, que seguirá causando dolor de cabeza a las autoridades sanitarias: el sida. Pero si el tratamiento médico mejorará, también costará más caro.

Internet se habrá convertido en una web 'supercombinada' en la que todo estará siempre conectado. Será posible acceder a la Red en cualquier momento y cualquier lugar, con los móviles o los relojes. Los edificios y las farolas también se usarán para acceder a Internet; y los coches, gracias a los satélites, se guiarán sólos por las autopistas.

La educación también se transformará: mucha más gente terminará la educación secundaria e ingresará en la universidad. Se incrementará el uso de la enseñanza virtual a través de internet, aunque el sistema educativo no variará demasiado. Los informes retratan, pues, un futuro cercano muy real, más evolucionado tecnológicamente, pero sin viajes espaciales ni grandes transformaciones sociales o económicas. Como dijo el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke: 'El futuro ya no es lo que solía ser'.

El triunfo del mundo virtual

El mundo virtual que ofrece la página web Second Life no es nada comparado con lo que se avecina. Las actividades de ocio a través del ordenador se multiplicarán y serán tan sofisticadas que será casi imposible distinguirlas de la realidad. Las computadoras permitirán experimentar sensaciones táctiles, olorosas, auditivas, visuales… Un nuevo mundo se abrirá a los sentidos. Y, sin embargo, las actividades de diversión no cambiarán. El cine, la música, los viajes o las fiestas seguirán ocupando el tiempo de ocio.

El mundo dentro de 20 años

Falta de energía.

Las necesidades energéticas del mundo se doblarán en los próximos 20 años. Las fuentes renovables, como la solar, la hidráulica o la eólica, adquirirán una gran importancia y los gobiernos firmarán acuerdos medioambientales más estrictos. Los vehículos empezarán a utilizar nuevos combustibles.

El nuevo humano.

'La cuarta década del siglo XXI será el principio del fin de la evolución humana', dice Ray Hammond en su informe. Para el escritor, cuando los robots sobrepasen la capacidad intelectual de las personas, se convertirán en 'los sucesores de la humanidad'. Además, las técnicas genéticas permitirán al hombre desarrollar sus capacidades físicas y psíquicas 'de un modo que nadie puede prever'.

Trabajo diferente.

Muchos profesionales podrán trabajar desde casa a través de internet, en mucha mayor medida que en la actualidad. Y aparecerán nuevas profesiones, de naturaleza muy difícil de pronosticar. Sin embargo, las tasas de paro aumentarán debido a la superpoblación, y a pesar de la necesidad de alimentos, el sector servicios seguirá en desarrollo y el primario continuará en retroceso.

Casa inteligente.

Las casas apenas consumirán energía, y todos los dispositivos de uso diario, como la iluminación, la calefacción y los electrodomésticos, tendrán incorporadas tecnologías inalámbricas. Así, las luces y el resto de aparatos se apagarán cuando las personas salgan de las habitaciones y se ajustarán constantemente a las necesidades de cada momento.