El agujero negro de las finanzas mundiales

La implosión del mercado hipotecario ha volatilizado en tiempo récord una etapa de dinero barato y apetito por el riesgo, con consecuencias aún impredecibles

Esto es un escándalo. ¡He descubierto que aquí se juega!¢ exclama el capitán Renault en Casablanca (1942) antes de recibir del crupier las ganancias del día, darle las gracias y ordenar el desalojo el local. La banca ­especialmente la de inversión­, el sector inmobiliario y la propia economía han recaudado durante casi un lustro los frutos de un dinero barato y una ingeniería financiera que multiplicaba el crédito. Hoy estas mismas fuerzas se han vuelto en contra con la potencia de un maremoto y ante la sorprendente sorpresa del mercado.

Se ha llamado de muchas formas: crisis hipotecaria, crisis de liquidez, crisis crediticia o crisis subprime. Todos los denominadores son ciertos; son varias crisis en una, pero comparten el detonante y las razones profundas. En cualquier caso, no cabe duda de que se trata de la amenaza más seria para la economía mundial desde el estallido de la burbuja puntocom en 2000.

Si entonces la crisis se larvó en las informales oficinas de estilo Ikea de empresas tecnológicas, esta vez la mecha prendió en los barrios de la clase baja estadounidense. El pinchazo inmobiliario empezó en 2006 y, aunque las subidas de tipos venían de antes, en 2007 las familias con problemas ya no podían vender ni refinanciar la casa para saldar la hipoteca. Crecieron los impagos y, en julio, dos fondos de alto riesgo de Bear Stearns quebraron por pérdidas en hipotecas subprime, de baja calidad.

Estos fondos participaban en el gran juego del crédito. Tras concederse una hipoteca la banca traspasaba el riesgo. Ello permitía al banco aligerar su cartera y conceder más y más préstamos. El negocio se fue complicando, de modo que ya no se transferían deudas, sino estructuras que ajustaban los riesgos estimados a los distintos perfiles de comprador: hedge funds, fondos depensiones, aseguradoras o bancos más agresivos. Los inversores adquirían estos títulos que, a juzgar por las altas calificaciones de Moody§s o S&P, entrañaban poco riesgo. De poco sirvieron las advertencias del BCE, el FMI o Warren Buffett: El volumen de derivados de crédito en circulación se ha multiplicado por 67 veces de 2001 a 2007: de 631.000 millones de dólares a 43 billones.

Este mecanismo facilitaba el crédito pero, como en un juego de trileros, no había forma de seguir la pista al riesgo asociado a todo préstamo hasta que los impagos abrieron la caja de Pandora. Bear Stearns fue sólo el primero en quemarse con la patata caliente; comunicó pérdidas por unos 2.000 millones de dólares ­parecía mucho­ y hoy los cálculos alcanzan los 400.000 millones.

La crisis saltó ahí, pero podría haberlo hecho en otro sitio. Como dice el diplomático FMI, ¢el debilitamiento de la disciplina crediticia ha sido paralelo en el segmento empresarial¢. Cinco gestores de hedge funds ganaron más de 1.000 millones de dólares en 2006, y la actividad del capital riesgo pasó de rondar los 100.000 millones en 2005 al medio billón previsto para 2007.

En el caso de las subprime hay, además, un diabólico efecto de ruleta rusa. ¢Muchas entidades ni siquiera conocían su propio riesgo¢, explica Gustavo Trillo, director de inversiones de la gestora de JPMorgan. Las estructuras de titulización son una caja negra de la que se desconoce el riesgo real. Y, ante la duda, el dinero huye. Huyeron los mismos inversores que adquirieron a ciegas hipotecas de dudoso cobro. En el mercado subprime la morosidad es del 18,35%, y en una categoría llamada hipoteca ninja no se piden datos sobre ingresos, empleo o patrimonio. Así se esfumó el valor de estos títulos.

Con todo, 400.000 millones de dólares es una magnitud manejable en un mundo financiero de proporciones inabarcables. ¢Equivale a un mal día de Bolsa¢, señala Goldman, ¢pero es una analogía errónea¢. La disminución de patrimonio en entidades apalancadas como bancos o fondos tiene un efecto dominó: obliga a cuadrar el balance. Goldman calcula que minusvalías por 200.000 y 400.000 millones restringen el crédito en dos billones.

El pánico pronto se extendió a otros mercados. A la Bolsa y sobre todo a la deuda privada, pues el inversor entendió que lo primero que harían los bancos sería cerrar el grifo del crédito. Así fue, hasta el punto de que los bancos dejaron de prestarse dinero en el mercado interbancario. Las autoridades sólo evitaron el colapso al inyectar capital.

En las semanas siguientes la situación se recompuso. La barra libre de dinero hizo aterrizar el euríbor y las bajadas de tipos animaron la Bolsa. El Ibex tocó, por unosmomentos, los 16.000 puntos. Pese a sustos como el de esta semana, la Bolsa está más alta que el 20 de junio. Pero el mercado ha dado un giro copernicano: de conceder hipotecas ninja a huir del mercado interbancario. Queda mucho por ver, desde el impacto final del choque hipotecario ­el punto máximo de vencimiento de subprime llega el primer trimestre de 2008­, al impacto real en la banca, en el sector inmobiliario y el consumo estadounidenses, en un escenario que hace sólo cinco meses parecería más propio de la proclama dominical de una apocalíptico predicador de la América Profunda que de un banco de inversión.

Entre la recesión y el petróleo

¢Wall Street no necesita crecimiento, necesita ansiolíticos. Cada ocho horas¢, señala José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. El temor bien a la recesión bien a la estanflación ­crecimiento cero e inflación alta­ marca las últimas oleadas vendedoras con una ambivalencia poco inteligible. Las señales son poco coherentes: la deuda a dos años en el 3% con unos tipos de referencia en el 4,5% sugiere recesión, pero con la inflación al 3,3% el temor es que no se pueda contar con la bajada de tipos, aunque de momento el mercado da por hecho un recorte en diciembre. ABN Amro lo llama polarización: ¢Los bonos descuentan que la Fed no podrá evitar la recesión, pero las materias primas asumen un escenario inflacionista¢.

El canal de contagio desde la caótica lógica bursátil a la economía real es mixto. Pasa por el crédito, el consumo y la vivienda. ¢En EE UU nadie ahorraba porque el patrimonio inmobiliario crecía solo; ahora el ahorro tendrá que aumentar. Además, con el precio del petróleo alto, se prevé una desaceleración del consumo¢, explica Gustavo Trillo, de JPMorgan. Una opinión compartida por Morgan Stanley, que prevé ¢una tormenta perfecta¢ para el consumidor.

Por otro lado, aunque las empresas están menos endeudadas que en crisis previas, Goldman o Credit Suisse consideran que se subestima la probabilidad de recesión. Aunque esta palabra ya no está de moda. Credit Suisse, que cuenta las veces que la prensa utiliza una palabra, apunta que ¢recesión¢ y ¢estanflación¢ están ya a la par, después de que esta última haya multiplicado sus apariciones.