Indicadores

Cuando el PIB no refleja el bienestar de los ciudadanos

La Unión Europea desea evaluar el progreso con otros indicadores

La felicidad y el bienestar se apoderaron ayer del Parlamento europeo en Bruselas. Más de 600 especialistas en economía, estadística y ciencias sociales debatieron (y continuarán hoy) sobre el escurridizo concepto aristotélico de eudaimonia. Y aunque parezca mentira, la mayoría coincidieron en que esa inaprensible aspiración del ciudadano a la satisfacción o la plenitud de la vida no sólo puede medirse, sino que debe convertirse en una referencia política tan importante como la del Producto Interior Bruto. Los debates pueden seguirse en directo en internet (www.beyond-gdp.eu).

'Ha llegado el momento de ir más allá del PIB', abrió la conferencia el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. Su organismo, con la ayuda de la OCDE, el Club de Roma y el Fondo mundial para la naturaleza (WWF), la ha convocado porque quiere 'una definición más precisa de lo que representan el progreso, la riqueza y el bienestar, y cómo se evalúan'.

El punto de partida es que el PIB ha sido un indicador muy útil para la recuperación de las economías occidentales tras la catástrofe de la segunda guerra mundial. Pero su énfasis en la medición del consumo y la inversión ya no es capaz de reflejar, según la Comisión Europea, la complejidad de la economía del siglo XXI ni los verdaderos avances en la calidad de vida de un país.

Bruselas cree que 'un PIB en aumento puede ocultar considerables pérdidas de riqueza y bienestar'. Y menciona como ejemplo el aumento de producción que puede conseguir un país donde el trabajo infantil esté permitido. O el reflejo positivo que un desastre natural puede tener en las estadísticas de crecimiento gracias a los trabajos de reconstrucción.

Los expertos también criticaron la incapacidad del PIB para reflejar las diferencias de renta dentro de un mismo país o, incluso, de una ciudad. Un vídeo elaborado con motivo de la conferencia contrasta la ingente riqueza de la City londinense con la población sumida en la pobreza en otros barrios de la capital británica.

El indicador económico por excelencia de los últimos 70 años ha superado antes críticas similares. La novedad es que ahora las voces instituciones europeas se han unido a una corriente que hasta hace poco se circunscribía a círculos académicos o de ONG. Incluso el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, cuya labor de vigilancia de las finanzas públicas toma como referencia imprescindible el PIB de cada país, admitió ayer que 'el siglo XXI requiere nuevos instrumentos estadísticos'.

La UE espera contar en 2009 con el primero de esos revolucionarios indicadores, destinado, en este caso, a medir los avances en materia medioambiental. Y Bruselas aspira a desarrollar indicadores que, de manera agregada, reflejen mejor la situación económica que disfruta (o sufre) una sociedad. Para lograrlo, se apuntan parámetros como la riqueza acumulada en bienes inmuebles, la calidad de la enseñanza y del transporte o las obras de arte en propiedad.

Almunia advirtió que 'no se trata de una tarea fácil, porque no existe una medida universalmente aceptada de lo que es el bienestar y hay muchas definiciones de lo que ese concepto entraña'. En algunas lenguas, como el inglés, ni siquiera se puede traducir con una sola palabra la idea aristotélica de eudaimonia. Quizá por eso los estadounidenses inventaron el PIB.

Barroso se otorga un 8,5 en el ranking de felicidad

'Estamos ante una revolución', vaticinó el entusiasta profesor Bruno S. Frey, de la universidad suiza de Zúrich, durante su intervención en la primera jornada de la conferencia 'Más allá del PIB'. Frey se mostró convencido de que la felicidad se puede medir y que, en contra de lo que predican numerosas filosofías y religiones, 'la mayoría de la gente es feliz'. Y como prueba sin pretensiones científicas aseguró que el presidente de la CE, José Manuel Barroso, se había concedido a sí mismo un 8,5 en un baremo de felicidad personal entre 1 y 10. La CE también distribuyó un ranking de 'vida feliz' entre los 27 miembros de la UE en la que, a pesar de las críticas al PIB, se aprecia una cierta correlación entre satisfacción y riqueza. El país más feliz parece Dinamarca, que en términos de PIB es el cuarto. España aparece en el medio de la tabla en ambos indicadores (13 en felicidad y 15 en PIB). Y Bulgaria cierra las dos clasificaciones.