COLUMNA

El mundo ha cambiado

La globalización financiera es un proceso imparable y la sofisticación de mercados, productos y estrategias se extenderá a países hoy menos desarrollados, según la autora, por lo que no es descartable que resulten implicados en las crisis. En su opinión, ello hace necesario una respuesta coordinada de las autoridades

La integración económica y la globalización financieras se han acelerado en las dos últimas décadas y seguramente seguirán avanzando a ritmos importantes. La consecuencia es que países que son considerados emergentes han empezado a ejercer una influencia considerable en la economía mundial. No hace falta más que reconocer la influencia ejercida por China en las exportaciones de muchos países, en la demanda mundial de petróleo o en la balanza de capitales norteamericana.

El cambio en la estructura económica mundial debe ser tenido en cuenta por los responsables de la economía y de las finanzas de los países desarrollados y de los organismos internacionales. Por un lado, porque los países emergentes se pueden convertir en países de importancia sistémica y, por tanto, sus políticas económicas deben ser objeto de consideración. En el periodo de inestabilidad reciente el contagio ha transcurrido desde el mercado norteamericano principalmente hacia el área euro y otros países desarrollados, dejando al margen las economías emergentes.

Pero cada crisis o turbulencia es diferente y no se puede descartar que en otra ocasión estén implicados dichos países, como también ha ocurrido en el pasado. En este caso sería importante que la respuesta de las autoridades fuera coordinada. Incluso ha habido sugerencias como la del presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, sobre la conveniencia de que las cuestiones que sean de relevancia global tengan una respuesta colegiada.

De hecho, cada vez hay más foros internacionales que incorporan a países emergentes, como se puede mencionar, aparte del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, las reuniones de los grupos G-7 y G-8, que han señalado la necesidad de incorporar a los países emergentes a sus reuniones, el grupo G-20, que reúne a países importantes sistémicamente de distinto grado de desarrollo desde 1999 y que ha tratado temas de estabilidad financiera o, en este campo, al Foro de Estabilidad Financiera.

En el episodio de inestabilidad financiera reciente el proceso de contagio abarcó a los productos estructurados complejos y a los hedge funds y, quizá por eso, se concentró en los mercados desarrollados. Nada impide que en otra ocasión los países emergentes resulten afectados por turbulencias originadas en países ricos, de forma que el contagio vaya en la dirección opuesta a las crisis anteriores, por ejemplo en 1994, 1997 o en 1998, con origen en México, los países asiáticos y en Rusia, respectivamente.

Es decir, la globalización financiera es un proceso imparable y la sofisticación de los productos, mercados y estrategias se extenderá a países que hoy muestran un reducido grado de desarrollo. La implicación es que el proceso de vigilancia económica y financiera nunca puede darse por consolidado y que la inevitable interrelación financiera entre países vuelve a avalar el argumento anterior sobre la necesidad de contar con mecanismos sólidos de coordinación de las respuestas de política económica. Esto justifica que las lecciones que se vayan obteniendo de las diversas crisis sirvan no sólo a los países que las sufrieron sino que sean de aplicación general.

Una tercera reflexión que provoca el hecho de la mayor presencia de importantes países emergentes en la escena mundial se refiere a su potencial de creación de la liquidez. En los últimos años, la política cambiaria de China se tradujo en una significativa acumulación de reservas exteriores que se han invertido en activos financieros internacionales, principalmente denominados en dólares. Hay que señalar, por otro lado, que la inestabilidad financiera reciente ha puesto de manifiesto la importancia de la creación de liquidez debido a la estructura de productos financieros complejos, cuya estructura ya conllevaba apalancamiento, o debido a nuevas formas de negocio o estrategias de inversión, con distintos mecanismos de transferencia de riesgo y con apalancamiento también.

En momentos de incertidumbre o falta de confianza sobre la valoración de productos la liquidez puede experimentar una importante contracción, con consecuencias perturbadoras para todo el sistema financiero. El papel evidente y creciente de los mercados financieros en la creación de liquidez y la tendencia imparable de la globalización conllevan a enfatizar aún más la importancia de que todas las lecciones y reflexiones sobre la crisis financiera o las fuentes de inestabilidad cuenten con la participación de las economías emergentes, como así han entendido los diversos foros internacionales sobre estos temas.

Nieves García-Santos. Economista