TRIBUNA

Ajustar la financiación al tejido empresarial

Instituciones y organismos se están convirtiendo en catalizadores de encuentros entre representantes de importantes compañías tecnológicas, firmas de capital riesgo y emprendedores de diversa índole. El objetivo de estas plataformas es poner a disposición de las ideas e innovaciones científicas los recursos financieros para que prosperen. Prueba de estos vínculos entre el capital y el riesgo empresarial ha sido, recientemente, la tercera edición del foro tecnológico Innovate! Europe, que ha dejado interesantes testimonios como que los inversores privados están superando crecientemente las aportaciones institucionales.

En España, el mercado de la inversión privada es incipiente y en los dos últimos años ha empezado a evolucionar. Cada vez son más las iniciativas para el lanzamiento de nuevos negocios. Si el modelo tradicional de inversión de los fondos de capital riesgo es intervenir en las etapas de crecimiento y expansión de una empresa, ahora surgen modelos de inversión y apoyo en otras fases, como el nacimiento o star up (fondos de capital semilla o seed capital). Estas redes de inversores siempre han existido en el mercado, pero es ahora cuando se prodigan, siendo la propia Administración la que favorece su desarrollo y notoriedad.

El cambio principal es que estos fondos se han vinculado al sector financiero y bancario bajo una cultura muy conservadora que, en los circuitos empresariales, se ha simplificado como 'mucho capital y poco riesgo'. Estos fondos siempre han buscado empresas muy consolidadas y con necesidades de inversión muy altas. Hay fondos de capital riesgo que no estudian inversiones por debajo de cuatro millones de euros o entradas en empresas por debajo de 50 millones de facturación. Unas dimensiones desproporcionadas para la realidad de pymes de nuestro tejido empresarial, pero, sobre todo, si no queremos perder ideas y proyectos innovadores que evolucionan en las escuelas e instituciones, además de proporcionar a los emprendedores la posibilidad de convertir en realidad lo que han sido capaces de imaginar.

Ante la necesidad de buscar otros niveles más coherentes con nuestro panorama empresarial y la creciente apuesta por la estrategia de diversificación frente al agotamiento de ciertos mercados y la búsqueda de nuevos sectores de futuro, nos encontramos ante el inicio de una nueva fase de explosión de estas herramientas locales de financiación y apoyo a proyectos innovadores.

Su inspiración son los business angels, figuras más informales de inversores, basadas en una relación más personal y directa, que intervienen en el lanzamiento de proyectos en sus fases más incipientes. El desarrollo y estructuración de estas plataformas canaliza las inversiones de grupos familiares y las inquietudes de muchos empresarios y profesionales. Su aportación no es simplemente financiera, se suma la experiencia, los contactos y el saber hacer que tanto puede complementar el perfil tecnológico e innovador del creador.

La confianza en este tipo de inversores ha cobrado especial protagonismo entre los nuevos emprendedores. Esta confianza ha sido paralela a la evolución de los indicadores de operatividad que se muestran entre las redes europeas: en torno a las 300 plataformas operando en el conjunto de Europa, una media de 11.000 proyectos analizados al año, más de 12.500 business angels inscritos… Indicadores que permiten confirmar que estos inversores han respaldado una media de 500 empresas anuales.

El formato tradicional de este modelo de inversión, que tiene su origen en los años noventa, ha evolucionado, adaptándose a la realidad de nuestro entorno. Además de promover estructuras financieras alternativas, proponen participar directamente en la gestión de la empresa y aseguran su inversión, repartiendo los recursos entre diversos proyectos.

Por una parte, se ayuda al emprendedor a gestionar la empresa para garantizar el éxito y la continuidad del proyecto, aportando mayor valor añadido y garantizado el adecuado uso de los recursos y, por otra, se consolida un fondo de inversión que reparte su capital entre varios destinatarios, diversificando riesgos. Se trata de un modelo más progresista de financiación que, además, incorpora un grupo gestor en el desarrollo del negocio.

Son este tipo de inversiones las que están jugando un papel determinante en la creación de empresas de base tecnológica y, por otra parte, en la consolidación del tejido empresarial del entorno local en que operan. Conscientes de esta realidad son las Administraciones, que, en la actualidad, las apoyan y potencian.

En este marco, proyectos con una gran carga tecnológica que están desarrollándose en parques tecnológicos, universidades y en el ámbito de la investigación en general, pero que necesitan un proceso de adaptación competitiva al mercado, así como un rendimiento comercial rápido y eficiente, encuentran en estos modelos de inversión la oportunidad de sobrevivir.

Tomás Guillén Gorbe.Socio director de Grupo Ifedes