TRIBUNA

I+D+i: la tendencia es ir en compañía

Los acuerdos entre los sectores público y privado han permitido afrontar proyectos de investigación, desarrollo e innovación tecnológica cada vez más complejos, subraya el autor, que pronostica que esta forma de colaboración se acelerará en los próximos años

Afrontar proyectos de investigación, desarrollo e innovación tecnológica cada vez más complejos para obtener nuevos procesos, productos y servicios que garanticen la supervivencia y, eventualmente, el éxito de la empresa es una actividad que tiende a realizarse, en mayor proporción que antes, en cooperación con otras empresas y centros de investigación. Esta tendencia se acelerará en los próximos años.

La literatura económica, que es abundante en este campo, justifica esta colaboración a través de teorías como la de los costes de transacción, organización industrial o gestión estratégica. Estas teorías se ven refrendadas por la evidencia de que en las dos últimas décadas el número de alianzas, consorcios y acuerdos de cooperación en el ámbito tecnológico ha aumentado de manera significativa.

Un ejemplo del incremento de este tipo de convenios entre empresas y organismos de investigación lo constituyen, en España, los proyectos de desarrollo e innovación financiados por el CDTI, en los que no es preceptiva esta colaboración para que la empresa pueda obtener financiación pública. En 1995 sólo un 24% de los 271 proyectos apoyados tuvieron cooperación público-privada, mientras que en 2006 este porcentaje se elevó hasta el 42% de un total de 809 proyectos.

Pero si en el ámbito del desarrollo y la innovación tecnológica el establecimiento de acuerdos público-privados ha ganado en importancia, en los proyectos de investigación industrial estratégica (caracterizados por su alto riesgo, largo periodo de ejecución, fuerte presencia de personal investigador y necesidad de maquinaria y equipos complejos) la exigencia de conocimientos, competencias y medios es tal que hace prácticamente imposible que una única organización pueda aunar todos ellos.

De ahí que países como Australia, EE UU, Francia o España, entre otros, hayan impulsado la investigación industrial a través de programas como el Cooperative Research Centres, Advanced Technology Program, Programme Mobilisateur pour l'Innovation Industrielle o los Consorcios Estratégicos Nacionales en Investigación Técnica, respectivamente.

Estas iniciativas, en las que la investigación juega un papel relevante por el carácter precompetitivo de las mismas y que cuentan con una intensidad de ayuda pública muy elevada, están a caballo entre lo que se denomina en EE UU investigación jeffersoniana, investigación básica centrada en un área en la que existe un problema que afecta a la sociedad o la tecnología, y la investigación baconiana (desarrollo experimental para la Comisión Europea), aplicación del conocimiento existente para la resolución de un problema específico.

Pero el impulso a la I+D+i acometida por consorcios vendrá también de la mano de nuevos programas de fomento de las agrupaciones empresariales innovadoras, que tratarán de estimular los proyectos de desarrollo tecnológico ejecutados por agrupaciones de empresas cuyo objetivo sea resolver problemas comunes a un sector o desarrollar tecnologías novedosas en una o varias comunidades autónomas. Buena parte de los fondos estructurales que España recibirá a través del Fondo Tecnológico en el periodo 2007-2013 se canalizará a través de estos instrumentos, que se pondrán en marcha en el último trimestre de 2007.

Hoy día la tecnología y el conocimiento no están concentrados ni en un laboratorio ni en una compañía, ni tampoco en un único país o área geográfica, sino que están dispersos por universidades, centros de investigación y pequeñas empresas de base tecnológica en distintos continentes. Si el proyecto requiere acudir al líder en un determinado ámbito tecnológico, y ese líder está en Corea o Finlandia, ¿por qué no intentar incorporarlo en el consorcio de I+D? Esta estrategia es practicada con más frecuencia por compañías de otros países europeos, como demuestran los datos de participación en el VI Programa Marco de I+D de la UE: las universidades y organismos públicos de investigación españoles cooperaron con más frecuencia con empresas de otros países europeos (61% de los casos) que con empresas españolas (39%), lo que no es compensado por una mayor colaboración de éstas con universidades extranjeras, lo que se traduce en una fuga de conocimiento neto hacia el exterior.

Por ello, no se pueden olvidar los programas de cooperación tecnológica transnacionales, entre los que cabe destacar el VII Programa Marco de I+D, que acaba de arrancar con 32.413 millones de euros para cooperación, el programa Eureka, la iniciativa Iberoeka y los programas bilaterales que el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, a través del CDTI, ha puesto en marcha con China, India, Corea y Canadá. Existen, por tanto, marcos estables que estimulan la I+D+i en red a través de una financiación muy favorable.

Para finalizar, destacar que la gestión de los consorcios de I+D+i es una disciplina que debe aprenderse y practicarse, estableciendo unos objetivos claros, controles y métricas de seguimiento. Consorcios demasiado grandes o con objetivos dispersos pueden dificultar esta gestión, la cual es clave para el éxito de los proyectos.

Para hacer frente al entorno cambiante, competitivo y global que la sociedad actual vive, las organizaciones deben prepararse con instrumentos que les permitan ganar competitividad, garantizando su crecimiento a largo plazo. Sin duda, una de las herramientas más importantes es la I+D+i, pero no considerada como un proceso endógeno reservado al departamento de investigación y desarrollo, sino como una función abierta y flexible, que puede llevarse a cabo en colaboración con otras entidades, nacionales e internacionales.

Juan Carlos Fernández Doblado. Director de Promoción, Estudios y Servicios Corporativos del CDTI