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Científicos precarios en busca de soluciones

Los jóvenes investigadores piden vigilancia para evitar el desperdicio de recursos públicos en la financiación de I+D.

Cuando un especialista analiza la situación económica de España nunca falta un aviso sobre la insuficiente inversión pública y privada en I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación). Los becarios que sobreviven en el campo científico, más que aumentar la financiación, piden una mayor vigilancia sobre el uso del dinero invertido, para que dé resultados plausibles y no se quede sólo en un frío porcentaje de los Presupuestos Generales del Estado.

Todo ello se desprende del segundo informe Innovacef, realizado por el Centro de Estudios Financieros y la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios a través de una encuesta a 250 becarios sobre una población total de aproximadamente 25.000 jóvenes investigadores.

La palabra que mejor define a los investigadores primerizos es 'desmotivación'. Según Pedro Aceituno, coordinador de los estudios del CEF, ello se explica por las bajas expectativas profesionales. 'Tras un largo proceso de formación y la obtención del título de doctor no resulta fácil encontrar una salida profesional', explica. La edad media de los que consiguen un plaza permanente en un centro de I+D público es de 40 años. Por ello, muchos optan por seguir su carrera fuera de España.

Los encuestados proponen reducir el número de investigadores doctorales para evitar la distorsión actual entre oferta y demanda. Asimismo, piden que se cambien las becas por contratos laborales en condiciones dignas.

Si en el sector público hay carencias, en el privado la inversión en investigación es prácticamente inexistente. Las empresas suelen investigar si antes logran una subvención. Ello provoca el efecto perverso que Aceituno resume así: 'Se contrata a un becario con un salario reducido para que realice algunas actividades que puedan ser presentadas como justificante y se investiga sólo hasta donde llega el dinero de la subvención'. Con este panorama, no es raro que un 73% de los encuestados considere que hay escasas o nulas posibilidades de patentar y un 92% piense que no va a existir una acción comercial que trate de distribuir los nuevos conocimientos.

Para evitar esta situación, los jóvenes entrevistados apuestan por incrementar el riesgo del sector productivo o empresarial con la concesión de más ayudas y al priorizar, a su vez, las empresas que muestren un interés real en I+D+i. Pero hay algo que no se puede cambiar. El tejido empresarial español está formado por pymes de pequeño tamaño y con escasa capacidad para la innovación. Por ello, los jóvenes apuestan por una mayor implicación del capital riesgo y de las entidades financieras.

No todo es negativo dentro del colectivo de los jóvenes investigadores. Aceituno resalta que se ha producido en el último año un incremento de la cooperación de este colectivo con otros socios para llevar a cabo proyectos de I+D+I multidisciplinares. Precisamente, ese el camino, según la CEF, 'para resolver la complejidad que ofrecen los problemas en la actualidad'.

A pesar de que, según la encuesta, el futuro de los jóvenes científicos es poco halagüeño, el coordinador de estudios del CEF asegura que 'realizan un gran trabajo que podría ayudar en la reducción o eliminación del elevado déficit exterior español, y en la necesaria diversificación sectorial que tendrá que producirse en la industria, una vez que se compruebe que el modelo de crecimiento económico basado en la construcción empieza a agotarse'.

Mientras esto no sucede, aún parece que la tan manida frase de Unamuno, 'que inventen ellos' sigue vigente en el país que inventó la fregona y el chupa chups. Por ahora, España, en innovación, está al mismo nivel que Croacia y por detrás de países como Polonia o Bulgaria, según una clasificación de la Unión Europea.