COLUMNA

Ayer y hoy del ciclo y la tendencia en la Economía

La tendencia a largo plazo engloba muchos ciclos que, a su vez, tienen fases que transcurren por encima y otras que se quedan por debajo. Se suele separar el estudio del ciclo, reservado al análisis coyuntural, del de la tendencia, conocido como crecimiento y/o desarrollo. La coyuntura se intenta modificar con medidas de política económica y fiscal que, en general, producen débiles resultados inmediatos que poco después se pierden disipados en forma de aumento de precios o de expectativas incumplidas, pero que sirven para hacer ver que se hace algo. El ciclo se hace más inclinado y largo con medidas que ahora se denominan reformas estructurales, como la mejora de la justicia, la profundización de la competencia, el equilibrio presupuestario del sector público, los incentivos y facilidad para crear empresas y, de forma especial, el progreso técnico y su difusión.

La situación de bonanza económica se mantiene en España a lo largo de 14 años ininterrumpidos de creación de empleo y elevada inversión compatible con (o gracias a) la consolidación presupuestaria del sector público. Curiosamente, no hay ciclos de esta duración; los hay, mejor o peor detectados y descritos, de 40 meses (Kitchin), de 6-8 años (Jutglar) o de 50-60 años (Kondratief), unos tratan de la reposición de stocks, otros de las grandes oleadas de progreso técnico y todos pretenden detectar pautas estables en los cambios que se registran en el nivel de actividad económica. Como causas se han apuntado la sobreinversión y el subconsumo, los cambios en la actividad crediticia y las manchas solares, sin que se lograra ningún consenso. Más aún, algo importante como el progreso técnico ha dejado de considerarse un factor exógeno para integrarse en la actividad empresarial, con lo que deja de ser episódico para tener continuidad y generalizarse a todas las actividades y países.

En lo que va de siglo, la influencia más importante corresponde a cambios estructurales como la entrada en el mercado mundial de China, India y otros grandes países asiáticos que alteran las regularidades -reales o presuntas- en el nivel de empleo y actividad. Otro factor crucial es, en la UE, la independencia de los gestores de la política monetaria y el hecho de estar en lo que se ha llamado un mar de liquidez sin grave impacto en el nivel de los precios de artículos de consumo, lo que habría confortado, y también frustrado, a los teóricos de diferentes teorías monetarias, desde la currency school y la banking school hasta la más antigua y menos controvertida teoría cuantitativa del dinero.

A primera vista parece como si se pudiera aumentar la oferta monetaria impunemente, esto es, manteniendo tipos de interés bajos y sin aumentar el IPC. Sin embargo, la cantidad de medios de pago generados cuenta y presiona al alza. Lo que ocurre es que hay factores que la contrapesan, como es la entrada de mercancías procedentes de países de bajo coste que permiten que los bienes de consumo se abaraten, pero los bienes de inversión, como la vivienda o los valores bursátiles, siguen subiendo. El hecho de que un efecto se demore no significa que los factores que lo causan hayan dejado de existir; si se sujeta una piedra no caerá, pero la gravedad continúa ejerciendo su fuerza y obliga a contrarrestarla. Lo mismo ocurre con el crecimiento del crédito que no puede darse sin afectar a su coste, o a su solvencia.

Con tipos de interés artificialmente bajos obtenidos gracias a la expansión monetaria, o sea, que en buena parte permiten dar créditos no procedentes de ahorros previos, se pueden financiar inversiones que no obtendrían recursos en condiciones normales. Estas situaciones tienen una duración limitada, entre otras cosas porque puede perderse el control del crédito o los ahorradores se cansarían de tener rendimientos reales ínfimos o negativos. Cuando se vuelve a tipos razonables y el grado de riesgo se expresa en una prima, esas inversiones dejan de ser viables, se producen impagados y parte del capital acumulado se pierde. Así es como la expansión monetaria excesiva produce los ciclos, no es por poco consumo o exceso de iniciativas, sino por mala inversión y porque el cálculo económico que ha de tener en cuenta la escasez relativa de factores se ve distorsionado.

El interés bajo es popular y los Gobiernos lo favorecen. Si la situación se hace tensa se puede prolongar con más expansión crediticia, pero no se puede prolongar eternamente porque se basa en papel, sea papel moneda o talonarios de cheques. Se ha aprendido a hacerlo durar pero, igual que ocurre con el crédito, hay un fin que suele generarse por factores accidentales que son tanto más difíciles de corregir cuanto más dilatada ha sido la expansión previa.

Joaquín Trigo. Director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional