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Unión Europea

Cuatro países se han negado a seguir las directrices de Kroes en grandes fusiones

Al menos cuatro países (España, Italia, Polonia y Bélgica) se han rebelado contra la autoridad exclusiva de Bruselas sobre grandes fusiones empresariales. La tendencia amenaza la centralización pactada en 1990.

Desde que entró en vigor hace 17 años el reglamento europeo de fusiones, el dictamen favorable de Bruselas a una operación faculta a las empresas para llevarla a cabo sin soportar injerencias por parte de ningún Estado. Ese axioma se está resquebrajando. En los dos últimos años, varios países se han rebelado contra la autoridad europea de competencia, inmiscuyéndose en operaciones que habían recibido el visto bueno en Bruselas.

Las propias empresas afectadas, en un signo de adaptación a los nuevos tiempos, se han plegado e, incluso, negociado, las condiciones impuestas por las capitales.

Eso fue lo que hicieron, por ejemplo, el banco alemán HVB y el italiano Unicredito cuando Polonia se interpuso en 2005 en una fusión autorizada ya por la CE.

El Gobierno belga tampoco dudó el año pasado en negociar con las empresas francesas Suez y GDF para garantizar que su fusión no dañaba el mercado energético de su país.

Eon, por su parte, se ha resignado a los requisitos impuestos por el Gobierno español a su opa sobre Endesa, a pesar de que la operación recibió el visto bueno incondicional de la CE.

Italia, por último, obvió el hecho de que Bruselas autorizase la fusión de Abertis y Autostrade y decidió someter la operación a todo tipo de incertidumbres legales hasta el punto de que las empresas renunciaron al proyecto.

La Comisión advierte que la ruptura de la unidad de la política europea de fusiones acabará dañando al mercado. 'Si un estado desprecia la legislación comunitaria no puede esperar que los otros la respeten', subrayan en la dirección general de Competencia. Hasta finales de 2004, en efecto, la Comisión se había pronunciado sobre 2.706 operaciones de dimensión comunitaria sin que ninguna capital se atreviese a objetar su veredicto.

Pero incluso esa supuesta infalibilidad se vino abajo el año pasado. Por primera vez en la historia de la política comunitaria de competencia, un país (Polonia) impugnó ante el Tribunal de Justicia europeo la autorización de una fusión. Varsovia acusa a Bruselas de no haber evaluado adecuadamente el impacto en el mercado polaco de la fusión HVB-Unicredito.

Y hacia los tribunales también se encamina el enfrentamiento entre Madrid y Bruselas por la opa de Eon.

Ambos casos servirán para juzgar la credibilidad de la CE como autoridad de competencia. Si los pierde, verá mermada su capacidad para imponer condiciones, sobre todo, cuando se trate de empresas extracomunitarias.

En el pasado, Bruselas se ha permitido abortar fusiones planteadas por gigantes estadounidenses (como General Electric y Honeywell). Pero el desacato, si no se ataja, puede saltar pronto las fronteras comunitarias.

La comisaria no logra afianzarse en el cargo

El desacato de las capitales en materia de fusiones ha coincidido con el relevo en la cartera de Competencia. Los dos últimos comisarios, Karel van Miert y Mario Monti, llegaron al cargo después de haberse labrado un reconocido prestigio en otras carteras de la CE.El nombramiento de Neelie Kroes en 2004, en cambio, se vio ensombrecido por una agria polémica sobre su pasado empresarial. La gestión errática de Kroes de algunos expedientes, como la intentona de hacerse con el control de la fusión de Endesa y Gas Natural, tampoco ha contribuido a aumentar su credibilidad.La rebelión contra Bruselas también se ha visto alentada por la ampliación de la UE, que ha aumentado la disparidad entre países, o la crisis institucional provocada por el descarrilamiento de la Constitución europea.

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