COLUMNA

Las nubes se cargan allende el Atlántico

El debilitamiento del mercado estadounidense y la fuerte apreciación del euro van a tener efectos negativos sobre la recuperación en la UE y van a dificultar el cambio del modelo de crecimiento en España, según el autor. Los últimos datos del Banco de España avalan, en su opinión, la inmutabilidad de este modelo.

Las nubes que se ciernen sobre la moneda norteamericana son más negras que nunca, pues jamás se había dado una constelación de factores tan desfavorables para el billete verde. La fuerte desaceleración del PIB norteamericano a una tasa anual de sólo el 2% en el tercer trimestre del 2006 se debió en parte al declive de la industria del automóvil, pero sobre todo a una caída en la construcción de viviendas que restó 1,2 puntos a ese crecimiento y que parece se va a acelerar a juzgar por la de los permisos de construcción del 30% anual en noviembre. Además, aunque la vivienda no tiene un gran peso en la economía, ha incitado considerablemente al consumo privado, pues la refinanciación de los préstamos hipotecarios ha permitido unas ganancias de capital destinadas en gran parte al consumo. Esa fuente de financiación ha sido eliminada por la fuerte subida de los tipos de interés y la caída de los precios de las viviendas que se ha iniciado.

Así se explica que los tipos a largo plazo, ahora en el 4,4%, sean inferiores a los a corto -5,25%-. Esta inversión de la curva de tipos que en el pasado auguraba un debilitamiento de la economía se ha mantenido ya durante cuatro meses. En resumen, se podía decir que la desaceleración de la economía norteamericana no es episódica y si a los temores fundados de que tenga un aterrizaje brusco se añade que el colosal y continuado déficit corriente exterior ha llevado a un pasivo exterior en dólares próximo a los cinco billones, frente a poco más de billón y medio cinco años antes, se comprende la reciente y significativa depreciación del dólar. Su paridad efectiva nominal cayó a su nivel más bajo desde 1997 y frente al euro quedó cerca del récord de 1,36 en diciembre 2004.

Y todo hace pensar que va a proseguir su caída. El diferencial de crecimiento con Europa se está reduciendo y con la subida de tipos a éste lado del Atlántico también se está reduciendo ese diferencial.

El debilitamiento del mercado norteamericano, adonde va el 20% de las exportaciones europeas, y la fuerte apreciación del euro van a tener efectos negativos sobre la recuperación que parece iniciarse en la UE. También va a dificultar el necesario cambio del actual modelo de crecimiento de la economía española, que requiere mayores ventas al exterior y menos actividad constructora. Y los datos que publica el último Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España muestran la inmutabilidad de ese modelo. El crédito a empresas de construcción y promoción inmobiliaria crecía el pasado septiembre un escalofriante 40% anual, después de haberlo hecho a tasas superiores en los tres años anteriores.

Hay una llamada de alerta sobre el riesgo de que esos 'fuertes crecimientos acaben traduciéndose en una elevada morosidad cuando la posición cíclica empeore significativamente', y no se diga con una subida continuada del tipo de interés. Pero esta advertencia probablemente sería más eficaz si se acompañase del dato del peso de todos los créditos a la construcción, incluyendo la adquisición de viviendas en la cartera crediticia de bancos y cajas, que en junio de 2005 era ya el 60%, según el número 12/05 de dicha publicación. Y sólo se puede pensar en una razón para explicar el olvido de un dato tan importante.

Como contraste a esta continua euforia constructora, las exportaciones han vuelto a dar muestras de debilidad después de un prometedor comienzo de año. Como prueba del deterioro de la competitividad, las exportaciones en volumen a la zona euro crecían en enero-septiembre sólo el 2,1%, frente a un aumento del 6% de las importaciones en volumen de esa zona.

Podría pensarse que la mejora de un punto porcentual en la subida del IPC a lo largo de 2006 (2,7%) respecto a la del 2005 augurase ese esperado cambio de modelo, pero el aumento medio anual, que es el que mide la verdadera variación del índice, reduce esa mejora a sólo dos décimas de punto.

Del mismo modo, y como resultado de la variación del IPC en los 12 meses a noviembre (2,6%), frente al 2% previsto, los pensionistas han recibido una compensación del 0,6% de sus pensiones. Como el verdadero aumento de precios que han soportado en ese periodo fue el 3,6%, los pensionistas han sufrido una pérdida en su renta real, después de la compensación de nada menos que del 1%. Pero quienes han sufrido todavía más las consecuencias de este absurdo método de cálculo de la variación anual del IPC, por su aleatoriedad, han sido los millones de preceptores de pensiones de entre 500 y 700 euros al mes, que probablemente dedican más del 50% de sus ingresos a la alimentación, componente del IPC que ha subido el 4%.

El Estado pudo reducir así en casi dos tercios lo que hubiera tenido que pagar para compensar el verdadero aumento de los precios. Los pensionistas desconocen las causas de las estrecheces que muchos han debido pasar, pero de conocerlas es dudoso que diesen por bien empleados los centenares de millones de euros con que sin saberlo han contribuido a mejorar las cuentas públicas.

Anselmo Calleja. Economista y estadístico