Joseph Stiglitz

'Hay que crear una divisa mundial para las reservas'

Economista liberal (en el sentido anglosajón), defiende la intervención selectiva de los Gobiernos para corregir fallos en los mercados. En su último trabajo propone crear una nueva moneda de referencia para las reservas, respaldada por las nacionales, que genere confianza y libere capitales.

Obtuvo el Nobel hace cinco años, por su trabajo sobre el impacto de la información asimétrica en las decisiones económicas. Profesor de Economía de la Universidad de Columbia (Nueva York, EE UU), Stiglitz ha participado en la última edición de ExpoManagement, en Madrid, y en noviembre se publicará en España su último libro: Making globalization work (Hacer que la globalización funcione).

¿Cuáles son sus recetas para lograr ese objetivo?

Múltiples. Abarcan ámbitos como comercio, propiedad de las materias primas, medio ambiente, deuda, reservas, estabilidad financiera... Lo fundamental es reformar el sistema financiero global.

¿De qué modo?

Creando una moneda global para la acumulación de reservas. El dólar, referencia hasta hoy, pierde credibilidad día a día, en parte por el desequilibrio comercial de EE UU. Los bancos abandonan el dólar, lo que crea una dinámica negativa para la estabilidad. Debemos ir hacia una moneda global respaldada por las nacionales para recuperar la confianza.

¿No debería ser ésa una competencia del Fondo Monetario Internacional?

El problema es que hoy en día pocos países quieren acudir al FMI. Las crisis financieras del sureste asiático, de México o de Argentina están todavía frescas en la memoria, así que los países prefieren acumular reservas. Por eso se han acumulado unas enormes cantidades de capital inactivo: cerca de 700.000 millones de dólares cada año.

¿Cómo puede movilizarse?

Lo fundamental es crear confianza, de forma que buena parte de ese capital actualmente estancado pueda ser utilizado para invertir, que es la única forma de construir un desarrollo sostenido. Y esa confianza se logra con el apoyo de las distintas monedas nacionales. En definitiva, pasar del sistema de bancos nacionales a uno a nivel mundial, que sea capaz de generar estabilidad -algo que el dólar ya no garantiza- y equidad.

Hace dos años nos advertía de los déficits gemelos de EE UU como una de las grandes amenazas a la estabilidad global. ¿Han mejorado algo?

Sí y no. El desequilibrio presupuestario se ha reducido ligeramente, pero el déficit comercial sigue creciendo. Y, en cuanto al primero, hay una gran cantidad de déficit oculto. Hemos estudiado el coste de la guerra de Irak, que asciende de 1.000 a 2.000 millones de dólares, casi todo sin presupuestar. Hay cientos de soldados con lesiones permanentes que conllevarán gastos sanitarios para el erario público durante el resto de su vida. Son obligaciones que no se tienen en cuenta en el balance. El Gobierno de George Bush ignora la realidad fiscal y sigue proponiendo recortes impositivos permanentes. Por suerte, el Congreso es algo más responsable.

¿Y en el otro lado del Atlántico? ¿Ha entrado por fin la Unión Europea en la senda de la recuperación?

Europa lleva muchos años registrando fluctuaciones en su actividad productiva, y entró en el siglo XXI con una situación complicada desde el punto de vista económico. Con los datos reales y los índices de confianza que vamos conociendo, creo que finalmente está empezando a recuperarse. Desde hace un par de años, las autoridades están centrando su análisis en los problemas estructurales -que los hay, y muy importantes, en términos de rigideces de mercados-. Sin embargo, a mi juicio no se ha valorado lo suficiente el componente coyuntural de la escasa demanda agregada.

¿A qué cree que se deben las últimas bajadas registradas en las Bolsas mundiales?

Tienen un componente de corrección después de meses de calentamiento, aunque también son reflejo de los desequilibrios globales. Estamos en un periodo extraño: se habla del peligro en los mercados de activos, de los desequilibrios comerciales, y sin embargo las acciones están caras. Ahí entra la corrección, pero no debe olvidarse el problema fundamental: los mercados están perdiendo confianza en el dólar, la moneda de referencia.

'La nacionalización petrolera en Bolivia no creará desinversión'

Stiglitz acaba de regresar de Bolivia, donde ha estudiado la situación del país andino a raíz de la elección de Evo Morales. Reconoce algún defecto de forma en la nacionalización de las explotaciones petrolíferas, pero comparte el fondo de la decisión: 'El sistema anterior no era justo, como demuestra el hecho de que el precio de la energía se ha triplicado en los últimos años y no ha mejorado el nivel de vida de los ciudadanos de Bolivia', explica. 'Los contratos se cerraban en secreto, sin la requerida aprobación por el Congreso. Es un fenómeno repetido en muchas privatizaciones llevadas a cabo en América Latina, en las que ha primado la corrupción. Ha pasado hasta en Estados Unidos: las petroleras hicieron trampas en Alaska, quedándose algunos centavos de dólar por cada barril extraído. Lo denunciamos, y hemos recuperado 1.000 millones de dólares sólo por ese concepto'.

El economista no cree que la nacionalización derive en una desinversión extranjera. 'El Gobierno ha sido explícito: los inversores que decidan quedarse después de renegociar los contratos tendrán un rendimiento, aunque más equitativo que el actual. Además, hay que recordar que Morales hizo de la nacionalización su bandera electoral, y su pueblo lo apoyó'.