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La factura de los excesos de la política monetaria

El mercado teme que los bancos centrales vayan ahora demasiado lejos en su afán por corregir la abundancia global de liquidez

Hay que asumirlo: la era de los tipos de interés reales negativos toca a su fin. En poco más de seis meses, el precio del dinero ha pasado en la zona euro del 2% al 2,75% y el euribor a 12 meses ya empieza a descontar rangos que se aproximan al 3,5%. Pero el hecho es que durante los últimos años, por diversas razones, los principales bancos centrales del mundo condujeron los tipos de interés a niveles que los expertos consideran de emergencia, generando con ello el enorme volumen de liquidez que ha provocado fuertes presiones inflacionarias a toda clase de activos, desde los inmobiliarios (España es un contundente ejemplo de ello) hasta las materias primas, pasando lógicamente por la renta variable. Ahora llega el turno de pagar los platos rotos por estas políticas monetarias acomodaticias o estimulativas. La Bolsa ha sido la primera en sentirlo. El último mes ha interrumpido, con una corrección del 10%, una racha alcista que ha durado más de tres años en el Ibex. Los mercados han frenado el ritmo de caída en las últimas sesiones, pero la incertidumbre está servida.

'Nos encaminamos hacia una época de menor crecimiento y más inflación', explica Arlo Carrió, analista de Sabadell Banca Privada. 'Hay riesgos de una desaceleración en EE UU que puede impactar en Asia y Europa y peligros inflacionarios que ya están presentes en la economía americana. Si los bancos centrales reaccionan, será a costa de menor crecimiento', añade Carrió. 'La clave es la inflación. Si la Reserva Federal tiene que ir más allá del 5,5% ahora los tipos están al 5% para controlarla, entonces puede empezar a dañar a un consumidor que ya está muy endeudado y cuyo soporte ha sido hasta ahora un mercado inmobiliario que ya está desacelerándose', completa el experto de Sabadell Banca Privada. La Fed se reunirá los próximos días 28 y 29 para decidir sobre los tipos de interés.

Los últimos datos conocidos en EE UU acentúan el pesimismo. No sólo se ha estancado la producción industrial, sino que el IPC general y la inflación subyacente alcanzaron en mayo el máximo del año, al situarse respectivamente en el 4,2% y 2,4%. Si bien, eso sí, el último informe de la Universidad de Michigan, publicado el viernes, reflejó un buen repunte de confianza del consumidor.

El gasto de los estadounidenses es fundamental para Europa, ya que la falta de pulso del consumo doméstico fuerza a la economía a crecer a base de exportaciones y EE UU es el principal cliente de la industria europea.

Reasignación de carteras

Los economistas recuerdan, no obstante, que pese al nerviosismo del mercado, las previsiones de crecimiento siguen siendo saludables. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica una cierta desaceleración para el año que viene, pero las tasas de expansión del PIB se mantendrán sobre el 2% para la zona euro y Japón y volverán a superar el 3% en EE UU. 'El ciclo actual aún está liderado por la inversión y las empresas sólo invierten cuando tienen buenas expectativas', subraya José Carlos Díez, de Intermoney. La caída reciente de las Bolsas responde más a una reasignación de las carteras que a un mal panorama económico. Había un exceso de apalancamiento en activos con riesgo y ahora los inversores viran hacia la calidad', afirma José Carlos Díez.

'Las Bolsas descuentan expectativas y lo que han descontado en EE UU es un miedo a una ralentización económica basa en el temor a que la Fed se pase de largo, ya que las constantes presiones inflacionarias invitan a pensar que los tipos tendrán que llegar al 5,5%', resume Jesús Muela, de GVC Valores. La Fed ya ha lanzado un mensaje claro a los inversores: 'Estamos al final de un periodo de excepcional certidumbre'. Llega el tiempo de lo impredecible.

El regreso del fantasma de la estanflación

Ahora tenemos lo peor de los dos mundos. No sólo inflación por un lado o estancamiento por otro. Tenemos algo así como una estanflación', de esta forma definió en 1965 el político británico Iain MacLeod una de las mayores amenazas de la economía en los últimos cuarenta años.

El ímpetu de las materias primas (el petróleo ha subido casi un 90% en dos años) ha despertado el temor a que los bancos centrales intenten refrenar la presión inflacionaria con una escalada en los tipos de interés, que bien podría desembocar en una recesión económica, al disparar el coste de la financiación.

¿Volveremos a ver a los hoteles Sheraton de Londres apagando la calefacción y repartiendo mantas, como ocurrió en la crisis de los ochenta? De momento parece que no. 'Los que temen la inflación, olvidan el poderoso viento deflacionario de la globalización', advierte Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley. Es cierto, China lleva años exportando deflación al mundo entero.