Tendencias

La moda urbana manda en Cibeles

Tras cuatro días de desfiles, la 42 edición de Pasarela Cibeles cerró ayer sus puertas con las propuestas para el próximo verano. Como manda la tradición, lo hizo de la mano de los jóvenes diseñadores y tuvo como triste protagonista al diseñador Juanjo Fiz.

El modisto vasco, bajo la marca Ion Fiz, no pudo presentar ayer la colección que había preparado por conflictos económicos con su socia Cristina Ventura. Para evitar su ausencia y cumplir con el compromiso adquirido con los organizadores de Cibeles, Fiz logró reunir prendas representativas de cada una de las colecciones que en ediciones anteriores llevó a Cibeles. Esta improvisada retrospectiva fue lo que se vio ayer en la pasarela. Según declaró Fiz tras el desfile, espera llegar a un acuerdo con su socia en la próxima semana.

No sólo por este hecho el escaparate de la moda madrileña ha dejado bien claro que detrás de la creación hay un negocio que no pasa por su mejor momento. El miércoles, los jóvenes diseñadores dijeron a la ministra de cultura, Carmen Calvo, que también ellos quieren subvenciones como los diseñadores consagrados bajo la Asociación de Creadores de Moda de España. Al tiempo, su presidente, Modesto Lomba, ha propuesto que Pasarela Cibeles se llame Madrid Fashion Week. ¿El motivo? 'La realidad de los negocios y la necesidad de lograr una comunicación lo más rápida y directa posible', según ha declarado.

Del lado de la creación, el verano será más urbano que playero pese a los imponentes bikinis de Andrés Sardá. Los pantalones por debajo de la rodilla se vieron en muchos desfiles, sobre todo, bombachos. Botas vaqueras, turbantes en forma de lazada (Amaya Arzuaga) o en sombrero (Duyos) y bolsos baguette en paja se perfilan como los complemento estrella. Minifladas y shorts alternaron con faldas en forma de 'A' hasta la rodilla.

Las cinturas se mantienen en la cadera, pero la tela sube en abanico (José Miró) e incluso llega hasta el pecho en talles imperio. Las tres debutantes , Juana Martín, Carmen March y Anke Schlöder se reafirmaron en sus estilos y gustó especialmente esta última quien con aire barrocos marcó la diferencia. El clásico premio L'Oréal, dotado con 6.000 euros, fue en esta ocasión para José Miró.