Pequeños gigantes

Styb, tinta líquida para cien millones de bolígrafos

Produce 100 millones de bolígrafos, de los que más de la mitad van cargados con tinta líquida. Sólo seis compañías en el mundo poseen esta tecnología, con la que se escribe con una presión ocho veces menor a la habitual.

Siempre trabajando y batallando. El presidente de Styb, Eduardo Sánchez, bromea diciendo que éste es el significado del acrónimo de la empresa. En realidad asegura que el nombre se le ocurrió cuando la compañía, cuyo anterior nombre era Jabalina Industrial, empezó su actividad exportadora hace veinte años. 'Pensamos que la s líquida y la y griega le daban un tono anglosajón que mejoraba la imagen de los productos en el exterior'.

Sin embargo, la broma no parece muy lejana de la realidad si se hace un repaso histórico a la actividad de la empresa. Fundada en 1948 por Juan Sánchez, padre del actual presidente, Styb fue creada como un taller de reparación de plumas estilográficas con un capital social de 9.000 pesetas y se ha convertido, casi sesenta años después, en uno de los seis fabricantes mundiales (los restantes cinco son empresas japonesas) que poseen la tecnología necesaria para producir bolígrafos de tinta líquida.

¿Cómo se fraguó este cambio? En primer lugar, gracias al empuje del fundador, que consiguió por los 50 los primeros grandes contratos, como el firmado con la Cooperativa de la Guardia Civil de Albacete para suministrarles cien unidades a 40 pesetas cada una.

Pero el gran cambio vino con la experiencia traída por el presidente de Styb, Eduardo Sánchez, que emigró a Francia muy joven y allí aprendió la técnica de inyección de plástico en las empresas de flores de plástico. Estaba obsesionado por convertir el pequeño taller de su padre en una gran empresa y por este motivo trasladó el negocio familiar a un polígono industrial y empezó a implantar la tecnología de inyección de plásticos en el proceso de creación de los bolígrafos.

A pesar de las crisis que tuvo que superar por el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, que provocó el cierre de las 20 empresas que fabricaban bolígrafos en España, Styb consiguió sobrevivir gracias al regalo publicitario y a la producción masiva. 'El bolígrafo es alta tecnología a precio de baratija, por lo que el mercado está acostumbrado a la ganga y ésta sólo se consigue con la producción a gran escala'.

Desde hace diez años, la compañía ha puesto sus esperanzas en los bolígrafos de tinta líquida, que pasan por un proceso propio de producción integrada, es decir, que las máquinas, los procesos y las tecnologías que se utilizan en su fabricación son propiedad cien por cien de Styb. La compañía vende 100 millones de unidades al año, de los que la mitad son bolígrafos convencionales y la otra mitad son roller o subrayadores de tintan líquida. Según los datos aportados desde el departamento de I+D de Styb, las principales ventajas de estos últimos es que requieren ocho veces menos presión que un bolígrafo convencional, se deslizan con mayor facilidad y permiten un trabajo más descansado a la mano. Esto les ha permitido abrir otras vías de negocio como el bolígrafo publicitario, del que han empezado a sacar grandes partidas para mayoristas y centros comerciales.

Datos básicos:

Ventas:

Fundada en 1948 con un capital social de 9.000 pesetas, vende en la actualidad cien millones de unidades en todo el mundo. En España tiene una cuota de mercado del 30% y la exportación es uno de los grandes fuertes de la compañía desde que empezó a vender bolígrafos con tecnología propia en 1984. Exporta a más de cien países y ha obtenido una facturación estable de 12 millones de euros en los últimos años.

Instalaciones

La sede central de la compañía se encuentra el polígono industrial de Campollano (Albacete), donde tiene una nave con una superficie construida de 15.000 metros cuadrados en la que trabajan de forma directa 130 empleados y unos 300 de forma indirecta, a pesar, subrayan desde la compañía, del alto grado de automatización de la compañía. Tiene una delegación en Barcelona.

Productos

En Styb se fabrican todo tipo de útiles para la escritura: se diseña y fabrica el bolígrafo, la serigrafía con la que se estampa y el envase en el que se vende. Los más baratos pueden tener un precio de fábrica de 6 céntimos de euro, mientras que los más complejos pueden llegar a 1,5 euros. Los bolígrafos tienen dos canales de comercialización diferentes: el de papelería, a través del cual vende material de escritura para particulares en tiendas y grandes superficies, o a través de venta por catálogo para grandes empresas, y el del regalo publicitario, donde las empresas personalizan bolígrafos para regalárselos a sus clientes. Entre los principales acuerdos destacan los firmados con Alcampo o Hipercor.

Cinco plásticos y hasta ocho piezas

Aunque pueda parecer sencillo, el proceso de fabricación de un bolígrafo es bastante complejo. Para determinar qué bolígrafo se quiere construir hay que tener en cuenta tres puntos primordiales: la materia prima, los moldes y las máquinas.

En Styb utilizan cinco plásticos diferentes (AVS, polipropileno, policarbonato, poliestileno y poliamida), que se almacenan en forma de grano en unos grandes silos situados en el principio del proceso de producción. Estos granos son mezclados a su vez con otros que aportan el color que se quiere y la mezcla fundida va pasando por los distintos moldes de la sala de inyección.

Cada máquina inyecta sobre el molde el plástico a una temperatura de 120 grados centígrados y se encarga de hacer el recorte de la colada, es decir, de dejar preparada la pieza: una carcasa, un capuchón, una pieza para sacar la punta...

Los moldes también varían en función del tamaño de la pieza; hay moldes con 32 cavidades, con lo que el proceso de fabricación de esa pieza es mucho más rápido, mientras que otros apenas tienen cuatro cavidades.

Estas piezas terminadas son las que posteriormente se meten en la línea de ensamblaje para irlos montando uno sobre otro; en el caso de los más sencillos, no suelen tener más de cuatro piezas, mientras que los más complejos pueden llegar a tener ocho piezas distintas.

En la línea de ensamblaje, los bolígrafos cargados con tinta líquida pasan un minuto y medio dando vueltas para que la tinta almacenada suba desde el depósito al regulador y garantice una correcta escritura. Durante ese tiempo, la punta del bolígrafo pasa de estar blanca a tener color al final del minuto y medio.

Antes y después de todos los procesos está el trabajo del departamento de I+D, que renueva el diseño de los bolígrafos y las estampaciones, y del departamento de calidad, que se encarga de controlar la calidad de todos los bolígrafos y de comprobar la vida útil de los mismos, agotándolos al hacerles escribir en grandes bobinas de papel.