COLUMNA

Las reformas en Europa

Las economías europeas necesitan reformas estructurales, según se puede deducir de la elevada tasa de paro, escasa participación laboral y reducida productividad. Entre las causas que pueden explicar una productividad baja se encuentran la permanencia de barreras a la competencia, a la reasignación de recursos y a la innovación.

La OCDE ha publicado un estudio en febrero de 2005 (Número 419: Product market regulation in OECD countries: 1998 to 2003, realizado por Paul Conway, Véronique Janod y Giuseppe Nicoletti) en el que se recoge cómo han aumentando las medidas anticompetitivas entre 1998 y 2003. España se encuentra por encima de la media en medidas anticompetitivas, pero es superada por Francia e Italia, entre los países grandes de la Unión Europea.

Avanzar en las reformas estructurales es una necesidad. Por un lado, el desempleo supone una presión sobre los Presupuestos que, además, se hace creciente según envejece la población. Por otro lado, las medidas estructurales mejorarían la resistencia de las economías ante perturbaciones imprevistas y constituirían un apoyo al crecimiento sostenido. En este punto, cabe introducir el comentario que el último indicador adelantado de actividad económica para los 12 países del área euro realizado por el Centro para la Investigación de la Política Económica (CEPR), ha mostrado en junio una nueva desaceleración, y se ha situado en el menor nivel desde diciembre de 2001. Esta situación no es homogénea entre los países europeos. En el área euro hay diferencias en los output gaps, es decir en la distancia del crecimiento económico actual y el potencial. Estas diferencias señalan que los países tienen distinta capacidad de ajustarse a los shocks y distinta respuesta a los cambios en la política monetaria.

España está por encima de la media en medidas anticompetitivas, pero es superada por Francia e Italia

Las reformas estructurales son difíciles de llevar a cabo porque suponen el fin de rentas económicas de un grupo de agentes económicos, que generalmente tienen capacidad de lobby. Su justificación, además de los efectos de ajuste macroeconómico, es que esa políticas conllevan mejoras en las rentas de un grupo más amplio de la población, aunque más difícil de identificar. Por tanto, también de forma estática mejoraría el bienestar social.

Las principales reformas estructurales se refieren a los mercados de trabajo, de productos y de mercados financieros. En estos casos, la Unión Económica y Monetaria (UEM) parece haber ejercido un incierto efecto positivo. Así se destaca en un trabajo presentado recientemente en unas conferencias sobre el tema organizadas por el Banco Central Europeo (The effects of EMU on structural reforms in labour and product markets, realizado por Romaní Duval y Jorgen Elmeskov, junio 2005).

Durante la última década, los países del área euro han llevado a cabo más reformas estructurales que el resto de países de la OCDE. La influencia no parece venir ni por la necesidad más imperiosa de llevar a cabo estas medidas para disfrutar de las ventajas del área, ni por proporcionar la pertenencia a la UEM un apoyo político a las medidas más difíciles. Parece que la influencia positiva ha provenido de una mayor facilidad de ajuste vía comercio intraeuropeo. Entre las conclusiones que obtienen los autores se destaca la importancia de disfrutar de una posición fiscal saneada, ya que proporciona un margen de maniobra para poder compensar a los agentes perdedores, y la autoalimentación de las reformas. Así parece que la población puede ir percibiendo los beneficios y que, por otra parte, el hecho de plantear medidas sobre distintos ámbitos hace más fácil que los afectados por un grupo de medidas las acepten a la vista de que el ajuste será global.

Un hecho a destacar es que las economías pequeñas y abiertas también han llevado a cabo reformas estructurales en las ultimas dos décadas, con independencia de su régimen de política monetaria. Esto es así porque estas economías son abiertas y tienen capacidad de ajustar los efectos sobre los recursos productivos vía comercio exterior.

En los países grandes y aislados, los ajustes a las políticas estructurales se suelen hacer vía política monetaria, y si este camino no es posible, se tienden a evitar. En este punto, parece que los países miembros de la UEM, dado que no pueden utilizar de forma autónoma la política monetaria, podrían dejar de tener interés en las medidas estructurales, una vez que se agote la vía intraeuropea. El camino para avanzar en las reformas estructurales parece depender de que exista un estímulo mutuo entre los países para llevarlas a cabo y, dado que el espíritu europeo está en horas bajas, el futuro parece incierto.