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Comer en hoteles de cinco estrellas

Afortunadamente se está superando la denostada fama que tienen los grandes hoteles a la hora de comer. Las cadenas hoteleras se han dado cuenta de que la gastronomía es un valor añadido, no sólo por imagen, sino porque fideliza la clientela y abre oportunidades de negocio. Por eso no es raro que estos establecimientos estén apostando por la alta restauración.

Junto a la gastronomía, los mejores hoteles cuidan al máximo la puesta en escena, y las tendencias actuales se decantan por el diseño y la contemporaneidad, que también afectan al apartado culinario. Estas son algunas direcciones a tener en cuenta.

Europa Decó

Del madrileño hotel Urban, inaugurado a finales de 2004. El hotel es un alarde técnico, arquitectónico y decorativo. Y su restaurante, el Europa Decó, sigue idénticos parámetros. Los platos del cocinero Joaquín Felipe (proveniente del hotel Villarreal, de la misma cadena) encuentran la puesta en escena que se merecen. Porque su cocina, limpia, aparentemente sencilla, de conseguida técnica y equilibrio, mantiene el estilo contemporáneo que le sitúa entre los mejores de la capital.

Sirva como ejemplo la delicadeza del tartar de salmón y de atún con caviar iraní, el colorista y equilibrado salmorejo, el esturión con espárragos blancos y verdes (muy armónico), el crujiente cochinillo... Postres ligeros y un apetecible carro de quesos españoles. Buena bodega y un servicio impecable bajo la supervisión de Francisco Patón.

Gaig

Desde octubre el nuevo local de Carles Gaig ocupa los bajos del moderno hotel barcelonés Cram. Vanguardista ambiente (cortinajes rojos, iluminación, vajilla a la última) donde todo invita a la degustación de los platos de uno de los mejores cocineros catalanes. Cocina de autor, de altísimo nivel, con sabores de siempre puestos al día: colmenillas con trufa, guisante con foie, suquet de pescados de roca. Envidiable cava de puros y muy buena bodega.

Moo

Muy de moda en Barcelona, forma parte del espectacular hotel Omm, puro disseny catalán. Inaugurado como el hotel hace año y medio, mantiene el ejercicio de estilo, tanto en la escenografía como en los platos, un nuevo concepto de restaurante que se basa en la complicidad entre la cocina y el vino. Sus asesores, los hermanos Roca (del gerundés El Celler de Can Roca), crean asociaciones sorprendentes, en una carta de medias raciones.

Cocina catalana creativa, muy técnica, sensible, que mima el producto: cabrito, yogur de cabra y colmenillas, cigala con curry, rosas y regaliz, tartar de salmón con helado de humo... un despliegue gustativo que llega a los originales postres, como los que evocan perfumes muy conocidos. Bodega de altura.

Mesana

En plena Milla de Oro marbellí, dentro del hotel Guadalpín, el restaurante que apadrina Ramón Freixa refleja un lujo elegante, mezcla de clasicismo y modernidad: tonos grises, cuidada iluminación, vajilla de Limoges o cristalería Baccarat y Zwiesel. Pero el espectáculo está en la mesa, con una cocina muy moderna, atrevida y original, que gusta y sorprende, reflejando las raíces catalanas de su autor.

Como la espectacular sopa de cebolla con huevo, la espumosa bola de foie con gelatina de moscatel, el original cerealia milanesa (un alarde de texturas), el punto perfecto de pescados y carnes, un festival que se continúa en los postres.

Espléndida carta de vinos y un servicio de diez.

El Olivo

En la localidad valenciana de Oliva, lleva un año abierto este restaurante de cocina levantina, creativa y puesta al día, que decorativamente remeda las barracas valencianas. Como los platos, donde prevalecen las materias primas locales. Así, la nube de martini con gamba de Denia, el espencat valenciano, o el all i pebre y cigala y sepionet con su tinta y nueces de macadamia. Cuidada bodega.