COLUMNA

La globalización distribuirá el ajuste

Los desequilibrios de la economía estadounidense requieren ajustes en su gasto y también en su tipo de cambio. La paradoja es que este ajuste se ha ido posponiendo y parece que se puede producir de forma suave. En opinión del presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, esto puede ser así debido a la mayor flexibilidad de la economía norteamericana y a los efectos de la competencia, que son dos aspectos que caracterizan la globalización actual (Globalization, discurso pronunciado ante el Council of Foreign Relations el 10 marzo). Según el FMI (Globalization and external imbalances, World Economic Outlook, abril 2005) también es la mayor integración económica y financiera en la actualidad lo que explica la generación de mayores desequilibrios y su mantenimiento durante un largo periodo.

La apertura comercial aumenta la competencia, lo que contribuye a incrementar las transacciones externas, y los menores costes de información contribuyen a reducir el sesgo doméstico en la inversión en activos financieros. Ambos factores explican la existencia de posiciones de déficit y de superávit más grandes y la mayor facilidad en su financiación.

Así el déficit externo de EE UU, un 6% de su PIB, se corresponde con mayores balanzas positivas en un grupo más amplio de países, con lo que los efectos de su ajuste se distribuirían. Además, hay que tener en cuenta que la naturaleza del comercio internacional ha cambiado: en la actualidad el grueso del comercio externo es intraindustrial ya que los países se especializan en fases del proceso productivo y en ciertos tipos de bienes (en fases de bienes finales o intermedios).

Es ilusorio pensar que la mundialización elimina la necesidad de ajustes; no existen 'chollos' en economía

Todo ello hace difícil determinar cómo se distribuiría el efecto contractivo del ajuste del desequilibrio externo de EE UU. Parece que la elasticidad del comercio internacional a variaciones de demanda ha aumentado, así como también es superior la respuesta a variaciones en los precios relativos. Por otro lado, las variaciones en el tipo de cambio siguen reflejándose en los precios de los bienes importados, lo que implica que siguen teniendo un efecto sobre las pautas comerciales, aunque el ajuste se producirá intraempresa e intraindustria. El propio FMI señala que es difícil determinar la dirección de ese ajuste, aunque es evidente que las economías asiáticas registrarán un mayor efecto que lo que habría ocurrido en el pasado simplemente por su mayor integración en la economía mundial.

La segunda base que ha permitido mantenerse al desequilibrio externo de EE UU es la mayor capacidad de acumulación de activos financieros. La globalización ha reducido el llamado 'sesgo doméstico' en la composición de las carteras de activos financieros, y esto ha incrementado el margen que los inversores están dispuestos a financiar de déficit por cuenta corriente de los países dispendiosos.

Los datos indican que efectivamente las tenencias de activos y pasivos extranjeros se han triplicado entre 1990 y 2003 en el caso de los países industriales y en los emergentes, aunque el aumento en términos de su peso en el PIB en estos últimos ha sido menor, dado su crecimiento real. Por otra parte, esa acumulación se ha correspondido con mayor diversificación y los modelos de valoración de activos internacionales (ICAPM) indican que no hay sobreinversión en activos americanos. La acumulación de activos implica también la importancia de los efectos de valoración, aunque éstos pueden traducirse en transferencias de riqueza entre países que faciliten el ajuste.

Hay que tener en cuenta que en el caso de EE UU sus activos se encuentran denominados en moneda extranjera y sus pasivos en dólares, lo que hace que una depreciación de esta moneda mejore su posición externa.

En resumen, parece que las condiciones comerciales y financieras que caracterizan la globalización implican que los ajustes a perturbaciones se producirán de forma distribuida entre los diversos países. No obstante, esto no implica el ajuste se produzca de forma suave.

La acumulación de activos existente hoy conlleva un mayor riesgo de un ajuste brusco, especialmente si se produce un cambio no previsto en las preferencias de los inversores. Estos pueden responder a la percepción como insostenible de las políticas macroeconómicas, especialmente a la fiscal, que permanece más aislada de la disciplina de la globalización. Y además, como también señala Greenspan, es ilusorio pensar que la globalización elimina la necesidad de ajustes; no existen chollos, no hay free lunch en economía.