_
_
_
_
_
CincoSentidos

Ruta esencial del Quijote

Un buen lugar iniciático (en varios sentidos) es la casa familiar de Cervantes en Esquivias (Toledo). Allí pasó mucho tiempo con su mujer, Catalina Palacios, en casa del tío abuelo de ésta, don Alonso Quijada. El cual poseía, además de casa rica, buena bodega y no mala biblioteca. Puede que Cervantes tomara provechosos apuntes en Esquivias: no sólo endosó a su ingenioso hidalgo el nombre de su tío político, sino que muchos personajes de la novela llevan el nombre de vecinos de carne y hueso del pueblo, según consta en el archivo parroquial. La casa familiar, restaurada en 1994, es el mejor museo cervantino. Está además el antiguo Camino Real que iba por Toledo y Ciudad Real hasta Andalucía, y que Cervantes, cobrador de alcabalas, tuvo que patearse (según los eruditos) unas dieciocho veces.

El Camino Real estaba lleno de ventas, venturas y desventuras, y no pocas aventuras. Una idea de lo que eran las antiguas posadas la brinda La Venta del Quijote, en Puerto Lápice. Recreación de aquella en que, según Azorín (La ruta de Don Quijote) el Caballero veló sus armas. No se puede dormir, pero sí comer la retahíla de manjares manchegos expresamente recetados en el Quijote. A un paso de allí quedan varios racimos de molinos donde podría situarse la más célebre de las aventuras quijotescas: en Consuegra, once molinos coronan el cerro Calderico, junto con un castillo templario; en Alcázar de San Juan están los que eligió Gutiérrez Aragón para su serie televisiva (con Fernando Rey de Quijote); en Campo de Criptana, quedan diez molinos de los veinte o treinta que pudieron coronar en su día el cerro de la Paz; este zócalo del viento es la acrópolis quijotesca por excelencia, y el ambiente que lo envuelve, el más afín a la atmósfera cervantina.

A un paso queda El Toboso. Allí sigue, convertida en Museo, la hacienda de doña Ana Martínez de Zarco (¿dulce-Ana, Dulcinea?) Es, junto con el de Esquivias, el interior que mejor espeja el aire de la novela. En la plaza, un don Quijote de latón se postra de hinojos ante una garrida Aldonza Lorenzo, también de hojalata, como la realidad; y al lado, en el Ayuntamiento, se puede visitar el Museo Cervantino, con más de 300 ediciones del Quijote, en medio centenar de idiomas, alguno tan pintoresco como el esperanto o el latín macarrónico.

Pasando por Mota del Cuervo y otros siete molinos (donde la aventura, dicen, con el Caballero de los Espejos) se llega a Tomelloso, capital vinícola -el vino es argumento central en el Quijote y su hazaña reventando pellejos en una venta es casi tan emblemática como la de los molinos de viento-. A un paso queda Argamasilla de Alba, que se postula como la cuna del Quijote en base a varios supuestos: Cervantes estuvo preso allí, en la llamada Cueva de Medrano, que se puede visitar (arropada en un Centro Cultural); además, en la iglesia pende un cuadro-exvoto de un tal Rodrigo Pacheco, hidalgo al que 'se le enfrió el seso' y que podría haber sido el modelo del loco de la Triste Figura. Aunque lo cierto es que Cervantes se burla de unos supuestos 'Académicos de Argamasilla' que, con cómicos apodos, firman los ripios que cierra la primera parte del Quijote.

Desde allí se puede acceder al actual Parque de las lagunas de Ruidera, que don Quijote fue a admirar, atraído por su fama; y buscar, cerca de Ossa de Montiel, la encantada Cueva de Montesinos (que no es más que pobre agujero de murciélagos). Y habrá finalmente que descender hasta Villanueva de los Infantes, ya que según unos profesores de la Complutense esa sería la 'zona cero' del Quijote. En cualquier caso, se trata de una de las poblaciones manchegas que mejor reflejan el ambiente y decorados de la novela, y en su céntrica calle Cervantes sigue estando la llamada Casa del Caballero del Verde Gabán, descrita en el libro tal cual ahora se encuentra; es particular y no se visita, pero sí la habitación del antiguo convento de Santo Domingo (ahora hotel) donde murió otro escritor coetáneo de Cervantes, Quevedo.

Guía para el viajero

cómo ir Desde Madrid, tomar la autovía de Andalucía A-4 hasta Seseña, y allí seguir la CM-4008 hasta Esquivias. Luego hay que volver de nuevo a la A-4 y bajar hasta Madridejos, donde habrá que desviarse para visitar Consuegra, Puerto Lápice, Alcázar de San Juan y Campo de Criptana; una carretera secundaria acerca hasta El Toboso. Desde allí, tomando la CM-3103 se llega a Tomelloso y Argamasilla de Alba, y por la CM-3115 a las lagunas de Ruidera y Ossa de Montiel; desde allí, por la N-430 y luego la CM-3129 se accede a Villanueva de los Infantes.El recorrido exige un mínimo de dos días.alojamiento Hotel Convento Santa Clara (plaza de Santa Clara, 926 550876 - Alcázar de San Juan) recientemente abierto en un monasterio del siglo XV. Ambiente y mobiliario de época, evocador y muy bien situado para hacer la ruta. 68 euros más IVA la habitación doble.En Villanueva de los Infantes: Hospedería Real El Buscón de Quevedo, en el que fuera convento de Dominicos, donde sigue la celda mortuoria de Quevedo. La Hospedería cuenta con 24 habitaciones, y la ambientación y el gusto son desiguales: junto a aciertos y piezas de valor, hay estampas y detalles abominables. El claustro es ocasional escenario de eventos culturales y festines. C/ Frailes, 1 - 926 361788.comerCueva la Martina (Rocinante, 13 - 926 561 476, en Campo de Criptana), al pie de los molinos, con comedores en cuevas y también terraza con vistas, platos manchegos y cervantinos, unos 25 euros (reservar).Venta del Quijote (en Puerto Lápice - 926 576 110), un clásico, ambiente quijotesco, cocina manchega y venta de productos, unos 30 euros.En Villanueva de los Infantes: Casa Milagros, lugar evocador, aunque nuevo para comer bien y barato. Platos manchegos como la pipirrana, galianos, gachasmigas y los típicos asadillos de Infantes; comida casera y trato familiar (C/ Cervantes, 35 - 926 360 902).

Archivado En

_
_