COLUMNA

¿Cómo financiar la sanidad?

Habitualmente se considera que el futuro desequilibrio de la estructura financiera del Estado de bienestar vendrá motivado por el gasto en pensiones. Es posible que no sea así, ya que el gasto sanitario es el que más rápidamente crece, sin que ninguna de las medidas adoptadas haya desacelerado su vertiginoso incremento.

Tanto pensiones como sanidad son pilares fundamentales del Estado de bienestar. Pero en verdad no suponen el mismo esfuerzo a los Presupuestos. Las pensiones contributivas no cuestan al Estado, mientras que la sanidad tiene que ser financiada en su totalidad. Veamos. La sanidad es una prestación universal. Todos los ciudadanos tienen derecho a una sanidad pública y gratuita. Esa prestación se financia con los impuestos de todos los españoles. Las pensiones contributivas -las más cuantiosas- se generan mediante el pago de las cotizaciones sociales a lo largo de la vida laboral. Las cotizaciones de empresarios y trabajadores financian las pensiones mediante el llamado sistema de reparto. Los ingresos de hoy pagan las pensiones actuales, mediante un principio de solidaridad intergeneracional. En la actualidad existe un superávit que en parte va a un fondo de reserva. Las pensiones contributivas, por tanto, no suponen ningún gasto para las arcas públicas. Son pagadas por empresarios y trabajadores. Sólo las pensiones no contributivas y las asistenciales corren a cargo de los Presupuestos.

El gasto sanitario crece con mayor velocidad que la población. La desproporción es muy acusada, de tres a uno. Si analizamos las comunidades autónomas, los resultados son muy dispares.

La vía es reeditar un Pacto de Toledo sanitario donde además entren en liza los agentes sociales

Compararemos los datos del periodo comprendido entre 1999 y 2004. Por ejemplo, en Asturias el gasto sanitario crece un 19,6% mientras que su población desciende un 1%. En Extremadura, con una población prácticamente estabilizada, el gasto se incrementó un 27,1%. Estas son las regiones con mayor desequilibrio.

La demanda de sanidad de calidad se irá incrementando con el tiempo. Vivimos más años, y queremos vivirlos mejor. Aunque lográsemos optimizar el funcionamiento de hospitales, ambulatorios y controlar razonablemente la factura de medicamentos, el gasto se seguiría incrementando. El déficit de algunas comunidades autónomas comienza a resultar asfixiante... ¿Qué hacemos?

Se han ensayado diversas fórmulas. El copago de un euro por receta o por visita médica, el recargo de unos céntimos en la gasolina, los planes de optimización y ahorro en la gestión hospitalaria, el fomento de los medicamentos genéricos. Se han puesto sobre la mesa, normalmente mediante globos sonda, mil fórmulas para intentar atemperar ese déficit sanitario que tanto preocupa a los responsables públicos. Pero hasta ahora ninguno de ellos se ha mostrado suficientemente eficaz.

El asunto tendrá prioridad política durante 2005. Una vez concluidas las elecciones vascas se convocará a la Conferencia de Presidentes de las Comunidades Autónomas para debatir la financiación sanitaria. Las regiones intentarán conseguir más fondos de los Presupuestos Generales del Estado, mientras que el presidente del Gobierno condicionará esa ayuda a un esfuerzo financiero por parte de las comunidades autónomas. ¿Y cómo conseguirlo? Pues sólo hay un medio. Recaudando más, esto es, subiendo los impuestos.

El gasto medio sanitario por habitante de las distintas comunidades difiere poderosamente entre sí. Por ejemplo, el andaluz es sensiblemente inferior al de otras comunidades más ricas. En otros casos, la baja densidad y la dispersión de la población es la que ocasiona distorsión en el ratio de costo por persona. En otros, la población crece más rápido que los modelos de financiación, por lo que su déficit se agranda en proporción. En teoría, existe un Fondo de Cohesión Sanitaria para equilibrar todas esas divergencias, pero la realidad nos ha demostrado que no funciona.

El Gobierno confía en la Conferencia de Presidentes. Creo que poco podrá obtener de ahí. Y no sólo porque a nadie le gusta subir los impuestos -especialmente a las regiones-, sino porque el debate de sanidad se mezclará con las reformas de los Estatutos y la financiación autonómica, la madre de todas las batallas.

No existe otra vía que intentar reeditar un Pacto de Toledo sanitario, donde, además de los partidos políticos, entren en liza los agentes sociales. Estos grandes acuerdos de Estado suelen ser más generosos y estar dotados de un mayor sentido común que los resultantes de las refriegas políticas cotidianas.