Transportes

De la locomotora de vapor a la alta velocidad

La Red Nacional de Ferrocarriles (Renfe) tiene las horas contadas. Después de casi 64 años de vida dará paso a una nueva estructura ferroviaria que entra en vigor al tiempo que lo hace el nuevo año.

La nueva Ley del Sector Ferroviario divide Renfe en dos sociedades diferentes. La medida introduce de forma progresiva la liberalización de un sector que ha operado tradicionalmente en régimen de monopolio.

La empresa que nació en enero de 1941 tiene poco que ver con lo que es hoy. Su creación no fue tarea fácil. En 1941 el Estado decidió la nacionalización de todas las compañías que operaban en España. Según recoge Pilar Lozano Carbayo en El Libro del Tren de la editorial Oberon, Renfe se encontró con un verdadero caos: más de 200 modelos de locomotora, más de 20 reglamentos de circulación y 30 tipos de señales. La actividad durante la segunda parte de la década de los 40 fue frenética. Se reforzaron puentes, se ampliaron estaciones, se renovaron kilómetros de vía y se comenzó con la electrificación de las vías. En los 50 el ferrocarril comienza a recuperarse de los duros años de la posguerra y pone en marcha su modernización. Se remodelan las vías para hacer más confortable el viaje y se automatiza la regulación del tráfico. Sin embargo, la década termina con un importante descenso en el tráfico, lo que junto al incremento de la plantilla, conducen a Renfe a la difícil situación vivida durante los 60.

En los ochenta, Renfe se beneficia del crecimiento del tráfico de cercanías

Un plan de modernización, que se extendió hasta 1973, se encargó de poner fin a la tercera clase, sustituir la tracción de vapor y mejorar la seguridad. Pero la crisis de los 70 vuelve a empañar su historia que se recupera en los 80, con el espectacular crecimiento de los tráficos de cercanías de las grandes ciudades. La implantación de la Alta Velocidad mejora la situación e imagen de Renfe para entrar así en el siglo XXI y dar paso a la liberalización del sector.