COLUMNA

El renacimiento japonés

La economía japonesa ha vuelto a la senda del crecimiento. Una de las principales razones es el avance en la reforma de los sectores bancario y empresarial, según el autor, que analiza el proceso y asegura que sigue habiendo nubarrones en el horizonte

El crecimiento en Japón en el último trimestre de 2003 alcanzó niveles no vistos desde 1990, con una tasa real anualizada del 7%. Con estos datos, Japón creció en 2003 a una tasa media del 2,7%, unas cinco veces más que la Unión Europea. Es cierto que los datos japoneses son típicamente de baja calidad y que probablemente serán revisados, y también es cierto que un factor fundamental de este crecimiento explosivo fue una fuerte caída del deflactor del PIB (4,4%) que no cuadra con la reciente evolución casi positiva del IPC. Pero, en cualquier caso, parece que Japón está finalmente saliendo de la larga recesión deflacionista que generó el estallido de la burbuja bursátil e inmobiliaria a inicios de los años noventa. La deflación esta prácticamente extinguida, y hace tres trimestres que el crecimiento del PIB nominal es positivo. Después de dos falsas alarmas, a la tercera puede que vaya la vencida.

Las razones de esta recuperación son tres. La más importante, desde el punto de vista de la sostenibilidad del crecimiento, es el avance en el proceso de reforma de los sectores bancario y empresarial. El proceso de reestructuración y recapitalización bancaria, impulsado hace dos años con el nombramiento de Heizo Takenaka como máximo responsable de la Agencia de Servicios Financieros, está dando sus frutos, y una cultura de análisis del riesgo de crédito basado en la capacidad de pago y no en la existencia de colateral se está poco a poco imponiendo en el sistema bancario. Esto está creando el sistema de incentivos necesario para acabar con el evergreening (renovación automática de préstamos para que el deudor pueda seguir sirviendo la deuda) que impedía el cierre de las miles de 'empresas zombies' que todavía pueblan el panorama empresarial japonés. El proceso de destrucción creativa está en marcha.

Las empresas de Japón han acelerado el proceso de desloca-lización de su actividad hacia China

La segunda razón es que la política monetaria muy expansiva del Banco de Japón, con tipos de interés cero y monetización de una parte de la deuda pública, está contribuyendo a la expansión del consumo y de la inversión. Al generar expectativas de crecimiento contribuye al avance del mercado bursátil, con el potencial de generar un círculo virtuoso de expansión del crédito y la inversión. La política de intervención en el mercado cambiario para evitar una apreciación excesiva del yen es un elemento más de esta estrategia.

La tercera razón es China, que interviene de dos maneras. Por una parte, la rápida expansión de la demanda china genera un fuerte crecimiento de las exportaciones japonesas tanto a China como al resto de la región. Por otro lado, las empresas japonesas han acelerado el proceso de deslocalización de su producción a China, beneficiándose de los bajos costes salariales chinos y aumentando su competitividad.

El sol está volviendo a salir en Japón, pero sigue habiendo nubarrones en el horizonte. Tres son también los retos a los que se enfrentan las autoridades japonesas en el medio plazo. El primero es encontrar una estrategia de salida a su política de tipos de interés cero. La larguísima recesión y el mantenimiento de muy bajos tipos de interés durante un largo periodo de tiempo han generado una situación en la cual el balance de los bancos japoneses se compone en gran medida de bonos del Gobierno japonés (JGB).

El fin de la deflación y la transición hacia un nivel de tipos más neutral puede generar un aumento drástico de los tipos de interés a largo plazo que arruinaría el sistema bancario. Una estrategia de aumento muy gradual de los tipos de interés que evite un colapso del mercado de JGB es pues crucial.

El segundo reto es cómo solucionar el grave problema fiscal generado por la larga recesión y los múltiples (y fallidos) paquetes fiscales de la última década. Con un déficit fiscal muy superior al 5% del PIB y una deuda pública superior al 150% del PIB, Japón se enfrenta a un problema de solvencia fiscal de largo plazo. Según algunos cálculos, Japón deberá aumentar la presión fiscal unos 10 puntos porcentuales del PIB en los próximos años para poder resolver este problema, y el riesgo de una reacción Ricardiana (la expectativa de este aumento futuro de impuestos podría originar hoy un aumento del ahorro y una caída del consumo) es grande.

El tercer reto es aumentar la tasa de crecimiento nominal de la economía para aliviar la carga de intereses de la deuda pública. Un aumento importante de la productividad (el perfil demográfico japonés indica que la fuerza de trabajo disminuirá de manera continua en las próximas décadas) y la generación de una tasa de inflación suficientemente positiva serán fundamentales para suavizar el proceso de ajuste.