Farmacia

Los gigantes europeos del fármaco prefieren EE UU

Thomas McKillop, consejero delegado de Astrazeneca y presidente de la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA), se reunirá el próximo 10 de febrero en Strasburgo con miembros del Parlamento Europeo. Su empeño, hacerles comprender que las políticas de precios y autorizaciones de medicamentos en el Viejo Continente están dañando la capacidad de las compañías europeas para competir a escala mundial.

¿Dónde radica el problema? En EE UU las farmacéuticas pueden iniciar la venta de medicamentos tan pronto como reciben la aprobación por parte de la autoridad competente (Food and Drug Administration). Pero en Europa, la autorización de la Comisión Europea es sólo el principio. Tras este primer paso, los Gobiernos nacionales tienen potestad para decidir qué fondos públicos de sus programas de salud destinan a subvencionar los productos, lo que con frecuencia retrasa la autorización efectiva y además condiciona la rentabilidad del compuesto.

El resultado es que cardiólogos como el belga Ivan De Scheerder, por ejemplo, han tenido que esperar hasta dos años para usar Cypher, la última innovación de Johnson & Johnson's para el tratamiento de afecciones cardiovasculares. Igual suerte han corrido en países como Bélgica, Reino Unido o Francia la válvula Taxus, de la firma Boston Scientific; el fármaco para la esclerosis múltiple Avonex, de Biogen Idec, y el tratamiento para la diabetes Lantus, de Aventis.

La UE apunta que los Estados miembros deben marcar los precios y las subvenciones de los nuevos tratamientos en 180 días desde su salida al mercado. En Bélgica, los retrasos han alcanzado un promedio de 750 días, y en Grecia, Portugal y Francia unos 400, según un informe de la EFPIA.

La prolongación de estas decisiones de apoyo por parte de fondos públicos está ralentizando las ventas en Europa y conduce a las farmacéuticas a buscar una mayor cuota de beneficios en EE UU, el mayor mercado de productos para la salud.

John Wilson, de Standard Life Investments, con sede en Edimburgo, predice que las ventas de medicamentos en Europa se ralentizarán hasta un crecimiento del 3% anual, frente al 7% actual.

La neoyorquina Pfizer, el mayor fabricante mundial, ha obtenido el 64% de sus ingresos en EE UU. Las operaciones en su propio país han crecido un 8,2% en los últimos dos años, comparado con el 1,2% de otros mercados como el europeo. Entre las mayores empresas europeas, las ventas en Estados Unidos representan desde un 57% para la británica Astrazeneca hasta un 22% para la firma francesa Sanofi.

Astrazeneca ha superado a la mayoría de sus competidores europeos en 2003, subiendo un 21%, mientras Sanofi lo ha hecho en un 2,5%. Esta razón la ha impulsado a buscar una mayor presencia en el mercado norteamericano. Para lograrlo ha lanzado una opa hostil valorada en 57.400 millones de dólares sobre Aventis, su mayor competidor en Francia. El interés de la absorción reside en la fortaleza de Aventis en el país norteamericano, donde reside el 45% de sus ventas.

'Los precios establecidos en Europa conducen a fusiones y compras', ha dicho Christophe de Callatay, portavoz de la EFPIA. 'Las compañías tienen que ir al extranjero o consolidarse'.

Algunas firmas, incluidas GlaxoSmithKline y Eli Lilly, han barajado incluso no vender en Europa y focalizar algunos de sus productos únicamente en el rentable mercado estadounidense, cuyas ventas, de 204.000 millones de dólares, doblaron la actividad europea el pasado año.

Las cifras

8% es la cuota del PIB europeo dedicado a gastos relacionados con la salud, mientras en EE UU asciende a un 13%, según la EFPIA.

74% del coste de los cuidados médicos en Europa es afrontado por los sistemas públicos de salud, según la OCDE.

91.000 millones de dólares sumaron las ventas de fármacos en Europa.

Francia, última en acceder a innovaciones

Las farmacéuticas se enfrentan a distintos sistemas de pago en Europa. En algunos países, como Francia o Bélgica, los precios deben ser negociados entre el fabricante y el Gobierno. Los criterios incluyen la eficacia de los medicamentos, precios de medicinas similares que traten la misma enfermedad, y los efectos sobre los gastos de asistencia médica. En el Reino Unido, las compañías del sector tienen que poner sus precios atendiendo a distintos parámetros. Si los beneficios de un producto exceden lo que está permitido, el Estado debe exigir el reembolso. Algunos nuevos productos sufren así una revisión de su rentabilidad antes de lograr la financiación por parte de las autoridades británicas de la salud.

'Los pacientes franceses están entre los últimos de Europa en tener acceso a nuevas medicinas punteras', asegura Gilles Brisson, vicepresidente comercial de Aventis en Europa. Esta compañía recibió luz verde desde la Comisión Europea para vender Lantus, un tipo de insulina de larga acción, en junio de 2000. Pero los reguladores franceses no aprobaron la subvención hasta agosto de 2003. A Biogen le costó cinco años persuadir a las autoridades del Reino Unido para que recomendaran la prescripción de Avonex.

'Los nuevos medicamentos llegan a los consumidores de EE UU al menos de 12 a 18 meses antes que en Europa', según Robert Hamm, vicepresidente de Biogen.