COLUMNA

El empleo público

En cualquier economía occidental, el sector público es el principal empleador, independientemente del color de sus Gobiernos. Sin embargo, sabemos muy poco acerca de los empleos públicos. Seguimos con atención la evolución del empleo total, de la subidas salariales y demás parámetros básicos de nuestro mercado de trabajo, pero sin diferenciar entre el empleo público y el privado. Hoy queremos detenernos en estudiar la evolución del público, tratando de aventurar tendencias futuras.

La evolución del empleo total en España ha sido realmente espectacular durante estos últimos años. En el periodo 1994-2000, el número de personas empleadas en España crecieron un 25,9%, un crecimiento sin igual en la Unión Europea (UE), y que explica por sí solo casi la cuarta parte de todo el empleo de la Unión creado durante este periodo. Estados Unidos creció durante ese mismo periodo un 11,2% y la UE un 8,1%, que bajaría hasta el 6,6% si elimináramos la aportación española. En España se crearon durante ese periodo unos 3,6 millones de nuevos empleos, un 17, 9% de los cuales fueron públicos. Si introducimos los datos del año 2001, el porcentaje de empleo público bajaría al 16,7% del total creado durante ese periodo.

Comparemos este empleo público con el de nuestro entorno europeo. Los 565.000 empleos públicos creados en España durante el periodo 1995-2001 suponen el 14% de los cuatro millones de puestos del sector público creados en el seno de la UE. El número de empleados públicos en España creció durante este periodo un 26,4%, el doble que en la Unión. A pesar de esa significativa expansión del empleo público, su peso en el total español apenas se modificó, al pasar del 17,2% que suponía en 1995 al 17,1% en 2001.

La evolución del empleo total en España ha sido realmente espectacular durante estos últimos años

Y esta importante subida en el número de personas que trabajan en el sector público se produjo simultáneamente a la disminución del déficit público. La reducción de los tipos de interés, que aligeró sensiblemente el costo de la deuda, y la contención salarial del sector público hicieron posible superar la aparente contradicción de más funcionarios y menos déficit. Durante este periodo, los asalariados públicos perdieron un 4% de capacidad de compra. Subieron un 8% nominal, frente al 12,4% que se elevaron los precios. No parece que la tendencia pueda ser sostenida en el futuro.

Pero, a pesar de ese importante crecimiento, seguimos teniendo uno de los menores pesos de empleos públicos con respecto al total del empleo: un 17,1% frente al 24% de la media europea. España y Portugal son los países de la Unión con menor porcentaje de empleo público (17,1% y 17%, respectivamente). El promedio europeo es del 24%, y Suecia, con el 31,5%, es el país con el porcentaje más elevado.

Si desglosáramos estos incrementos, nos encontraríamos que crecemos mucho más que nuestro entorno europeo en Administraciones públicas, mientras que lo hacemos con menor intensidad tanto en sanidad como en servicios sociales, sectores donde presentamos uno de los datos más bajos de toda Europa. Quizá debiéramos resaltar que la productividad de los trabajadores públicos españoles es la menor de toda Europa, con unos 32.300 euros anuales, frente a 40.000 euros de Francia, que es el país con la productividad más elevada. Nuestra baja productividad incidirá negativamente en la financiación de las necesidades crecientes; para desarrollar un mismo servicio necesitaremos más personas que nuestros vecinos.

Los datos utilizados en este artículo proceden de una publicación del índice laboral Manpower dedicado monográficamente al empleo en el sector público. Como ellos, deberíamos responder a alguna preguntas. ¿Tenemos todas nuestras necesidades públicas resueltas? Ya sabemos que no. Aunque el empleo sanitario fue el que más creció dentro del sector público, mostramos una evidente debilidad en nuestros sistemas de salud y de atención social. ¿Podrá el sector público seguir creciendo al mismo ritmo que ahora? Pues tendremos dificultades para ello, toda vez que la contención-pérdida salarial mantenida hasta la fecha no será sostenible, mientras que la baja productividad sectorial dificultará la creación de un mayor número de empleo público. Conclusión final: que aunque necesitaríamos más empleo público en algunos sectores, el crecimiento futuro será mucho más lento que el que hemos experimentado durante estos pasados seis años. Y lo notaremos.