Relevo

El futuro presidente del BCE exige respeto total al Pacto de Estabilidad

Jean-Claude Trichet compareció ayer durante dos horas ante la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo para someterse a las preguntas de una veintena de eurodiputados. El examen del candidato conlleva también la explicación por escrito de la filosofía que impregnará el mandato de ocho años del futuro presidente del BCE.

El veredicto reflejó una abrumadora confianza en la capacidad de gestión del actual gobernador del Banco de Francia. 20 votos a favor, dos en contra (un euroescéptico francés y un socialista griego) y cuatro abstenciones (todas, significativamente, de eurodiputados británicos). El pleno del Parlamento debe ratificar este resultado el próximo 25 de septiembre.

Trichet superó la prueba intentando disipar los prejuicios que acompañan a su figura. 'No estoy aquí como ciudadano francés y no diré nada como tal, sino como candidato a la presidencia del BCE', se distanció de una nacionalidad que, aparte de su indiscutida reputación profesional, ha sido decisiva para su nombramiento. El presidente francés, Jacques Chirac, aceptó en 1998 que la sede del BCE fuera Fráncfort a cambio de la promesa no escrita de que Wim Duisenberg acortaría su mandato (al final ha permanecido sólo cinco años en el cargo) y que su sucesor sería francés.

El gobernador del Banco de Francia recuerda que París se fijó el límite del 3% del déficit antes del euro

Trichet dedicó ayer palabras de reconocimiento a su antecesor. 'Ha sido un gran jefe de equipo y voy a intentar hacer lo mismo'. El candidato negó cualquier tentación presidencialista y prometió que ejercerá un papel de taumaturgo en las reuniones para que las decisiones sobre los tipos de interés emerjan 'de la sabiduría de todos los miembros'.

Por ahora no cabe esperar un movimiento de tipos porque a juicio de Trichet las dificultades económicas de la zona no son achacables a la política monetaria, sino a la relajación fiscal y la falta de reformas estructurales. 'Respetar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento permite un buen nivel de confianza entre inversores y ahorradores, que es lo que más falta nos hace', terció en la polémica sobre las normas fiscales de la zona euro. 'El pacto es nuestra regla de juego y, por lo que yo sé, nadie ha propuesto modificarla', afirmó apenas 24 horas antes de la reunión que hoy mantendrá en Stresa (Italia) el Ecofin y en la que la interpretación del Pacto se perfila como el punto álgido del encuentro.

'El umbral del 3% que estipula el pacto se fijó porque, más allá de ciertos límites de déficit público, vamos en contra del crecimiento y de la creación de empleo', aleccionó Trichet poniendo en balance las teorías económicas de David Ricardo y Milton Keynes. 'La estabilidad genera crecimiento', se permitió Trichet contradecir la reciente y opuesta afirmación del primer ministro galo, Jean-Pierre Raffarin. Y el candidato recordó que en los planes presupuestarios franceses el límite del 3% de déficit se fijó mucho antes de que se firmase el Pacto de Estabilidad.

Un francés con vocación europea y federal

El candidato a ocupar el sillón de Fráncfort inició ayer en alemán su comparecencia ante el Parlamento Europeo. Un guiño a la ubicación y la genealogía que emparenta el Banco Central Europeo con el Bundesbank (el banco nacional alemán) y que pone fin a la anglofonía del actual presidente, el holandés Wim Duisenberg.

Jean-Claude Trichet salta del inglés, la lengua de los banqueros centrales, al francés, su lengua materna, con la misma rapidez que cuaja su oratoria con explicaciones académicas, citas de autores y lecciones de economía.

'No hablo más que para la gente corriente', proclama entre alusiones a Ricardo, Keynes y la curva de Philips. Su profesión de fe democrática no oculta que la pasión por el trabajo puede haberle nublado la percepción de lo que se comenta fuera del Parlamento, de la Eurotorre (sede del BCE) o del Banco de Francia. 'Los pueblos europeos aman la estabilidad de precios', es la impresión de este antiguo alumno de Escuela Nacional Francesa de Administración que dice no entender por qué se le identifica con la 'élite' del poder.

Gobernador del banco de Francia desde 1993, portavoz electo de los gobernadores del G-10 desde este año y sucesor de Wim Duisenberg a partir del 1 de noviembre, el currículum de Trichet acumula también una retahíla de condecoraciones nacionales y extranjeras propia de la exuberancia de un personaje de novela latinoamericana: Comendador en las órdenes de la República de Austria, de la República de Argentina, del Brasil, del Ecuador...

Pero ni siquiera el etcétera de la lista logra reflejar lo que Trichet parece considerar la mayor satisfacción de su vida laboral aunque no aparezca en el currículum: su contribución al nacimiento del euro como uno de los artesanos que ayudó a tejer el Tratado de Maastricht y el Pacto de Estabilidad.

El euro, aviso para observadores del tipo de cambio, no se hizo para competir con el dólar. 'Sería devastador para todos'. La evocación y reivindicación de aquella obra le lleva a citar repetidamente al antiguo gobernador del Bundesbank, Hans Tietmeyer. 'Hemos sido muy valientes al introducir una moneda común en un territorio que no tiene un Gobierno federal', se enorgullece Trichet, orgulloso, él mismo, del carácter inequívocamente federal de la institución que presidirá hasta 2011. 'La supremacía del 'interés general de la zona euro (...) debe hacernos olvidar la nacionalidad de los gobernadores que se sientan en el BCE'.

El currículum de Trichet tampoco recoge el baldón que amenazó su carrera hasta julio de este año. Ayer tampoco quiso reabrir esa herida del escándalo del Crédit Lyonnais, en el que finalmente ha resultado absuelto.

Sus evasivas, su discreción y su imperturbable machaconeo de argumentos durante las dos horas de examen en el Parlamento anuncian un mandato sin las imprevisibles salidas del guión de Wim Duisenberg.