TRIBUNA

Apagones y regulación eléctrica

Alas 17.45 horas del pasado día 21 de este mes de julio se produjo un monumental apagón en la isla de Mallorca y también en la de Menorca (en menor medida) que lentamente se empezó a reponer a partir de las 19.20 horas y hasta muy pasada la noche no se alcanzó la normalidad.

En esos momentos es cuando nos damos cuenta del valor de un suministro continuo, fiable y de calidad. Dejemos de lado a los pocos ciudadanos que han tenido mala suerte y han quedado atrapados en un ascensor o en un parking.

Para todos, las tarjetas de crédito ya no valen, los cajeros no funcionan, los semáforos tampoco, ni los teléfonos móviles o el correo electrónico, ni el aire acondicionado o la cocina... Aquellos que conservan alimentos en frío los pierden, las oficinas o las fábricas dejan de trabajar... Durante un lapso de tiempo retrocedemos algo así como 100 años...

El mercado mayorista y las instituciones relacionadas con el transporte de energía tienen que atender más a las inversiones a largo plazo El tiempo medio de interrupción del suministro eléctrico ha aumentado del orden del 30% entre 1998 y 2002

Generalmente, los apagones se producen por una de las siguientes causas:

a) Causas fortuitas: que se averíe inesperadamente una o varias centrales, que derriben una torre o que caiga un rayo en un transformador...

b) Falta de potencia en el parque generador para atender una punta de demanda elevada y tal vez inesperada.

c) La red se colapsa o, en otras palabras, no tiene capacidad suficiente para soportar una fuerte intensidad de entradas y salidas de energía en un momento determinado.

Parece que la empresa responsable, Gesa, justifica el hecho como un problema en la red de transporte causa tipo c), si bien parece ser que horas antes la empresa venía pidiendo a sus principales consumidores que redujeran el consumo, ya que se temían un riesgo de tipo a), cuando sobre las 12.45 horas del nefasto día 21 se había batido un récord en la demanda de potencia (880 MW). Es decir, había un riesgo del tipo b).

Estamos de acuerdo que algo así no debe volver a ocurrir. Pero ¿puede volver a ocurrir, bien en Baleares o en otro lugar? ¿Se producirán este tipo de hechos cada vez con mayor frecuencia?

Los que suscribimos, ni pretendemos ni estamos en capacidad de auditar técnicamente la red eléctrica de las islas Baleares, o de cualquier otro lugar, ni de modelizar para el medio plazo el comportamiento de la oferta y demanda de potencia, cómo para poder dar una cumplida respuesta a estas preguntas, que son las que en el fondo interesan al ciudadano.

Pero sí vemos tendencias generales y aspectos del vigente ordenamiento regulatorio que nos parecen, por preocupantes, que deben ser comentados en el caso que nos trae:

El tiempo medio de interrupción del suministro (medido por el Tiepi), que había venido disminuyendo a lo largo de la pasada década de los años noventa, ha aumentado del orden del 30% entre 1998 y 2002, como consecuencia de la congestión de las redes y de la reducción del índice de cobertura de la demanda.

El margen de cobertura de la generación ha pasado en los últimos cinco años de 1,30 a 1,10.

Ello es particularmente grave en un país como España, con acentuados ciclos hidrológicos, reducidas conexiones internacionales y con un parque creciente de generación eólica que proporciona escasa garantía de potencia.

Y, sin embargo, la regulación ha emitido señales equivocadas al haber establecido una retribución por garantía de potencia que no tiene nada que ver con la cobertura de potencia, y cuyo importe, paradójicamente, se ha ido reduciendo al mismo tiempo que lo hacía el margen de cobertura.

La demanda de potencia en las horas punta ha crecido en la Península aún más rápidamente que la demanda de energía (un 44% frente al 30% indicado en el último quinquenio), lo que viene a demostrar un uso de la infraestructura cada vez más ineficiente.

A la par que crecía aceleradamente la demanda de potencia, las puntas de invierno y verano han tendido a igualarse. Todo ello nos lleva a interrogarnos acerca de si los precios de electricidad por tipos de consumo transmiten una señal adecuada al mercado e interrogarnos también sobre la efectividad de los planes de ahorro y eficiencia energética.

La red de transporte presenta problemas de saturación en periodos de alta demanda, básicamente por dos motivos.

Uno, por la existencia de desequilibrios zonales entre capacidad de generación y demanda que originan problemas de operación en la red.

Otro, por retrasos en el desarrollo de generación y de redes, en la mayoría de los casos por el alargamiento de las autorizaciones administrativas. Los condicionantes medioambientales (ubicación de las instalaciones) y urbanísticos (competencia de las Administraciones autonómicas y locales) han supuesto serias limitaciones a la hora de desarrollar estas infraestructuras y hay que agilizar cuanto antes estas tramitaciones.

Pero no sólo es eso, sino que al acercarse la potencia eléctrica ofertada a la demanda en un momento determinado, aumenta el poder de mercado de los oferentes, que pueden obtener sustanciosos beneficios retirando cantidades mínimas de su oferta.

Por tanto, pueden aparecer problemas debidos a la infrainversión. En otras palabras, combatir el poder de mercado es también facilitar unas redes más malladas y eficientes y promocionar nuevas instalaciones de generación de nuevos entrantes.

El mercado mayorista y las instituciones relacionadas con el transporte necesitan prestar más atención a las cuestiones relativas a la inversión en el largo plazo.

La señal recibida del mercado de generación es cortoplacista y seguramente insuficiente para que los agentes perciban con claridad la necesidad de nueva inversión.

Por ello, se deben acometer profundas reformas en el mercado de generación, pero éste es un asunto complejo y daría para escribir otro artículo.