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Tribuna
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El retroceso del Estado de bienestar

Una vez pasada la llamarada del conflicto de Irak, que para algunos Gobiernos europeos ha supuesto una tregua en los asuntos domésticos, se vuelve de nuevo a las diferentes realidades nacionales y se observa que, en materia económica y social, no han cambiado las propuestas gubernamentales, que son prácticamente del mismo orden en países como Francia, Italia, Alemania y Austria, a pesar de las diferencias ideológicas formales de sus Gobiernos respectivos.

Todas ellas tienen en común reducir el Estado del bienestar en dos de sus pilares básicos: las pensiones y la sanidad, sin que ello garantice la salida de la esclerosis político-económica que se ha impuesto en algunos países como los citados. Ello permite intuir problemas añadidos a los ya existentes en perjuicio de la estabilidad y la cohesión sociales, fundamentalmente por la renuencia a activar las políticas públicas que, bien gestionadas, suelen ser bastante eficaces en tiempos de crisis.

Las democracias europeas, especialmente las de los países de referencia, son representativas de un modelo político y económico que, con todas las matizaciones habidas y por haber, ha logrado en los últimos 50 años los mayores niveles de bienestar y de equilibrio social.

Por su parte, el movimiento de liberalización económica de la década de los años ochenta, acentuado en los pasados noventa, parecía que podía concluir en una alteración radical de dicho modelo, para establecer un sistema análogo al anglosajón, menos socializado y más asentado en los valores individuales, manteniendo el crecimiento económico y el bienestar de los ciudadanos. Pero hasta la fecha sólo hemos asistido a los efectos más perniciosos de un liberalismo económico que, doctrinalmente, parece anclado en las primeras décadas del siglo XX, ignorando las consecuencias de aquel estado de cosas.

Los intentos de reducir significativamente los niveles de bienestar han generado entre los ciudadanos europeos un gran desasosiego y desconfianza que, en cada país, se ha manifestado más o menos contundentemente: Francia, en su día, licenció a Alain Juppé, más tarde al socialista Jospin, en medio de una grave crisis nacional que permitió el mantenimiento in extremis de Chirac. Alemania estuvo a punto de hacer lo mismo con el actual canciller que, gracias a las promesas de rectificación, logró revalidar su mayoría electoral. Y Austria, que siempre había sido un ejemplo de paz social, aparece crispada e inquieta por los proyectos de un gobierno de coalición de derechas, cuya parte de raíz más populista y extrema podría desencadenar la crisis por su oposición a tales medidas.

Los antecedentes y realidades citados podrían llevar a la conclusión de que los gobernantes afectados rectificarían, aunque sólo fuera para sobrevivir. No es así, y de nuevo estamos en el umbral de diferentes crisis nacionales dentro de la Unión Europea, que en nada van a contribuir a superar el estancamiento económico y la desconfianza política.

Resulta chocante que, después de los destrozos ya causados en el tejido económico y social, se siga tensando la cuerda sin haber aclarado de forma mínimamente satisfactoria qué sucede tras el desmantelamiento parcial del estado de bienestar.

Como decimos, todo esto viene sucediendo en el seno de la Unión Europea, algunos de cuyos responsables más caracterizados, como Chirac y Schröder, hacen protestas constantes de independencia frente a Estados Unidos y, sin embargo, han asumido con desparpajo las pautas del modelo anglosajón de capitalismo financiero, eludiendo la mejora y perfeccionamiento del propio sistema europeo

En mi opinión, la crisis política y social se va a acentuar en Europa y no se recuperarán los equilibrios hasta que los responsables públicos, los actuales o quienes les sucedan, vuelvan a valorar los aspectos positivos del conjunto de las políticas públicas que llenaron de contenido el contrato social que ha permitido a la Europa de la posguerra mundial acreditarse como el modelo a imitar por todos los países que aspiraban a instaurar la democracia y a lograr el desarrollo económico.

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