Guerra en Irak

Siria se contagia de la suerte de Irak

El pasado 28 de marzo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, hizo girar todas las cabezas hacia Siria. El jefe del Pentágono declaraba al Gobierno sirio 'responsable' de la ayuda dada a Irak, contra quien ya se habían librado ocho días de guerra. Según Washington, Damasco había permitido el tráfico de armamento para proveer a los soldados iraquíes en el conflicto.

Con desafortunadas declaraciones a sus espaldas, la advertencia de Rumsfeld no se tomó tan en serio hasta que el secretario de Estado, Colin Powell, la ratificó. 'Siria puede continuar dando apoyo directo a los grupos terroristas (...) o puede tomar un rumbo diferente y más esperanzador', dijo. 'En ambos casos, Siria tendrá la responsabilidad por su elección y por las consecuencias que ésta tenga'. Ayer, el presidente de EE UU, George Bush, fue más allá al denunciar que Damasco dispone de armas químicas.

Poner a Siria en el punto de mira de la política exterior de EE UU no es la única consecuencia de la guerra en Irak. La incursión estadounidense en la zona tendrá efectos en Jordania, Turquía, Irán, Arabia Saudí y Kuwait, los países vecinos del Estado agredido. Mientras unos se beneficiarán de su apoyo a Washington, otros, como Siria e Irán, ya se resienten por oponerse a sus planes.

Para Gema Martín, profesora de Sociología del Mundo Árabe Islámico de la Universidad Autónoma de Madrid, las amenazas a Siria responden al deseo del presidente de EE UU 'de remodelar Oriente Próximo'. Según Martín, Siria e Irán (que a su vez ha sido acusada de poseer armas de destrucción masiva) 'son los dos únicos países que EE UU no controla en la zona', lo que les hace objetivo.

El embajador de Siria en España, Mohsen Bilal, apoya esta tesis. En su opinión, la férrea oposición de Siria a la guerra en Irak dentro del Consejo de Seguridad de la ONU es la causa de estar ahora en el punto de mira de la Casa Blanca. 'Es un intento de chantaje para que Siria dé apoyo moral a la invasión', explica Bilal.

El diplomático sirio reconoció la gravedad del asunto: 'Cuando Rumsfeld acusaba hablaba como comandante de guerra, pero este gesto del jefe de la diplomacia es algo muy grave'.

Siria es uno de los países que, además, más se resentirá económicamente, por la pérdida de las importaciones de petróleo iraquí de contrabando y la suspensión del comercio con el país vecino.

Las importaciones de crudo iraquí por parte de Damasco se hacían a espaldas del programa de la ONU Petróleo por Alimentos, que controla desde 1996 las transacciones de Irak. Bagdad se beneficiaba de ingresos extra y Siria obtenía crudo a precios bajos, lo que le permitía abastecerse y exportar el petróleo de fabricación propia.

'Siria ya no va a obtener petróleo a precios baratos, tendrán que pagarlo a precio de mercado', afirma Peter Worthington, analista de Credit Suisse First Boston.

Siria exportó en 2002 257.682 barriles de petróleo al día, según las cifras del Departamento de Energía de EE UU. Pero la propia Administración estadounidense advierte: 'Sin contar el petróleo iraquí de contrabando, que es de entre 150.000 y 200.000 barriles diarios'.

El economista sirio Nabil Sukkar afirma en Middle East Economic Survey que la pérdida del suministro iraquí 'le costará a Siria unos 500 millones de dólares al año'. Estas importaciones se desarrollaban gracias a la reapertura al final de la década de los noventa de un oleoducto que conecta el norte iraquí con el puerto sirio de Banias, cerrado desde 1982.

Un 60% de los 9.100 millones de dólares ingresados por Siria en concepto de exportaciones corresponde a la venta de petróleo. Pero sus reservas se agotan. La producción fue de 525.682 barriles diarios en 2002, frente a los 590.000 barriles de 1996. 'La producción de Siria continuará su caída en los próximos años, mientras su consumo aumenta. (...) Si esta tendencia continúa, se teme que Siria se vuelva un importador neto de petróleo en una década', advierte el Departamento de Energía estadounidense.

La economía siria se verá perjudicada, además, por la caída del comercio con Bagdad. 'El comercio con Irak, que ha crecido firmemente en los tres últimos años hasta alcanzar los 2.000 millones de dólares en 2002, se verá afectado negativamente en detrimento de la industria local', apunta Sukkar. Un Gobierno afín a EE UU en Bagdad no beneficiaría a Siria, por lo que no se espera que las cordiales relaciones comerciales se reanuden en breve.