Lealtad, 1

¿Alguien se cree las previsiones?

Afirmaba el último informe de JP Morgan que, pese a la diferencia de PER entre Estados Unidos y Europa (12 frente a 15), el Viejo Continente no está barato frente al vecino americano. Estos números están construidos a partir de previsiones de beneficio que el banco no se cree. Son aumentos del 14% en Estados Unidos y del 35% en Europa.

Justifican de este modo que prefieren la renta variable de Estados Unidos frente a la europea. Pero el argumento sigue siendo poco convincente. Porque pensar que este año crezcan un 14% los beneficios de las compañías de Wall Street es un acto de fe. Merrill Lynch prevé que el PIB nominal (es decir, sin tener en cuenta la inflación) de Estados Unidos crezca un 3,7% a lo largo de 2003. Para aumentar un 14% los beneficios de las compañías en un entorno tan frío la parte de beneficio empresarial dentro del PIB debería crecer rompiendo las leyes económicas. O inflando la contabilidad, como a finales de los años noventa.

En Europa, más de lo mismo. La depresión económica es equivalente a la de Estados Unidos. El punto de partida es, eso sí, mucho más bajo, pues las empresas europeas han acometido la parte del león de la reestructuración del negocio en 2002, por lo que el punto de partida para las cuentas de 2003 va a ser más bajo y, así, el potencial de crecimiento mayor.

Pero el mercado no está para este tipo de cantinelas. Le vendieron aquello de la nueva economía, después lo del aterrizaje suave y un par de veces lo de 'mejor el segundo semestre'. Así que ahora nadie se cree sus propias previsiones. Y por eso la Bolsa está como está.

La guerra acapara el debate bursátil, pero la depresión del mercado es más profunda. Los precios actuales de la Bolsa en relación a los bonos reflejan que los inversores exigen una prima de riesgo muy elevada. Eso se debe a la guerra, sí, pero también a la desconfianza. Y eso no se soluciona a cañonazos.