Crisis

La factura de las 'vacas locas' supera los 2.000 millones de euros en dos años

Después de dos años, 194 casos positivos y medio millón de test realizados después de surgir la primera vaca loca en España, el debate que emerge es si está cerrada la crisis. Para las Administraciones, absolutamente; para los ganaderos, no tanto. Ambas partes asumen, sin embargo, que ahora la carne es de mayor calidad y que los controles funcionan casi a la perfección.

También son datos objetivos la recuperación del consumo y del precio de las reses, y si se hace caso al Grupo de Previsiones del Vacuno de la Unión Europea, que acaba de difundir dos informes, incluso ha crecido la cabaña un 2,3% desde que surgió la enfermedad, algo impensable hace dos años, cuando los ganaderos intuían la peor situación.

Además, la UE asegura que sólo habrá equilibrio entre producción y demanda en 2003 y que en 2004 Europa deberá importar carne de vacuno de terceros países. Y un dato más: según la asociación de fabricantes de pienso, Cesfac, el consumo de este input ha crecido en 2002. Por tanto, todo apunta a que el horizonte del sector vacuno se presenta mucho más despejado de lo que se pensaba, pero ¿a qué precio?

Los productores se quejan de que ellos han sido los únicos netamente perjudicados de la crisis puesto que, si en un principio, todos los actores implicados salieron perjudicados, poco a poco han ido recuperando sus actividades.

Un extenso informe elaborado por la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), referido al impacto causado en el sector productor por el mal de las vacas locas, concluye que éste arrastra ya unas pérdidas de 650 millones de euros, cantidad que resulta de integrar las pérdidas de mercado (329 millones), los costes de los certificados veterinarios (76 millones de euros), la retirada de los materiales de riesgo en mataderos y salas de despiece (213 millones) y la retirada y la destrucción de los cadáveres en la explotación (32 millones).

La cifra, además, no está cerrada porque los efectos perversos heredados de la crisis continúan sumando, dos años después de que estallara: el mercado de desvieje está prácticamente inactivo por las ridículas cotizaciones de las reses y los ganaderos continúan sufragando los costes de la retirada de los materiales de riesgo y los de los certificados veterinarios.

La encefalopatía espongiforme (EEB) también mordió con saña los presupuestos públicos y lo sigue haciendo aunque, en menor medida cada ejercicio. El Ministerio de Agricultura desvió, entre gastos reales y provisiones, 917 millones de euros en 2001 para recuperar el mercado y luchar contra la propagación de la enfermedad. Y en su opinión lo consiguió, porque ante la crítica unánime de los productores, el gasto para 2002 se redujo hasta apenas 40 millones de euros y la previsión para 2003 cae otra vez hasta menos de 30 (según datos del sector, en tanto que el ministerio no revela cifras). Este descenso se debe, en opinión del director general de Ganadería, Carlos Escribano, a que dada la normalización del mercado la EEB es considerada por el Ministerio de Agricultura como una enfermedad más que no requiere esfuerzos extraordinarios del presupuesto.

El sector industrial (mataderos, fabricantes de piensos, incineradoras) sufrió asimismo los rigores de la crisis en la primera etapa aunque se encuentra ya plenamente recuperada de la misma. No obstante, se derivaron efectos negativos que todavía perduran y que según fuentes del sector propiciaron que éste perdiera 180 millones de euros.

Por ejemplo, la exportación cárnica (un 25% de la producción española) se ha frenado tras la crisis, aunque el crecimiento fue tan brutal en los últimos años (mientras que España sube un 20%, la UE baja un 19) que apenas ha dejado secuelas. Más trastorno económico supuso a las fábricas de piensos su reciclaje hacia nuevas materias primas tras la prohibición de las harinas cárnicas. Tanto, que los buenos resultados de 2002 no han paliado las pérdidas, aunque la salud de este sector (es el primer insumo agrario, con más de seis millones de euros de facturación) absorberá pronto la crisis.

Entre los reflejados y otros gastos de más difícil cálculo, como los desembolsados por las comunidades autónomas (más de 300 millones, según los Ejecutivos regionales), la factura que España ha tenido que pagar por la enfermedad de las vacas locas supera ya los 2.000 millones de euros.

Sorprendentemente, en todo este tiempo de crisis, el censo de reses ha crecido un 2,3% desde 1999. España tenía 6,1 millones de vacas en 1999. En este año, la cifra se acercará a los 6,3 millones, generando 660.000 toneladas de carne de vacuno, según estimaciones de Eurostat.

España, entre los países con más casos

España posee una de las tasas de incidencia (casos en relación con volumen de la cabaña) más elevadas de cuantos países han sufrido la pandemia. Sólo Reino Unido, Irlanda, Portugal y Bélgica superan a nuestro país. Hasta hoy se han registrado 194 casos (2 en 2000, 82 en 2001 y 110 en 2002) con desigual distribución entre las comunidades autónomas: Galicia, Castilla y León, Asturias y Cataluña encabezan el listado. Que la cifra crezca cada año hace pensar al sector productor que estamos todavía lejos de llegar a la cima de la enfermedad. Sobre todo porque el número de reses superiores a 24 meses, edad a partir de la que es obligatorio el test priónico, es todavía alto en España: unos tres millones de animales. En los dos años de existencia de la EEB en España se han realizado 458.737 test priónicos y otros 4.367 análisis en laboratorios de referencia.