¿Se puede lograr una especialización inteligente?

¿Se puede lograr una especialización inteligente?

Los sistemas autonómicos de innovación solo serán eficaces si suman la experiencia de empresa y mercado

El objetivo de cualquier política de fomento de la innovación es conseguir que más empresas sean innovadoras, y que las que ya lo son, aborden innovaciones generadoras de mayor valor añadido. Una empresa innovadora ve a la innovación como una más de sus operaciones por lo que, en pura lógica empresarial, las empresas que no son innovadoras consideran que no les compensa asumir el riesgo inherente a toda innovación. Por esta razón, solo serán eficaces las políticas de innovación cuando sean capaces de reducir, hasta un nivel que la empresa lo considera asumible, el riesgo tecnológico, comercial, organizativo o financiero que debe abordar la empresa cuando innova.

Dos son los caminos por los que normalmente discurren las políticas de fomento de la innovación. Uno, de aplicación general, es la ayuda financiera, que debe ser suficientemente importante para hacer asumible el riesgo a una empresa que siente aversión a la innovación. La manera más segura de desperdiciar dinero público es diseñar políticas financieras de innovación con escasos recursos.

El segundo camino es facilitar el acceso a las tecnologías necesarias para desarrollar las innovaciones. Si ya existen fuentes de tecnología adecuada, este camino será menos costoso, pero sólo reducirá el riesgo tecnológico, quedando intactos los comerciales, organizativos y financieros.

La elevada cuantía de una ayuda individual que garantice la eficacia de una política de innovación exige prudencia a la hora de ponerla en marcha. La cercanía de las administraciones autonómicas debería asegurar un buen conocimiento de su tejido productivo y ser una garantía de calidad de sus decisiones. Y es asumible que una especialización sectorial o geográfica aumentaría la eficiencia de estas políticas, al facilitar el seguimiento y control de su aplicación.

Tradicionalmente, han sido las administraciones las que han elegido el campo de especialización de las políticas, pero los estudios empíricos han demostrado con frecuencia que las elecciones no han sido las adecuadas. Una solución que han propuesto estudiosos académicos es una nueva forma de especialización que han calificado de “inteligente”. Su tesis es que en una región existe “conocimiento emprendedor”, que implica mucho más que conocimiento sobre ciencia y técnica, porque añade la experiencia del mercado. De acuerdo con todo esto, la propuesta es seleccionar los campos de especialización a través de lo que denominan “un proceso de descubrimiento emprendedor”. Obviamente, este proceso exige la implicación de todo el sistema regional de innovación, pero debe basarse en las voluntades empresariales, aunque tenga que ser iniciado por las administraciones y asistido por el colectivo científico y tecnológico de la región.

Conceptualmente es posible imaginar una consulta al tejido empresarial que determine los campos de negocio o tecnológicos en los que la región tiene más probabilidades de sobresalir en los mercados que le son accesibles. Sin embargo afloran muchas dificultades de orden práctico a los que deberá hacer frente cualquier administración que opte por este camino.

Quizá la primera dificultad vendrá del hecho de que un empresario que presenta un “descubrimiento” con potencial impacto en toda la región estará más propenso a defenderlo en base a las competencias y oportunidades de su empresa que confiando en la colaboración de varios actores. En segundo lugar, el empresario probablemente sólo será capaz de capturar una parte muy limitada del valor social de su futura inversión, porque otros empresarios se moverán rápidamente para aprovechar el campo que ha descubierto. Además, el empresario imaginativo seguramente no tendrá capacidad suficiente (técnica, financiera o comercial) para aprovechar el mercado que se abra con su idea. Conseguir la colaboración de estos empresarios visionarios y otros actores clave tendrá que ser el primer empeño de la administración. Existe, por lo tanto, un grave problema de incentivos y la necesidad de una exquisita labor de orquestación que debe ser abordada por las administraciones.

Desde los poderes públicos se puede apoyar y estimular el “proceso de descubrimiento emprendedor” desarrollando los análisis de las competencias regionales y lanzando métodos participativos de prospectiva en los que los empresarios son protagonistas en el desarrollo de la inteligencia para identificar las áreas para las posibles acciones conjuntas. Existen ya herramientas que permiten implicar a los empresarios en ejercicios de prospectiva, por ejemplo: mapas de tecnología exploratoria, ‘scouting’ tecnológica, plataformas online, talleres de escenarios y hojas de ruta, entre muchas otras.

Elegido un determinado campo de negocio, habrá que lanzar el proyecto capaz de generar o absorber la tecnología necesaria y convertirla en los productos y servicios que harán realidad el negocio deseado. Una solución frecuentemente adoptada es la de proyectos colaborativos. Pero esto no será eficaz sin establecer unas reglas de juego que sean aceptadas por todas las partes interesadas y, sobre todo, sin acordar un liderazgo que guie el proyecto, que será largo en el tiempo y exigente en esfuerzo. Parece lógico que estas condiciones deberán nacer espontáneamente del colectivo empresarial interesado, con un mínimo apoyo de la Administración, si se desea un proceso lo más eficiente posible.

Debe tenerse bien presente que este proceso de “descubrimiento emprendedor” no pretende generar solo tecnología sino llegar a una innovación con un impacto en el mercado. Quiénes y cómo se repartirán estos éxitos es sin duda otro de los escollos que inevitablemente deberá ser salvado, cuando se definan las ya citadas reglas de juego.

La especialización inteligente obliga a las administraciones a optar por un papel diferente al que vienen tomando cuando han implementado políticas de fomento a la I+D empresarial, que es siempre menos exigente en recursos y que termina cuando las empresas han aplicado a esta actividad los fondos públicos asignados. En esta nueva forma de política de innovación, se debe conseguir orquestar el afloramiento de nuevas ideas de negocio y lograr que se establezcan reglas de colaboración, que beneficien a todos o a la mayoría de las empresas que se impliquen en estas iniciativas.

Juan Mulet es miembro del IFI Innovation Council. Totti Könnölä es CEO de Insight Foresight Institute (IFI). 

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