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China afianza su camino a la Luna y amenaza a SpaceX: el Long March-10 es un éxito

La última prueba realizada por el país asiático se ha completado sin problemas y esto la sitúa en una excelente posición en la carrera por llegar al satélite.

Long March-10 de ChinaLing Xin

China ha completado con éxito una prueba de vuelo a baja altitud del Long March-10 en Wenchang (Hainan) que, además de ensayar el ascenso del núcleo de primera etapa, puso a prueba el aborto en condiciones de máxima presión dinámica (Max‑Q) de la nueva nave tripulada Mengzhou y culminó con la recuperación marítima tanto de la cápsula de retorno como del propio cuerpo de la primera etapa. Este es, sin duda, un ensayo clave que acerca al país a su objetivo de lograr un alunizaje tripulado antes de 2030.

Un éxito que amenaza a SpaceX

A las 11:00 (hora de Pekín), el núcleo de primera etapa del cohete despegó desde el nuevo complejo de lanzamiento de Wenchang, alcanzó el entorno de Max‑Q y emitió la orden de aborto. La Mengzhou ejecutó entonces la secuencia prevista: separación del módulo de servicio y la cápsula de retorno, encendido de motores, ajuste de actitud y separación de la torre de escape integrada, una arquitectura distinta a la de Shenzhou -donde el sistema de escape reposa en el cohete- y concebida para gestionar emergencias directamente desde la nave.

Tras aproximadamente un minuto de ascenso, en torno a los 10 kilómetros de altitud, el sistema inició las maniobras críticas del aborto; los ingenieros explican que la simulación se diseñó para el entorno más exigente, cuando la aeronave se acerca a Max‑Q, alrededor de los 11 kilómetros, con cargas aerodinámicas máximas sobre el vehículo.

Durante el descenso, la cápsula de retorno desplegó tres paracaídas con una superficie total superior a 2.400 m², reduciendo la velocidad de unos 80 m/s a menos de 10 m/s antes del amerizaje en la zona designada. A las 12:20, los equipos de búsqueda y rescate completaron la recuperación en el mar, la primera operación de este tipo para una cápsula tripulada china.

Buen camino en el objetivo de China

El ensayo dejó buenas perspectivas para el programa lunar tripulado: primer vuelo a baja altitud del Long March-10 en configuración prototipo, primer aborto de una nave china bajo máxima presión dinámica y primera recuperación marítima simultánea de una cápsula tripulada y de la primera etapa del cohete.

Más allá del aborto, el equipo técnico aprovechó para verificar tecnologías de reutilización en el núcleo al más puro estilo de SpaceX: reinicio de motor en alta altitud para ajustar trayectoria y un encendido en modo estacionario (hover ignition) antes del amerizaje, fundamentos para la recuperación precisa y futura reutilización parcial de elementos. Este enfoque se complementó con una simulación de recuperación con red próxima a un buque, concebida para afinar la coordinación entre el vehículo y el sistema de recuperación.

Despegue de Long March-10 desarrollado por China

El Long March-10 se perfila como el vector central de las misiones lunares tripuladas de China. En su variante para la Luna, adopta una arquitectura de tres escalones y medio, con una altura cercana a los 90 metros y un empuje al despegue en torno a 2.700 toneladas, cifras que lo sitúan como el lanzador más potente del país y el único de su flota capaz de enviar, en un mismo perfil de misión, una nave tripulada y un módulo de alunizaje a órbita translunar.

El ensayo se suma a hitos previos del programa: pruebas de ignición cautiva del propio Long March‑10, el aborto a cero altitud de la Mengzhou y los ensayos integrados de alunizaje y despegue del módulo Lanyue. La hoja de ruta mantiene el horizonte de un alunizaje tripulado antes de 2030, con vuelos de validación de sistemas a lo largo de esta segunda mitad de la década.

Avances que lideran la carrera

Hay que destacar que el componente de recuperación en el mar aporta experiencia logística -entrenamiento de tripulaciones, despliegue de medios, estabilización y izado de la cápsula-, y prepara al programa para operaciones de retorno lejanas a tierra y para eventuales primeras etapas recuperables en variantes como la Long March‑10A, enfocada a órbita baja y concebida con elementos reutilizables.

Lo ocurrido en Hainan ha servido de validación operativa de extremo a extremo: ascenso inicial del Long March‑10, aborto bajo carga máxima, descenso y amerizaje controlado, y recuperación coordinada de hardware en el océano. Todo ello ejecutado desde el nuevo complejo de Wenchang, pieza clave para una cadencia de pruebas que debería sostener la rampa hacia la meta lunar de final de década. En definitiva, China va por buen camino en sus objetivos de conquista del espacio.

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