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La Lupa
Opinión

Marruecos, taller y huerta barata de España difícil de tocar

Grandes compañías españolas del automóvil, la confección o el sector agroalimentario tienen allí plantas de suministro y producción

Puerto Tánger Med en Marruecos.PACO PUENTES

La invasión de Ceuta por unas 80.000 personas, mayoritariamente marroquíes, ha generado una crisis social en la ciudad y política en todo el país, cuyo alcance está aún por delimitar. Lo más llamativo de esta crisis es el interés del Gobierno de España en exculpar al Ejecutivo de Marruecos de cualquier participación, por acción u omisión, en una movilización tan masiva y concentrada, algo que choca con el sentido común y que empieza a ser desmentido en informes policiales españoles. Si se admitiera la participación del Gobierno marroquí, el español se vería obligado a tomar medidas de represalia contra el país vecino. El problema está en que la interconexión de los dos países es tan grande que es difícil apretar las tuercas a Marruecos sin hacerse daño a sí mismo.

El lector ha tenido la oportunidad este verano de encontrar análisis políticos que cuestionan el alineamiento internacional de España, a la vez que elogian las habilidades diplomáticas de Marruecos, que se ha convertido en socio principal de Estados Unidos e Israel, dos de las pocas grandes potencias bélicas que no solo amenazan con su arsenal militar, sino que lo usan diariamente en frentes diversos. Sin embargo, se pone poco el foco en la interrelación comercial de España y Marruecos, especialmente en las empresas protagonistas de esos intercambios.

La compraventa de productos entre los dos países ascendió a 22.750 millones de euros el año pasado, con una balanza favorable a España, que vende 1.910 millones más de lo que compra. Sin embargo, estas cifras, que colocan a este país como el principal socio comercial, esconden una interconexión empresarial entre los dos países que es mucho más profunda y que es una de las razones que invitan a ser cuidadosos con las posibles medidas que se puedan adoptar, ya que las represalias contra Marruecos pueden recaer directamente en empresas españolas.

El Gobierno del país vecino asegura que hay 17.000 empresas españolas operando en él, de las que más de 350 cuentan con operaciones permanentes (fábricas, plantaciones, etc.) en sectores muy diversos, según el ICEX. Estas compañías producen allí y su principal cliente es la empresa matriz en España, que luego distribuye el producto por sus diferentes mercados del mundo. Los bajos costes laborales y la cercanía hacen de Marruecos un país ideal para grandes y medianas empresas españolas, de manera que, si ahora se tomaran represalias comerciales contra este país, estaríamos dándonos un tiro en el pie.

Marruecos se ha convertido en gran medida en taller de confección y de piezas de automóvil para empresas españolas, así como en la huerta de algunas de las grandes empresas agroalimentarias españolas. Proximidad y bajos costes laborales lo hacen imbatible. El coste real de una hora de trabajo en España está en 26,4 euros, que es más de cinco veces lo que cuesta en Marruecos. Si se mide con el SMI, en España es de 1.424,5 euros, frente a 297 euros en el país vecino.

Marruecos es un país importante para Inditex, ya que es uno de sus 10 clústeres claves de suministro, relevancia que aumentó tras la pandemia, cuando la compañía decidió acercar la producción. Para “garantizar una respuesta ágil y eficaz a la demanda, una parte significativa de nuestras prendas se fabrica en mercados de proximidad como España, Portugal, Marruecos y Turquía”, señala en su informe anual de 2025. El gigante mundial de la confección cuenta con 447 fábricas que le suministran desde África, la inmensa mayoría en Marruecos, y que son propiedad de terceros. Otras empresas españolas relevantes de este sector, como El Corte Inglés o Tendam (Cortefiel, Springfield o Women’Secret), también tienen a este país como uno de sus talleres.

En el sector del automóvil, las grandes empresas españolas productoras de piezas de automoción se han instalado asimismo allí en gran medida, acompañando a dos de los grandes constructores de autos, como son Renault y Stellantis. Las empresas burgalesas Antolín y Gestamp cuentan con fábricas en Kénitra y Tánger, y CIE Automotive y Ficosa también son suministradores de piezas de los dos grandes fabricantes. El automóvil es el principal sector exportador de Marruecos, con polos industriales en Tánger y Casablanca, donde se produce y ensambla la gama baja de Renault, y en Kénitra, ciudad costera próxima a Rabat, donde están los centros de Stellantis que producen vehículos pequeños de las marcas Peugeot, Opel, Citroën y Fiat. El Dacia Sandero, del Grupo Renault, es la gran estrella. Este modelo es, precisamente, el coche más vendido en España desde 2022 y antes ocupó posiciones altas, y todas las unidades salen de las dos plantas marroquíes. En 2025 se vendieron 38.548 Dacia Sandero en España y en los ocho primeros meses de este año sigue conservando el trono, con 23.769 unidades, por delante del Seat Ibiza, de fabricación local, del que se han vendido 4.000 unidades menos.

Pero hay otros sectores, como la agricultura y la pesca, donde la presencia española es más silenciosa, pero muy importante. Marruecos cuenta con 8,7 millones de hectáreas para uso agrícola, que equivalen al 12,5% del territorio, de las que el 21% son de regadío, la mitad con instalaciones de goteo. Es un sector esencial para el empleo, en un país con una tasa de paro del 13%. Sin embargo, la estructura de las explotaciones (muy pequeñas), la baja formación de la mano de obra rural, la mala comercialización, la escasez de financiación, y la intervención de los precios, entre otros factores, hacen que su rendimiento sea entre un 30% y un 70% inferior a su potencial, según señala el ICEX en su informe país.

En Marruecos están instaladas empresas muy conocidas en España, como Ebro Foods, que cuenta con la mayor fábrica de arroz del país, con una capacidad de 50.000 toneladas al año, o el Grupo Borges, que tiene una participación en uno de los mayores envasadores de aceituna de mesa. Pero hay muchas pymes españolas andaluzas y levantinas operando en el sector agrícola. Un ejemplo es la almeriense Agroatlas, que ha saltado de El Ejido a Agadir, donde cuenta con plantaciones que suman 1.000 hectáreas que surten de verduras a Mercadona o Tesco (Reino Unido). Otro tanto sucede con las murcianas Alicomar, Agrícola Perichán o Agrucapers. Estas compañías han arrastrado a otras empresas españolas expertas en la infraestructura de los cultivos bajo plástico (Criado y López), en frutas y verduras ultracongeladas y logística del frío (Frigodar) o en semillas (Semillas Fitó).

La interconexión económica, además del control de la inmigración o la colaboración en la lucha contra el terrorismo, es una poderosa razón por la que todos los gobiernos de PSOE y PP han contemporizado con Marruecos, aunque Pedro Sánchez ha llegado a un nivel que resulta incomprensible.

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