Ir al contenido
_
_
_
_
Para pensar
Opinión

La electricidad no se almacena, solo se transforma

El apagón demuestra que las autoridades no respetan el equilibrio necesario entre renovables y capacidad de acumulación del sistema

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, el 22 de julio en Madrid.Eduardo Parra (Europa Press)

La mayor restricción que la física impone a la gestión del sistema eléctrico es el carácter no almacenable de la electricidad. Ello obliga a que cada minuto, de cada hora, de todos los días del año, la cantidad producida haya de ser igual a la consumida, y en las condiciones técnicas que demanda su correcto transporte y distribución. Lograrlo es tarea del Centro de Control de Operaciones de Red Eléctrica, un gran sistema informático que controla la complejidad que encierra conseguir ese equilibrio permanente que garantice el suministro eléctrico, maximizando el rendimiento de las centrales de generación, cuya producción debe subordinarse, subiendo o bajando, a las necesidades instantáneas de un mercado fluctuante.

Pues bien, las nuevas renovables, eólica y fotovoltaica, por su propio carácter de generación intermitente –dependen del viento y del sol–, hacen imposible que ese control de ajuste permanente a la demanda se pueda cuadrar segundo a segundo. Cuando hay mucho viento o sol —o ambos—, generan mucho más de lo que se demanda y, en cambio, cuando escasean, dejan de producir, lo que significa que hay momentos en los que se desperdicia mucha electricidad renovable (los vertidos, que en 2025 superaron los 5.500 GWh en España), bajando los precios hasta cero o negativo y, en otros, habría apagones sin el complemento de generación que ofrecen las centrales nucleares o de gas. Con ello, además, se introduce un elevado grado de incertidumbre sobre su capacidad de producción rentable, lo que la convierte en una incierta rueda de la fortuna para los inversores.

Ambos factores –rentabilidad de las inversiones y garantía de suministro– hacen imprescindible, junto a la introducción masiva de nuevas renovables, abordar el problema de su almacenamiento de tal manera que se amortigüe esa intermitencia intrínseca: cuando hay más producción que demanda, se almacena, para cuando ocurra al revés. Y hacerlo teniendo en cuenta que aporte estabilidad, firmeza y control de tensión.

La capacidad de almacenamiento debe guardar, pues, una cierta relación con la cantidad de renovables desplegadas en el país, a riesgo de que un fuerte desequilibrio amenace la estabilidad de suministro. El apagón fue una clara demostración de lo peligroso que ha resultado que nuestras autoridades no hayan respetado, entre otros, ese equilibrio. De hecho, según un informe de PwC de junio de este año, España dispone solo de un 5% de almacenamiento respecto a su parque renovable, frente, por ejemplo, a un 35% en California o el 18% en Reino Unido. Con estas cifras, que rozan la irresponsabilidad, estamos lejos de cumplir, incluso, los objetivos marcados en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que prevé 22,5 GW de almacenamiento para 2030.

El almacenamiento es, pues, una pieza estratégica de todo sistema eléctrico, sobre todo de uno en plena revolución hacia un dominio renovable de generación que quiera respetar la rentabilidad de las inversiones y, sobre todo, seguir garantizando el suministro. ¿Y cómo puede hacerse esto si la electricidad no se puede guardar? Hay que transformarla en energía química (baterías de litio), energía potencial (embalses de agua para bombear y generar electricidad hidroeléctrica) o energía térmica (calor). Si el almacenamiento es imprescindible cuando más de la mitad de tu generación eléctrica es renovable, solo se puede hacer, hoy, apostando por una de estas tres transformaciones, o por las tres.

¿Qué han hecho las autoridades españolas ante este asunto? El apagón enseñó las vergüenzas de una política eléctrica impuesta desde el dogmatismo ignorante de las leyes de la física. Y si tuvimos que recurrir con urgencia al sistema reforzado para recuperar el tiempo perdido, también en almacenamiento corremos el riesgo de algo similar. Como la capacidad instalada de almacenamiento mediante bombeo hidráulico es hoy abrumadoramente mayoritaria en España, las autoridades han apostado por lo más rápido: facilitar al máximo, reduciendo permisos y trabas, el almacenamiento en baterías de litio, aunque sus prestaciones —en términos de captura de vertidos renovables, horas de duración, reciclaje, inercia aportada a la red y a los servicios de reposición del sistema— lo hagan claramente una opción técnica menos robusta.

Esta apuesta por lo fácil frente a lo necesario está provocando una loca carrera inversora de empresas, bancos y fondos, que dispara los proyectos de baterías un 500% y corre un serio riesgo de generar, como en la fotovoltaica cuando las primas o en los permisos de enganche a la red, otra burbuja especulativa que, en lugar de salvar, se añada a la actual de renovables, como prueban los datos: según el sector, tenemos 100 MW de baterías operativas, más de 11.500 MW con permiso de acceso concedido y otros 14.000 MW en tramitación. No parece, pues, que haya demasiadas trabas burocráticas para unas baterías que cuentan con acceso a la subvención como mecanismo de capacidad, sino una improvisación continuada en el ministerio y la ausencia de un contrapeso técnico desde REE. A título de contraste, Red Eléctrica acaba de obtener, en exclusiva y de forma excepcional, la adjudicación de una central de bombeo en Tenerife, que se suma a la que ya está construyendo en Gran Canaria.

La celeridad con que la actual vicepresidenta está teniendo que enmendar las malas decisiones de su antecesora la lleva a cometer errores. En el asunto clave del almacenamiento todavía estamos a tiempo de corregir, apostando, desde el Gobierno, por la neutralidad tecnológica entre los tres sistemas existentes, y, dado que la capacidad actual del bombeo es insuficiente y debe, por tanto, incrementarse, poniendo todos sus esfuerzos en simplificar y acelerar trámites y obstáculos para la puesta en marcha de los tres. Sin olvidar un asunto no menor, relacionado con la autonomía estratégica: hoy, el almacenamiento por baterías de litio incrementa nuestra dependencia estratégica de China frente al bombeo y a la térmica.

Mientras tanto, China presenta su nueva batería nuclear basada en carbono-14, que puede generar electricidad durante años, experimenta con el bombeo marítimo y, a la vez, hace una apuesta millonaria por el bombeo hidroeléctrico en casa, donde tiene 218 GW en construcción. Por algo será.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_